África. Causas internas y externas

Iván Sevilla García-Hierro

Ha muerto Kapuscinski. Pero nos han quedado sus trabajos periodísticos y literarios. Y, a caballo entre ambos estilos, “Ébano”, uno de los análisis más certeros que de la África poscolonial se han escrito.

La pregunta tras su lectura es: ¿De quién es la culpa? En un reciente debate con un gran amigo salió el tema africano. Él defendía que la responsabilidad de los problemas que padece África recae sobre los colonizadores. Yo me inclinaba más por un crisol de causas entre las que si bien sí se encuentra el colonialismo sólo lo hace como parte de las causas llamémoslas externas. El carácter limitado del tiempo nos impidió profundizar más y en el tintero se quedaron cuestiones como las multinacionales, a incluir también entre los gérmenes externos, el odio entre religiones, etnias y clanes, que motiva la mayoría de las guerras civiles, y la corrupción de la clase política. Estas dos últimas se englobarían dentro del subconjunto de las causas internas.

Los medios de comunicación destinan el tiempo o el espacio de relleno para hablar de África. La gran noticia negra que podemos encontrar ahora es la guerra en Somalia. Pero hace no mucho era Sudán. Del conflicto que asola Sudán Kapuscinski escribió: “Se trata de la mayor guerra y la más larga de África, y, seguramente, es la más grande del mundo en el momento presente, pero, como se desarrolla en una provincia profunda de nuestro planeta y no constituye amenaza directa para nadie (…), no despierta mayor interés”.

La Constitución sudanesa recoge la pluralidad religiosa del país. Pero, en la práctica, el Gobierno entiende que es el Islam la religión del Estado. De hecho, en 1989 creó la Fuerza de Defensa Popular (FDP), destinada a convertir al Islam todo el territorio. El hecho de que muchos de los integrantes de este ejército paramilitar procedieran del sur (de mayoría cristiana) llevó al Ejecutivo a recelar del ejército y a crear las milicias yanyawid. Compuestas por miembros de diferentes tribus, la eficaz limpieza étnica que ejecutan es bien conocida en la región de Darfur, donde se hacinan los refugiados que rechazan un credo islámico, y en el vecino Chad. No podemos reducir el conflicto sudanés a una guerra entre cristianos del sur y musulmanes del norte: más correcto sería decir que aquellos que se consideran “africanos”, y que profesan diferentes credos, no aceptan ser islamizados. Pero sí hay que recordar que el cristianismo se consolidó como religión oficial de varios reinos sudaneses entre los siglos III y IV y que el Islam empezó a hacerse presente en el siglo VII, afianzándose al final de la Edad Media.

Puede que no tan ancestrales fueran las raíces de la sangrienta guerra de Ruanda. A casi todo el mundo le dicen algo los gentilicios “hutu” y “tutsi”. Hasta un millón de personas, sobre todo de la minoría tutsi, murieron durante la primera mitad de los noventa a manos de un Gobierno dominado por los hutus. Ambas etnias compartían lengua, cultura e historia. Pero los colonizadores belgas se sirvieron de las diferencias entre ambas razas y de la monarquía tutsi para controlar a los ruandeses. El odio que se gestó durante los años de dominación belga derivó en 1959 en una rebelión hutu que acabó con la colonización y permaneció más o menos atenuado hasta el estallido de la cruenta guerra civil en 1990.

Más complicado resultaría explicar la realidad de Kenia, donde conviven desde hace siglos más de 70 grupos étnicos y se hablan unas 50 lenguas diferentes. Y no digamos ya la de Etiopía: según su Constitución, las 70 nacionalidades que conviven en el territorio poseen el derecho incondicional a la autodeterminación, al que se añade el derecho a la secesión. Una de esas nacionalidades es la tigrena, a la que pertenece el Primer Ministro Meles Zenawi, no demasiado amigo de hacer caso a la Constitución. En el Informe Anual 2007 para Etiopía Reporteros Sin Fronteras denuncian la situación de persecución que sufren los “miembros de la oposición, la sociedad civil y la prensa (…) por ‘traición’ y ‘conspiración’ para derrocar al Gobierno”, sobre todo los pertenecientes a la independentista etnia oromo, por parte del Gobierno que controla Zenawi desde el golpe de estado de 1991.

Etiopía y Kenia son dos de los países que hacen frontera con Somalia. La guerra civil que allí se está librando copa el espacio que los medios de comunicación destinan a África. Una coalición de movimientos militares derrocó al dictador Siad Barre en 1991. Ese mismo año comenzó la guerra civil que enfrentaba entre ellos a esos mismos movimientos militares. Desde entonces Somalia es un país sin Estado. Durante 16 años los jefes de cada grupo, conocidos como “señores de la guerra”, controlaron su porción de territorio, dirigiéndola a su antojo. El caos, la inseguridad y el hecho de que casi el 100% de los somalíes se confiese musulmán permitieron que un pequeño grupo, que desde principios de los 90 ofrecía seguridad y justicia en pueblos y barrios, se hiciera con el poder el año pasado: los conocidos como Tribunales Islámicos desterraron a los señores de la guerra y crearon un Gobierno más o menos estable. Pero sólo aguantó seis meses. En diciembre, un contingente etíope amparado por EE. UU. entró en territorio somalí: a la caída de los Tribunales ha seguido la creación de un Gobierno de transición reconocido por la ONU y del que participan antiguos señores de la guerra.

Del horror que vive Somalia podemos culpar a las potencias coloniales. Durante la Conferencia de Berlín (1884-1885) Occidente se repartió con escuadra y cartabón los territorios africanos. Somalia, a principios del siglo XX era expoliada por británicos, franceses, italianos, etíopes e, indirectamente, keniatas. Pero también se puede responsabilizar a los conflictos tribales que Barre fomentara para mantenerse en el poder durante 22 años. Y no podemos olvidar el apoyo de Etiopía a los señores de la guerra con el objetivo de desestabilizar el país: la vecindad entre etíopes y somalíes siempre ha sido tensa, sobre todo tras la guerra por el control del desierto de Orgadén (1964-1987), de población mayoritariamente somalí y bajo control etíope.

Pero Etiopía no es la única nación que ha apoyado a los señores de la guerra. EE. UU., que le ha declarado la “guerra al terror”, ha colaborado con los diferentes grupos armados. El motivo oficial ha sido impedir que suceda en Somalia con los Tribunales Islámicos lo mismo que en Afganistán con los talibanes. La excusa perfecta para irrumpir, junto con Etiopía, en territorio somalí se la ofrecieron los propios Tribunales al radicalizar su gobierno. La prohibición del fútbol y del cine o el acoso a las asociaciones de mujeres acabaron con la popularidad interna del grupo islámico y con la paciencia de los norteamericanos. El motivo oficioso: la situación estratégica del país y su riqueza mineral y energética. Las aguas de Somalia son ruta obligada de los barcos petrolíferos y de mercancías. Y sus tierras están rebosantes de gas natural, bauxita, cobre, estaño, sal, hierro, diamantes y petróleo. El vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheeney, afirmó en un informe de 2001 sobre la política nacional de la energía que África va a ser una de las principales fuentes de petróleo y gas de EE. UU. a corto plazo.

Esta situación de injerencia en el desarrollo de los países africanos con el objetivo de obtener algún beneficio está protagonizada principalmente por las multinacionales. Por ejemplo, en 1995 un informe de la ONU reveló que los países pobres del hemisferio sur, y sobre todo los africanos, pierden cada año 5400 millones de dólares por la apropiación de sus recursos biológicos a manos de las empresas internacionales. La principal baza legal de la que se sirven las empresas son las patentes: recetas y productos milenarios nacidos en África y pasados de padres a hijos mediante tradición oral son patentados por las compañías y vendidos como propios a precio de oro. Sin ir más lejos, la industria farmacéutica obtiene unos beneficios anuales de 30 mil millones de dólares con las plantas procedentes del Tercer Mundo. El 17 de febrero de 2006, el diario londinense The Independent publicó un informe que revelaba el saqueo que las multinacionales hacen en África. Una de las compañías que aparece en el informe es la alemana Bayern. La empresa farmacéutica patentó una bacteria descubierta en el Lago Ruiru de Kenia. La venta del producto derivado de su procesamiento ha generado a Bayern unos beneficios de 218 millones de euros. También se nombra a la canadiense Option Biotech, que se ha hecho de oro gracias a la “Bioviagra”, cuyo origen está en unas semillas procedentes del Congo.

Y del Congo procede el coltan. Cuatro años de guerra sufrieron los congoleños. Unas 200 etnias conviven en el territorio. Los enfrentamientos son ancestrales. Pero a finales de los noventa, su riqueza mineral y la llegada al país de más de un millón y medio de refugiados hutus que huían de Ruanda ayudaron a crispar el ambiente. La guerra civil enfrentaba al entonces Gobierno de Laurent Kabila, apoyado por Angola, Zimbabwe y Namibia, y a rebeldes respaldados por Uganda, Ruanda y Burundi. Para comprender qué es el coltan y su papel decisivo en la guerra hay que recurrir al magnífico reportaje que Ramón Lobo firmó para El País el 2 de septiembre de 2001. De este mineral se extrae el tántalo, presente en misiles balísticos, cohetes espaciales, teléfonos móviles, airbags, microprocesadores, y una larga lista de productos tecnológicos. En Congo se encuentran casi el 80% de las reservas mundiales y, aunque Australia es el primer proveedor legal del mundo, según informes de la ONU durante la guerra la cantidad de coltan congoleño ilegal en el mercado rondaba el 20%. Su escasez provocó que la multinacional Sony retrasara en el 2000 la salida al mercado de la Play Station 2. La ONU vio en el mineral una de las causas principales del conflicto: aunque el precio de mercado del coltan ilegal era más barato, atrayendo a las multinacionales, reportaba pingues beneficios a aquellos que lo controlaban. En concreto a los países que apoyaban a los rebeldes opositores al Gobierno de Kabila. Ruanda, que tenía 25000 soldados apostados en minas congoleñas, ganó 250 millones de dólares en sólo 18 meses con el tráfico de coltan. Lobo afirma en el reportaje: “Tanto Ruanda como Uganda cuentan desde 1997 con el respaldo de Estado Unidos, cuyas empresas lideran el sector de las nuevas tecnologías”.

Semejante volumen de negocio sólo es posible si hay corrupción detrás. Citando una vez más a Lobo, “la ONU señala en su informe a numerosos militares ruandeses y ugandeses de alta graduación como beneficiarios del tráfico ilegal. Algunos de estos generales mantienen relaciones jerárquicas o familiares con los (entonces) presidentes Ioweri Museveni (Uganda) y Paul Kagame (Ruanda)”. La Unión Africana afirma que la corrupción le cuesta al continente el 25% de su PIB. Desde su independencia en 1960, los diferentes gobiernos que han pasado por Nigeria han desviado alrededor de 400.000 millones de dólares obtenidos del petróleo, el equivalente a toda la ayuda occidental a África en 40 años. Sólo Sanni Abacha, dictador que gobernó Nigeria entre 1993 y 1998, desvió unos 2000 millones de dólares de las arcas del Estado.

Mientras que el pueblo se muere de hambre, miles de millones procedentes de los recursos naturales van a parar a las cuentas bancarias de los dirigentes corruptos, a los que salud, educación o estabilidad política importan poco. Y, si no, sólo hay que preguntárselo a Lansana Conté, el septuagenario y hasta hace poco dirigente absoluto de Guinea: diabético y postrado en la cama desde que ganará las controvertidas elecciones del 2003, lo que supuso su tercer mandato, la organización Transparencia Internacional le acusa de conducir el país más corrupto de África.

La respuesta a la pregunta formulada al principio es complicada, así como la solución a los problemas africanos. Varios expertos, entre los que se encontraba el propio Kapuscinski, coincidieron en señalar 2035 como fecha en la que SIDA, sequía, hambre y falta de programas médicos provocarán el HOLOCAUSTO en África. Cuatro plagas sostenidas por una telaraña de causas endógenas y exógenas.

6 Comentarios a “África. Causas internas y externas”

  1. Levi Says:
    Febrero 24th, 2007 at 3:18 am

Personalmente, me han gustado más las internas, ojo, que no digo que las externas no me gusten.

  1. Levi Says:
    Febrero 24th, 2007 at 4:58 am

Acabo de terminar de leermelo. Menuda ida de olla más larga que habeís perpretado tu amigo y tu. Dile a tu amigo que me ha parecido muy majo, pero diselo.

  1. F.B.I. Says:
    Febrero 27th, 2007 at 8:33 pm

Ha muerto Kapuscinski. ¿? Esto me recuerda aalgo… Españoles, Franco ha muerto. Un poco de seriedad!

  1. agradecido Says:
    Marzo 22nd, 2007 at 11:58 pm

¡Ah! querido Levi, creo que tienes el gusto estropeado. A mi me han gustado más las externas, ojo, que no digo que las internas no me gusten.

  1. alejandra Says:
    Junio 6th, 2007 at 5:22 am

me usto mucho esta pagina porque asi puedo sacar mis tareas y documentos necesarios ya que estoy terminando cuarto y me a servido de mucho……….

chao besus………

  1. maria paz luque b Says:
    Febrero 8th, 2008 at 7:18 pm

deberian dar exca informacion por que puede llegar a aburrir leer todo ese fooleto espero que no lo tomen a mal, les agradesco.

Maria Paz Luque B

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