Dependencia energética: una cuestión de seguridad nacional

Luis Miguel Rodríguez Ariza 

El pasado 23 de enero el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, subrayó ante el Congreso de su país, durante el discurso sobre el Estado de la Unión, que la dependencia del país en materia energética les ha convertido “especialmente vulnerables a regímenes hostiles y al terrorismo que puede causar importantes interrupciones en el suministro de petróleo, elevando el precio y dañando la economía”.A pesar de los avisos que llegan de la comunidad científica sobre el efecto invernadero que sufre el planeta  y que cuenta con el plan defendido la semana pasada en nuestro país por Al Gore (vicepresidente de EEUU con G. Clinton) como punta de lanza del movimiento contra las emisiones de CO2, no han sido estas advertencias las que han hecho a G. Bush pedir un esfuerzo a su sociedad para reducir el consumo de gasolina hasta un 20% en los próximos diez años, ni promover para ello la producción de energías renovables y combustible alternativos como el etanol, ni pedir un cambio en la forma en que consumen energía sus turismos y camiones. No. Lo que ha hecho al presidente de la mayor potencia económica del mundo y la que consume más energía – el 25% del petróleo que se produce anualmente-  promover este pequeño, pero llamativo giro, es la confirmación de que existe un problema real de dependencia energética que pone en peligro la seguridad del país.

Lo que hasta hace poco tiempo parecían cantos de sirena provenientes del mundo científico y que no encontraban un destinatario dispuesto a escucharlos, de repente y como por arte de magia, se han hecho un hueco en las agendas políticas de las primeras potencias del mundo. Si hacemos caso al refrán que dice cuando las barbas del Imperio veas recortar, pon las tuyas a remojar, lo mejor sería ponerse a pensar qué es lo que ha llevado al presidente Bush a tomar esta decisión, y lo que es más importante, a hacerla pública. Puede que no le cuadren las cuentas de la lechera que hizo antes de la invasión de Irak y en las que la puesta en el mercado del crudo iraquí haría bajar el precio mundial de esta materia prima y aseguraría el aprovisionamiento estadounidense. Pero como vemos la realidad es otra. Desde el ataque de las Torres Gemelas en 2001, el precio del petróleo ha ido encareciéndose año tras año hasta llegar al 2006, cuando alcanzó los mayores precios de su  historia (sólo comparables a los de la crisis de 1973), y esto, a pesar de los intentos – y también de las presiones – de la OPEP por aumentar una  producción ya de por sí alta, para evitar una recesión económica a escala mundial.

Si se realiza un análisis algo más amplio, vemos que todo está relacionado en esta historia. Vamos por partes. Si comenzamos por EEUU, vemos que su presencia en Oriente Medio ha ido creciendo desde el final de la IIGM. Y esta fijación se debe, principalmente, a que esta zona del mundo atesora aproximadamente el 70% de las reservas de petróleo y gas del mundo, aunque también existan otras razones de tipo geoestratégico. En 1980, con Jimmy Carter como presidente – sí, por cierto, del partido demócrata – se puso en marcha una doctrina que definía el crudo del golfo Pérsico como de “interés vital” para el país  y que debía ser defendido “por cualquier medio necesario, incluida la fuerza militar”. En la práctica, esto suponía la creación de la Rapid Deployment Joint Task Force  (RDJTF en sus siglas en inglés) y una red de instalaciones estadounidenses en la región del golfo. Este proceso se aceleró en 1983 cuando el presidente Reagan transformó la RDJTF en el Comando Central (Centcom), y le otorgó estatus como importante fuerza de combate unificada, a semejanza del Comando Europeo (Eurcom), el Comando del Pacífico (Pacom), el Comando del Sur (Southcom), todas fuerzas militares estadounidenses. Aunque se le asignaron variadas obligaciones, la misión primordial del Centcom es la de proteger el flujo de crudo del golfo Pérsico a Estados Unidos y a sus aliados por todo el mundo.

El alto precio alcanzado por el petróleo ha hecho que varios países hayan alzado su voz en la escena internacional y estén saltándose el guión establecido que marca la geopolítica mundial. Ejemplo de ello son los casos de Hugo Chávez en Venezuela o de Ahmadineyad en Irán. Los desafíos lanzados por ambos dirigentes no se pueden entender fuera de este marco coyuntural de precios elevados del crudo en el que nos encontramos. Irán sabe que tiene un as en la manga en esta partida y lo tiene que utilizar antes de que cambien las cosas, esto es, antes de que la situación en Irak se estabilice y el petróleo procedente de este país haga que el mercado internacional del crudo se normalice un poco. Un ataque estadounidense a Irán provocaría un colapso sin precedentes en el mercado del petróleo, al ser el tercer país con más reservas de crudo. Además, el régimen de los Ayatollahs tiene puestas a lo largo del estrecho de Ormuz baterías de misiles dispuestas a impedir el tráfico de los petroleros que salen hacia el Índico en caso de una acción militar contra su régimen. Irán se sabe fuerte y de ahí, su órdago a la OIEA con su plan nuclear.

Otro ejemplo del especial momento en el vivimos es la soltura con la que Hugo Chávez se permite actuar en la escena internacional. Venezuela duerme bajo un mar de gas y petróleo que, a los precios actuales, permite que el mandatario venezolano se desenvuelva de una manera tan irredenta en el ámbito de la política internacional, y sobre todo regional, sin obtener freno a sus desplantes diplomáticos. De ahí su incisiva política intervencionista en todo el cono sur americano, proporcionando petróleo barato a todo país que atienda a sus “consignas revolucionarias”. Venezuela es el cuarto exportador de crudo a los EEUU. Un cierre del grifo proveniente de este país pondría en serios apuros al gigante estadounidense. El último desafío lanzado por Chávez se produjo el pasado uno de febrero, cuando anunció que a partir del uno de mayo su gobierno tomará el control de los campos petroleros operados en la Faja del Orinoco por empresas de Estados Unidos, Francia, Noruega y Reino Unido en asociación con la estatal PDVSA. Chávez busca dar una nueva vuelta de tuerca en las relaciones que mantiene con estas empresas, dejando claro que “el que no esté de acuerdo tiene derecho a irse”.

En este mismo contexto ha de entenderse, también, la actitud de la Rusia dirigida por Vladimir Putin. La amenaza de cortar el suministro de gas a Ucrania y Bielorrusia el pasado año si no pagaban la materia prima a precios de mercado encendió las alarmas en la UE, consciente de la posición de inferioridad que juega ante las importaciones de gas y petróleo provenientes de Moscú. La economía rusa lleva 4 o 5 años viviendo de los altos precios obtenidos en la exportación de crudo. Así, en este orden de cosas, hay que recordar la operación llevada contra el magnate ruso del petróleo Jodorkovski en 2003 y que acabó con su persona en la cárcel y con la nacionalización de la gigantesca empresa Gazprom. Igualmente, se entiende que Putin se deje querer y considere “interesante” la idea proveniente desde Irán en el sentido de crear una OPEP del gas. Ni que decir tiene que el silencio, sobre todo de la UE, que se cierne sobre la situación de Chechenia se debe, principalmente, a este hecho. También sería bueno preguntarse el porqué de la negativa del gobierno ruso a apoyar sanciones contra Irán por la cuestión nuclear. Rusia provee de material nuclear a Irán y se asegura, igualmente, una fuente de energía y de divisas. 

Y en este juego de ver quién se mueve más rápido, ¿qué esta haciendo China? Pues China se dedica a intentar buscar materias primas por todo el mundo con las que saciar su voraz crecimiento económico. China ha puesto desde hace una década sus ojos en África (al igual que habría que preguntarse por el reciente interés de EEUU en el continente negro) y ya obtiene el 30% de sus importaciones de crudo. Ha establecido acuerdos con la mayor parte de los países productores africanos (Angola, Sudán, Nigeria, Libia, Níger, Zimbaue, etc.). Esta operación de los dirigentes chinos en África ha levantado las suspicacias estadounidenses y europeas, que critican que el régimen comunista esté negociando con muchos de estos países sin preguntar sobre el impacto medioambiental o por las violaciones de los derechos humanos en muchos de estos países. También habría que preguntarse qué es lo que lleva a China a vetar en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier medida que suponga emprender acciones de tipo coercitivo contra Irán.

Mientras, la Unión Europea aparece como un espectador de segunda fila que, a pesar de ser parte de la función, le cuesta ponerse en movimiento. Parece que en el tema de la cuestión nuclear de Irán existe cierto consenso a la hora de apoyar sanciones económicas que frenen el deseo iraní de desarrollar su complejo nuclear. Sin embargo,  la actitud con Rusia es menos beligerante y se tiende a seguir manteniendo unas relaciones de perfil medio-bajo que no levanten las suspicacias de Moscú. Entretanto, la estrategia energética de la Unión Europea – presentada el pasado 10 de enero- para “garantizar la competitividad, la seguridad del suministro y luchar contra el cambio climático” espera a ser debatida por los Jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete en el Consejo Europeo del próximo 9 de marzo.

Como se puede observar, el contexto internacional en materia energética está más que complicado. De ahí el anuncio realizado por los Estados Unidos, que supone la presentación en sociedad de los biocombustibles. Y, aunque la percepción actual es que estos biocarburantes – principalmente el etanol- no podrán sustituir totalmente a los combustibles fósiles, sí existe la creencia de que pueden complementarlos en forma de diferentes mezclas con el fin de reducir la dependencia respecto del petróleo,

Actualmente podemos acudir a una gran cantidad estudios sobre la cantidad de reservas de petróleo que existe en el mundo, entre ellos el que brinda British Petroleum. Una parte de ellos pronostica reservas de ‘oro negro’ para 50 años. La otra, argumenta que esas predicciones son sólo sobre los yacimientos conocidos y que gracias a la tecnología, futuras exploraciones aumentarán esas reservas y, con ello, el consumo de petróleo seguirá asegurado. Sin embargo, los más preocupantes predicen que al ritmo de consumo de 2001, queda en el planeta petróleo para unos 40 años; gas natural para unos 60; uranio para unos 67 años y carbón para unos 232 años. Todo ello, suponiendo que ninguno de estos combustibles tenga que sustituir a los que primero se vayan agotando, siendo el petróleo el que antes se va a agotar y el que mayor peso soporta en el consumo humano actual: el 40% de toda la energía fósil y nuclear que el planeta consume.

Parece que el futuro próximo no se presenta muy halagüeño a la vista de estos datos. El problema más acuciante que señalan muchos científicos es la imposibilidad de producir sistemas de energía alternativos a los combustibles fósiles capaces de producir la energía que el mundo demanda. Y si esto fuera posible gracias a la tecnología y las energías eólica, solar, e incluso la de hidrógeno, consiguieran producir la cantidad de energía que el mundo necesita, habría que reestructurar las tres cuartas partes de la sociedad industrial mundial que hoy consume en forma no eléctrica, lo que supondría poner en marcha una revolución industrial en apenas 30 años.

Viendo como esta el panorama, parece ser que veremos cambios y/o movimientos importantes en la sociedad internacional en un corto período de tiempo para afrontar el reto que se aproxima. La necesidad de energía y la dependencia energética provocada por ello parece que va a obligar a todas las naciones a reconsiderar la forma en que consumen energía y a invertir dinero y esfuerzo en el desarrollo de nuevas formas de energía. Esperemos que este esfuerzo produzca, igualmente, la producción de unas fuentes de energía más limpias que las actuales y que ayuden, aunque sea de rebote, a reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera.

2 Comentarios a “Dependencia energética: una cuestión de seguridad nacional”

  1. Kike Says:
    Febrero 23rd, 2007 at 8:25 pm

Soy escéptico respecto de las energías limpias (hidrógeno, biocombustible). No porque no crea en ellas (de una forma u otra nuestro futuro pasa ahí), sino porque no sé yo hasta qué punto las potencias mundiales están dispuestas a invertir en ellas.

  1. GCO Says:
    Febrero 24th, 2007 at 8:00 pm

Efectivamente, kike. La cuestión no es tanto la viabilidad de las llamadas energías limpias (Brasil, con su experimento del Etanol se ha convertido en un ejemplo exitoso de en este campo) sino de la política energética de los distintos países. Los distintos informes del Departamento de Estado Norteamericano ya lo avisan. EEUU tendrá un serio problema energético y debe adoptar una política al respecto. Lo más inteligente sería empezar a abrir el camino a las nuevas energías, pero a la hora de la verdad, ninguna administración norteamericana se atreve con este experimento. Así que se dedica a seguir aumentando la exportación de crudo que es el material que mantiene la mayor parte de su economía. (Para ampliar los datos del artículo, muy bueno, por cierto, recomiendo si me lo permitís el libro “Sangre y Petróleo” de Michael T Klare) Pero lo más alarmante son los movimientos bélicos que circulan alrededor de todo esto, lo que nos hace pensar que disparates como el de Iraq van a estar a la orden del día de ahora en adelante. Ahora, que la demanda de energía (especialmente la estadounidense) crece de forma desproporcionada a los recursos producción interna, cada vez se refuerza más la doctrina Carter que establece el suministro de petróleo como un cuestión de Seguridad Nacional y todos sabemos hasta donde llegan las administraciones norteamericanas cuando aparece el término “Seguridad Nacional”. Si a esto le unimos que empiezan a surgir potencias emergentes militarmente muy preparadas (como es el caso de China) que también empiezan a tomar la cuestión de la energía como estrategia de seguridad nacional, la pregunta que a uno le surge parece inevitable… ¿Veremos un enfrentamiento a gran escala entre dos potencias militarmente fuertes (como por ejemplo, EEUU y China) por el control de los recursos del Golfo, principalmente? ¿Si se da esta situación se verá el resto del mundo arrastrado en esa guerra por los recursos? ¿No deberíamos en Europa apostar más por esas políticas de energía alternativa, con el fin de conseguir no vernos arrastrados a una guerra que parece más que posible en un futuro lejano aunque no tanto? Quizás EEUU no se atreva a apostar por esas energías, pero cuanto antes empecemos en Europa a apostar por ellas, más terreno tendremos ganado, más independencia económica y política…pienso

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