También la lluvia

En esta sección de Análisis Internacional, las reseñas de las películas suelen ser breves. Someras invitaciones a ver un film que, fielmente o no, muestra algún aspecto del panorama internacional. Pero, en este caso, resultaba interesante ir un poco más allá.

Título: También la lluvia. Año: 2010 (España). Director: Icíar Bollaín. Reparto: Luis Tosar, Gael García Bernal, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri.

Resumir la gestión del agua en España no es nada fácil. Aunque podemos dar algunos brochazos, existe información detallada para todo aquel que la quiera consultar. Según la normativa española referente al agua, la titularidad de este recurso es pública. Pero lo que se denomina “ciclo integral del agua” es otra cosa: captación, almacenamiento, extracción de aguas subterráneas, desalación, transporte, potabilización, abastecimiento para consumo, alcantarillado, depuración, reutilización y vertido de aguas residuales son procesos cuya propiedad pertenece a su gestor. Y es aquí donde encontramos toda una amalgama de agentes públicos y privados que ofrecen estos servicios haciendo fluctuar la factura que pagamos: lo llamaremos “mercado del agua”.

Del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino  depende la Dirección General del Agua que, entre otras cosas, se encarga de elaborar el famoso Plan Hidrológico Nacional. Y de la Dirección General, las Confederaciones Hidrográficas de las cuencas intercomunitarias, ya que las intracomunitarias dependen de entidades administrativas similares creadas por las Comunidades Autónomas: a los organismos de cuenca (Confederaciones) compete, por ejemplo, la elaboración del Plan Hidrológico de cuenca u otorgar concesiones referentes al dominio público del agua (como las solicitadas por las Comunidades de Regantes, que se ocupan de aprovechar el agua para uso agrario). Para financiarse, pueden recurrir al establecimiento de cánones sobre el aprovechamiento de este recurso que, en última instancia, repercuten en los ciudadanos: no hay más que ver la polémica que ha suscitado la subida del canon de la Agencia Catalana del Agua promovido por Convergència i Unió.

Se podría decir que lo que más nos afecta a los consumidores urbanos son las decisiones de nuestros ayuntamientos. Aunque existen diversas leyes autonómicas que regulan lo que nos cuesta el agua, son los municipios los que tienen otorgadas las competencias en materia de potabilización, abastecimiento, alcantarillado y, salvo excepciones, depuración del agua que circula por las cloacas: son nuestros alcaldes los que deciden a qué empresa pública, privada o mixta conceden estas tareas. Según datos recogidos por la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento en su XI Encuesta de Suministro de Agua Potable y Saneamiento en España (2010), las empresas privadas y mixtas copan casi el 50% del mercado generado por los servicios de potabilización y abastecimiento en España.

Entre las empresas privadas destaca, sin duda, Aguas de Barcelona (AGBAR), presente en más de 1.300 municipios de toda España y en países como China o Chile. La joya de la corona de las empresas públicas es el Canal de Isabel II. Gestiona 14 embalses, entre ellos El Atazar (el más grande de Madrid), 81 instalaciones de captación de aguas subterráneas, 12 estaciones de tratamiento, una red de distribución de 14.442 kilómetros, más de 5.000 kilómetros de alcantarillado, 150 depuradoras y programas de reutilización de aguas residuales. Está presente en la práctica totalidad de los municipios de la Comunidad de Madrid y, gracias a las empresas que forman parte del grupo, en municipios españoles (Cáceres, por ejemplo) y de otros países como Venezuela, Colombia o México. Está presidida por el vicepresidente primero y portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid Ignacio González.

En 2008 Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, anunció la privatización del 49% del Canal de Isabel II. Entonces el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, se opuso enérgicamente a la salida a Bolsa de parte del accionariado de la empresa pública, al igual que muchos alcaldes socialistas: de hecho, en las últimas elecciones autonómicas y municipales, han sido los socialistas los que más han clamado contra esta privatización. Ahora Gallardón no sólo se ha tragado el sapo, sino que se ha subido al carro haciéndose con una parte del accionariado de la nueva empresa, cediendo al Canal las infraestructuras del servicio de reutilización de aguas depuradas durante los próximos 50 años e intentando colocar en el mercado parte del paquete accionarial recién adquirido. Ya hay interesados.

No son pocos los que están en contra de la privatización del Canal. Generalmente son procesos a varias bandas en los que no se sabe bien quién sale ganando. En Berlín ocurrió un episodio similar al del Canal en 1999 con la privatización del 49,9% de la empresa pública de servicios de aguas Belin Water Works: el pasado febrero el movimiento social opuesto a la privatización Berliner Wassertisch consiguió la celebración de un referéndum por el que los berlineses votaron la publicación de las condiciones contractuales entre el Gobierno de la ciudad y las empresas privadas Veolia y RWE. En enero de 2010 París remunicipalizó 25 años después el servicio de distribución del agua a través de la empresa pública Eau de Paris y en detrimento de las empresas privadas Veolia y Suez: el alcalde de París, Bertrand Delanoë, abrió en 2007 la caja de los truenos al denunciar que dichas empresas no invertían los beneficios en la mejora de las infraestructuras de distribución. El último ejemplo europeo lo hemos visto recientemente en Italia: los italianos votaron “no” a la privatización de sus servicios hídricos.

Si en España la titularidad del recurso pertenece a la Administración pública, quien concede condicionalmente su aprovechamiento a la empresa pública o privada que lo solicite, en algunos países (los menos) no son sólo los servicios, sino el propio recurso, el agua, el que está en manos de empresas privadas: tal es el caso de Inglaterra o Chile. Pero en el resto de Latinoamérica, tras la ola privatizadora de los 80 y 90 impulsada con el beneplácito de los organismos económicos internacionales (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, etc.), que interpretaban la privatización de los servicios (telefonía, agua, sanidad, etc.) como la mejor forma de desarrollo, parece que el agua y los servicios relativos a este recurso se han convertido con el paso de los años en una cuestión más en línea con la declaración de la ONU de 2010: el acceso al agua es un derecho fundamental.

El caso más llamativo del cambio de mentalidad ocurrió en Bolivia. En 1999 se aprobó en Cochabamba una ley que privatizaba los servicios de agua potable y alcantarillado. De la noche a la mañana, los habitantes de la ciudad vieron cómo la tarifa del agua aumentaba un 300% y les obligaba a destinar el 20% de sus salarios a pagar la factura. La concesionaria era la empresa Aguas del Tunari, subsidiaria de las compañías Betel (Estados Unidos) y Abengoa (España). Uno de los líderes de las protestas ciudadanas fue Óscar Olivera: en este menudo trabajador está inspirado el personaje protagonista de También la lluvia interpretado por Juan Carlos Aduviri. Como bien recuerda Óscar, la película se llama así porque los habitantes de Cochabamba se vieron obligados a pedir permiso para hacer algo que hasta entonces habían hecho gratis: almacenar el agua de lluvia. Este episodio está magistralmente recogido en una escena de la película. El resultado de las fuertes luchas ciudadanas en el año 2000, conocidas como la “guerra del agua”, fue que Aguas del Tunari hubo de marcharse, no sin antes demandar al Estado boliviano por 25 millones de dólares.

En esta sección de Análisis Internacional, las reseñas de las películas suelen ser breves. Someras invitaciones a ver un film que, fielmente o no, muestra algún aspecto del panorama internacional. Pero, en este caso, a la luz de la nueva fiebre privatizadora que espolea a nuestros políticos, resultaba interesante ir un poco más allá y plantear una pregunta que a muchos nos gustaría que nos hicieran en las urnas: ¿público o privado? Y, por supuesto, hay que ver También la lluvia.

Comentario de Iván Sevilla

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Comments
2 Responses to “También la lluvia”
  1. Software Web dice:

    Fantástico el análisis que haces respecto a la película, de verdad que buena publicación, todo un gusto leerte.

  2. analisisinternacional dice:

    Gracias por tu comentario SW. Ayuda para seguir escibiendo. Un saludo.

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