La Historia, ¿me absolverá?

Luis Miguel Rodríguez Ariza 

Con estas palabras – Condenadme, no importa, la Historia me absolverá- Fidel Castro daba por finalizado su alegato de defensa ante el tribunal que lo juzgaba en la Habana en el mes de septiembre de 1953 como principal inculpado por el asalto al cuartel de Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, y que es el embrión de la posterior revolución cubana de 1959.

Al serle negada por el tribunal la posibilidad de contar con una abogado, Castro, joven abogado de profesión, no tiene más opción que afrontar su propia defensa, la cuál fue publicada con posterioridad bajo el título de La historia me absolverá y que sigue siendo una de las obras más famosas realizadas por el dictador.

Conflicto deudor del tiempo histórico en el que se desarrolló, la evolución y mantenimiento de la revolución cubana no se puede entender sin el marco temporal en el que se inserta, la Guerra Fría. Si al principio de su estallido, según aportan diversas fuentres, carecía el proceso revolucionario de una ideología política que lo arropara, su posterior desviación hacia el comunismo como única salida posible para seguir existiendo, no se explica sin el enfrentamiento a nivel mundial que mantenían los EEUU y la URSS y del que, sin duda, Castro se aferró para afianzar y perpetuar su obra.

El delicado estado de salud de Castro ha saltado a la primera página de todos los medios de comunicación del mundo. Tras años y años de elucubraciones – concretamente 48 – parece que el final de la aventura revolucionaria se acerca, más que nunca, a su fin.

Y digo a su fin porque la historia nos ha mostrado varios ejemplos de cómo edificios tan grandes como el que representa la dictadura cubana se han derrumbado – igualmente hay casos en los que no ha sido así – con la desaparición de su máximo representante. Para mí, la transición de la dictadura del general Franco en nuestro país hacia una democracia parlamentaria es el espejo en el cual se mirará Cuba tras la desaparición de Fidel. Esta presunción es, a la par, tanto un deseo como un hecho razonado.

La revolución cubana de 1959 se ha convertido en uno de los acontecimientos históricos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. Y creo que su importancia radica en el hecho de que su devenir ha venido marcando el imaginario colectivo de varias generaciones, ya sea de políticos, periodistas, intelectuales, estudiantes, artistas, etc. que han visto en ella el escenario perfecto en la batalla de las ideas que ha marcado el siglo pasado, liberalismo frente a comunismo, democracia frente a totalitarismo. En un mundo donde el debate entre ideologías parece superado – aunque Bobbio, entre otros, pensara lo contrario- por el torbellino de la globalización, el régimen cubano nos permite a todos elucubrar sobre la conveniencia o no del modelo político que representa.

Igualmente, la revolución cubana atesora otro polo que hace que mantenga su atractivo tan impoluto como el primer día en que vino al mundo. Sin duda alguna, ese polo de atracción es la figura de Fidel Castro, una personalidad arrolladora que ha concitado sobre sí desde las más altas loas hasta los más profundos reproches. Pero de lo que no hay duda es que tanto Fidel como el Che Guevara funcionan como dos imanes que te atraen sin freno hasta abrasarte y que hacen muy difícil lograr un estudio objetivo de sus obras.

Pero centrándome en el tema que mueve este escrito, creo que sí, por supuesto, que será la Historia con mayúsculas la que se encargue de juzgar a Fidel Castro. Tanto o más de lo que lo harán los ciudadanos cubanos, los que permanecieron en Cuba como los del exilio, así como las generaciones futuras cuando el comandante ya no esté entre nosotros.

Entre los aciertos del régimen cubano figurará su apuesta decidida por extender la educación y la sanidad por toda la isla. En el curso de 1989-90 casi 2 millones de niños y adolescentes cubanos estaban escolarizados y otros 240.000 estudiaban en la universidad y el analfabetismo era del 4 por 100. En la sanidad, de 6.285 médicos en 1958, Cuba alcanzó los 34.000 en 1989 y los hospitales pasaron de 95 a 265. Es necesario señalar que Cuba tenía, en 1958, en ambos campos niveles superiores a todos los de América Latina, exceptuados los de Argentina, Chile y Paraguay. Se puede criticar en contra que, a pesar de tener condiciones materiales para el estudio, los libros a los que tenían acceso los estudiantes cubanos estaban limitados a determinados títulos, pues la censura oficial sólo proporcionaba los textos que creía mejores para las mentes cubanas. Algo, por otro lado, muy recurrente en cualquier dictadura que se precie de serlo.

Entre los fallos del régimen cabe destacar el descalabro sufrido por la economía cubana bajo el mandato de Castro. Al integrarse en el sistema de países socialistas, Cuba pasó a ser el azucarero del bloque comunista. La URSS vendía a la isla un petróleo barato y compraba el azúcar cubano a un precio netamente superior al que tenía en el mercado mundial. Se optó por la especialización en un solo producto, lo que a la larga ha sido un lastre de incalculable valor para la economía cubana. Por otro lado está el despilfarro – según se mire, opinarán algunos – llevado a cabo con la ingente cantidad de dinero vertido sobre Cuba desde la URSS. Sólo de 1960 a1978, la ayuda soviética se cifra en unos 13.000 millones dólares. Habría que tener las cifras totales de estos pagos hasta 1992, cuando se produce el desmembramiento de la URSS. De todos es conocido que tras el colapso del bloque soviético, las ayudas a fondo perdido que provenían de Moscú se redujeron drásticamente y que la realidad se impuso en los intercambios comerciales entre ambas partes. Los rusos comienzan a pedir unas divisas por el petróleo de las que carece por completo el régimen cubano y que tendrá que sacar casi literalmente desde debajo de las piedras. Aún así, Moscú siguió mandando petróleo, aunque no todo el que se pedía desde la isla.

En otro apartado cabe destacar la militarización de la sociedad que se llevó a cabo con Fidel. Las fuerzas armadas se componen de unos 175.000 hombres, además del 1.300.000 que conforma las milicias populares. Todo ello sobre una población de unos 10.000.000 de cubanos. Cifras algo exageradas para alguien que tenía pensado erradicar el ejército en los albores del proceso revolucionario. En este punto se hace igualmente necesario recordar el intervencionismo en otros países de América Latina y África, apoyando movimientos revolucionarios en distintos países, con un coste tanto económico como en vidas humanas.

No quiero terminar sin recordar el recorte, sino desaparición, del conjunto de libertades civiles producido en Cuba bajo el régimen de Fidel Castro. Las detenciones, la violencia, el exilio forzado de los intelectuales o los más duras penas de cárcel; los campos de reclusión y de reeducación para homosexuales y enfermos de sida; el enfrentamiento entre la sociedad, al inducir a todo cubano a espiar a su vecino para denunciar cualquier acto contrarevolucionario.

Así, el declive económico y social que sufre la isla desde 1989 es imparable y ha supuesto un enorme sacrificio para el pueblo cubano que se ha visto obligado a los racionamientos en todos los ámbitos de su vida cotidiana, desde la comida a las medicinas, pasando por los pañales de los niños, la gasolina para viajar, los cortes de electricidad, etc. Un duro golpe que ha traído de nuevo a la isla males que se erradicaron tras la salida de Batista: mendicidad, prostitución, emigración. Hay que estar muy ciego o mirar para otro lado para no percatarse de ello cuando uno ha viajado a Cuba.

Por todo ello confío en que el juicio de la Historia sea severo con Fidel Castro Ruz y, si en un primer momento la revolución que dirigió parecía tener como aliados a la justicia y a la nobleza de ideales, el paso del tiempo (una revolución no puede estar en la brecha 48 años) ha demostrado como en otras muchas ocasiones a lo largo de la historia que las más bellas promesas y los más puros ideales han ido perdiendo el fuelle que los inspiraron y han mutado en la peor de las pesadillas para convertirse en aquello mismo contra lo que nacieron, contra lo que luchaban, contra lo que se erigieron.

 

Un comentario a “La Historia, ¿me absolverá?”

  1. GCO Says:
    Enero 28th, 2007 at 12:03 am

Buen repaso a Fidel, enhorabuena…Ya veremos si la historia lo absuelve.
Hay una cuestión que siempre me ha llamado la atención. En un primer momento, parecía que Fidel no era un miliciano de historial marxista. De hecho siempre se ha dicho que Raúl y el Che eran los autenticos comunistas de esa revolución. Y Cuba no tuvo su primera Constitución socialista hasta pasado unos años desde ese triunfo del 1 de enero de 1959..Quizás Fidel se viera forzado en la lógica de la guerra fria a buscar apoyo en la URSS dado el rechazo de Estados UNidos. Habría sido Cuba un estado oficialmente socialista sin este rechazo norteamericano?

Por otra parte, ya se han cumplido seis meses sin Fidel y algo paree que se mueve en la isla. ¿Ahora las preguntas son: ¿Qué pasará con Cuba sin Fidel? Parece que su hermano Raul no es de la línea más dura. ¿Eso significa una evolución de cuba hacia un modelo parecido al Chino? ¿Alguien tiene alguna hipótesis sobre el nuevo rumbo?

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