Palestina al borde del precipicio

Gonzalo Caretti Oria

Hace poco más de un mes, el Rey Abdallah de Jordania avisaba públicamente de una profunda ruptura en Oriente Medio.Tres guerras civiles, decía el monarca, amenazan la inestable región: La iraquí, la libanesa y la palestina. Todas las dudas que existen sobre una guerra civil en Iraq giran en torno al cuando comenzó. Su realidad es indiscutible, incluso dentro de la propia Casa Blanca. En Líbano, y como consecuencia de la crisis de gobernabilidad producida después de la Guerra del pasado verano, Hezzbollah mantiene un duro envite con el gobierno Libanés. La tensión sigue en aumento pese a que ya no aparece en las primeras planas de los medios, y la posibilidad del triunfo de un golpe de Estado por parte de Hezzbollah sigue presente. Por último, Palestina se encuentra entre éstas dos situaciones. Frente al caso iraquí,  con una guerra civil en curso, y al caso libanés, donde la posibilidad  de guerra civil, pese a todo, es mucho más remota, Palestina se encuentra en el mismo filo de la navaja.¿Existe guerra civil en Palestina?

Para hablar de una guerra Civil es necesario establecer cuál es su concepto. La definición tradicional, que nunca fue del todo consensuada, parece cada vez más difusa. Hoy día los elementos son difíciles de determinar, pero se puede jugar con la flexibilidad de la definición clásica: Un país dividido en, al menos, dos bandos bien diferenciados que luchan por el poder, por razones políticas, religiosas o étnicas. Hay quien habla, incluso, de la necesidad de que uno de los bandos sea un Estado. El requisito de un mínimo de 1000 muertos podríamos descartarlo. Los dos bandos han de estar fuertemente armados, con enfrentamientos  casi diarios donde las víctimas sean fundamentalmente civiles, pero que ninguno de los dos contendientes tendrá la suficiente fuerza para aniquilar fácilmente al otro.

Bajo estas premisas, un análisis de la situación palestina cumple la mayoría pero no todas las condiciones. Los dos bandos, están claramente establecidos: Hamas y Al Fatah serían los dos actores en una posible guerra civil palestina. Ambos buscan el poder, mezclando en sus justificaciones doctrinales política y religión. Los dos están fuertemente armados, y algunas de las estructuras de lo que podríamos llamar un protoestado – Fuerzas de Seguridad- están divididas. Sin embargo, no hay uniformidad territorial en cuanto a los enfrentamientos armados. De momento, éstos enfrentamientos son muy virulentos en Gaza, pero en los territorios de  Cisjordania se reducen, por suerte, a enfrentamientos más esporádicos. Una guerra civil total entre palestinos  implicaría que el escenario de Gaza se trasladara también a Cisjordania.

Los actores que luchan por el poder son dos, claramente diferenciados: El Movimiento Islámico Hamas ( Harakat Al-Muqawama Al-Islamiya, Movimiento de Resistencia Islámica) y el histórico partido nacionalista Al Fatah. Algunos analistas establecen el comienzo de una guerra civil en palestina en enero del 2006, es decir, en el mismo momento en que Hamas ganó las elecciones y en el significado de su triunfo. Pero Hamas es producto de varios factores. De un lado, y fundamental, la crisis de identidad surgida en el mundo árabe tras la caída del bloque soviético. Los movimientos árabes nacionalistas-socialistas fueron los grandes perjudicados de la caída del bloque socialista. Su incapacidad para reciclarse hizo de sus gobiernos un fracaso que pronto supuso una profunda frustración para la población árabe, entre ellas, la palestina. Por las mismas fechas, el triunfo de la Revolución Iraní mostraba un nuevo modelo que incluía las aspiraciones nacionales y los aspectos religiosos más extremistas como seña de identidad. En el mundo sunní, un movimiento cobró especial fuerza por su capacidad para ofrecer alternativas: Los Hermanos Musulmanes, creado por Hassan Al Banna en Egipto en 1928, se mostró como una alternativa diferente para construir una nueva identidad árabe. Su capacidad para idear un Estado que mezcla aspectos sociales con una fundamentalismo religioso atrapó a muchos árabes decepcionados las visiones panarabistas. La rama palestina de los Hermanos Musulmanes pronto evolucionó hacia una entidad independiente. Esta entidad se inició, en un principio como una red social islámica – la Mujama- que atendía a las necesidades más básicas de una población castigada por la lucha con Israel, creando así una creciente base social. Con la primera Intifada  en 1987 se dio el paso decisivo para convertir a ésta organización en algo mucho más grande, con claras pretensiones de acceder al poder. Nació Hamas como movimiento político, social y armado, que aunaba su labor social –que ofrecía educación, sanidad y dinero a los necesitados con el fin de ideologizarlos-, un programa político basado en una mezcla de islamismo rigorista con un toque de nacionalismo, y una rama militar, perfectamente organizada. Hamas nació también como una alternativa a las estructuras creadas en Oslo: Las elecciones legislativas y presidenciales, y las estructuras de la ANP, a las que rechazaban violentamente. Sin embargo, el  movimiento islamista ha evolucionado de un movimiento puramente  alternativo a otro con opciones de gobierno. En los últimos años ha suavizado pocas pero algunas posturas doctrinales, quizás más como táctica que como estrategia: lo demuestran hechos como el presentarse a unas elecciones creadas desde Oslo y que antes rechazaba, o controlar el Parlamento, también creado en Oslo, una de esas instituciones que tan firmemente condenaba en 1987. Ahora, con el poder en las manos, no tiene intención de soltarlo. Pero esto nos debe hacer olvidar cuál es su proyecto para Palestina: Una Palestina independiente, regulada bajo un rigorismo islámico-nacionalista.

El ascenso de Hamas ha sido directamente proporcional al fracaso de Al Fatah. Este movimiento, creado por Arafat, controló el sentir palestino durante años. Pero su corrupción terminó por minar las esperanzas de muchos palestinos. Las políticas israelíes y occidentales que aislaron a Arafat a principios del 2001, unidos al “desgobierno” durante años de los miembros de Al Fatah y las duras condiciones que han sufrido los Territorios Ocupados, especialmente desde 1987, han hecho que el movimiento cayera en desgracia. Sus propios miembros estaban y están divididos y en constante lucha interna por el poder, entre la vieja y la nueva guardia. Esta lucha tuvo su mejor escenificación tras la muerte de Arafat, cuando unos y otros buscaban un sucesor. Al Fatah, el gran movimiento laico y nacionalista, de uno de los territorios más laicos de todo el mundo árabe, es uno de esos ejemplos que muestran la incapacidad para reciclarse de los movimientos panarabistas tras la caída del bloque soviético. Su fracaso y sus luchas internas  supusieron la victoria del proyecto de Hamas.
En occidente, las alarmas saltaron con el triunfo del movimiento islamista. Las reacciones han dado resultados ambiguos desde el punto de vista político, pero claramente contraproducentes para la población palestina. El bloqueo económico a Hamas ha provocado una crisis humanitaria en Gaza, y ha envalentonado a los miembros de Al Fatah , que se lanza a tomar por las armas el poder que las urnas le negaron. Sin embargo, algunos de los recientes sucesos pueden ser moderadamente positivos. Por ejemplo, el discurso de Khaled Meshal el pasado día 10 de enero. Éste personaje es hoy uno de los más relevantes y autorizados líderes dentro del complejo organigrama de Hamas. Figuraba en el pasado como “el número tres” de la organización, tras el Jeque Ahmed Yassim y Abdel Asízz Al Rantisi, ambos muertos. Es el líder del movimiento islamista en el exilio, y máximo responsable de las Brigadas de Izzadin Al Qassam, el brazo armado. Pero también, uno de los mayores representantes del “ala dura”. Los intentos por moderar posturas doctrinales dentro del movimiento, como fue, por ejemplo, el Documento de los Prisioneros, se veían tradicionalmente torpedeadas por sus intervenciones. Pero recientemente, Meshal hizo unas declaraciones significativas: Aceptó, por primera vez a Israel como una “realidad”, aunque no un estado. Fijó, de una manera inusualmente precisa para Hamas, sus demandas de un estado palestino en las fronteras del 67, donde puede existir una realidad llamada “Estado de Israel”, algo negado hasta ahora. Si bien es cierto que discursos parecidos ya había habido antes por parte de Hamas, y que un Estado Palestino en las fronteras del 67 es algo que ya se contemplaba desde hace tiempo en el movimiento islamista, hasta ahora las declaraciones siempre las habían hecho, y de forma más ambigua, portavoces menores a los que hay que tomar con cierto recelo. Y aunque en estos momentos Hamas no se plantee la posibilidad de un reconocimiento de Israel, Meshal no negó una posibilidad futura y un cambio en sus estatutos. Puede ser, en otras palabras, un espaldarazo a la línea seguida en el Acuerdo de los Prisioneros, sin duda un lento pero seguro avance, teniendo en cuenta que el que habla es el máximo representante de la línea más dura del movimiento. Evidentemente, este discurso estaba cargado de ambigüedades, pero era significativamente más preciso y moderado que en otras ocasiones. Incluso, con la prudencia precisa, podríamos compararlo con los prolegómenos que se dieron en Al Fatah antes de la Declaración de Argel de 1988, cuando el movimiento nacionalista reconoció a Israel por primera vez, con la diferencia de que entonces no existían precedentes y ahora sí los hay. Desde Argel hasta Oslo el recorrido es más corto. Hamas no se encuentra en su Declaración de Argel, pero podría ser un principio.
Quizás la razón se encuentre en la coyuntura interna palestina: Las recientes demostraciones de fuerza de Al Fatah han despertado preocupación en Hamas, que puede estar viendo la posibilidad de perder el apoyo ganado en las décadas pasadas, y que ven como las intervenciones internacionales proyectan un apoyo militar y económico a Al Fatah que le puede hacer mucho daño. Pero este apoyo internacional a Al Fatah es un arma de doble filo que puede desembocar en la temida guerra civil. Los recientes llamamientos a la calma de uno y otro lado se hacen con boca pequeña y los acuerdos para un gobierno de Unidad Nacional se quedan en poco más que buenas intenciones, y en el caso de alcanzarlo parece que sería para un corto plazo.
En este contexto, Israel permanece sospechosamente expectante. No es de extrañar, teniendo en cuenta cuál fue su papel en el auge islamista. Durante los tiempos de fuerza de Al Fatah, cuando el nacionalismo árabe encabezaba y unificaba la lucha palestina, Israel barajó la idea de dividir a los palestinos en bandos, utilizando a los incipientes movimientos islamistas. Para ello, ayudó a la Mujama, y boicoteó y cerró las organizaciones sociales de Al Fatah, y permitió que el movimiento islamista creciera. Más de 30 años después, esa política empieza a dar sus frutos y palestina puede encontrarse al borde de una guerra civil.

Desde el punto de vista militar, todo se complica: uno y otro partido juegan con cuatro actores que sus líderes visibles, Mahmud Abbas e Ismael Haniya no pueden o no quieren controlar. De un lado, están las fuerzas de seguridad oficiales de las dos grandes fuertes de poder: La presidencia, dominada por Al Fatah, y el Gobierno, dominado por Hamas. El movimiento islamista creó al poco de llegar al Gobierno una policía especial que depende del Ministerio del Interior y sólo responde a las órdenes del Gobierno de Hamas. Por su parte, la presidencia de la ANP, controlada por Al Fatah, tiene sus propias fuerzas de seguridad. Recientemente el presidente Mahmud Abbas declaró ilegales estas nuevas milicias guebernamentales, a lo que el movimiento respondió incrementando su número hasta alcanzar los 12.000 combatientes. Fuerzas institucionales enfrentadas, a las que se unen,  además, los respectivos brazos armados de uno y otro partido. En ellos, ninguno de los líderes, Abbas o Anilla, tienen suficiente poder para controla éstas milicias. En Hamas, las  Brigadas de Izzadin Al Qassam dependen de las órdenes del líder del exilio en Damasco, un representante de la línea dura, Khaled Meshal. La capacidad de Haniya para frenar –en el supuesto de que quisiera- a éstas milicias es bastante limitada.  En Al Fatah, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa eran incontrolables ya en tiempos de Arafat, y ahora también lo son. 
Estados Unidos adopta una postura que más que ayudar a reducir ésta tensión, la aumenta. Hamas es la fuerza militar más poderosa de los dos bandos. El gobierno norteamericano, para compensar la debilidad militar de Al Fatah, ha concedido a Mahmud Abbas 84 millones de dólares para reforzar las  Fuerzas de Seguridad presidenciales. El pasado 29 de diciembre, 2000 fusiles Kalashnikov, 20.000 cargadores  y 2 millones de balas entraron por Egipto a Gaza – ante la, otra vez, sospechosa pasividad de Israel- destinados a las fuerzas leales a Abbas. De esta manera, los bandos empiezan a tener armamento cada vez más sofisticado y las fuerzas se equilibran, lo que podría llevar a un enfrentamiento más largo.

Estas políticas occidentales, lejos de evitar una guerra civil, empujan hacia ella. Quizás, incluso, de forma deliberada.  La única opción que no se baraja es seguramente la más lógica: El envío de tropas de interposición de la ONU, como se hiciera en Kósovo, que se establezcan sin fecha final y que eviten los estallidos de violencia por parte de palestinos e israelíes. La situación en la zona  ha llegado a un punto de no retorno, donde la espiral de violencia a tres bandas: entre israelíes y palestinos, y entre los propios palestinos. Todo esto hace imposible un alto el fuego e inviable una negociación lógica. Ninguna de las partes parece capacitada, hoy día, para tomar decisiones responsables. Sólo unas fuerzas de interposición pueden poner fin a décadas de violencia y dar paso a un nuevo contexto donde los líderes puedan empezar negociar sobre bases lógicas y justas. Al contrario de lo que  piensa Israel, una guerra civil palestina sólo empeorará el conflicto, por no hablar de las consecuencias que puede tener en toda la región.

 

Un comentario a “Palestina al borde del precipicio”

  1. Luis Says:
    Enero 21st, 2007 at 9:40 pm

Perfecta exposición. Este blog promete. Espero leer más artículos vuestros.

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