El futuro está en plantar un árbol en Kenia (o en cualquier otro sitio)

José Carlos Gallardo 

Le acaban de llover dos Óscar por su “Verdad incómoda”. El que fuera vice-presidente de Estados Unidos y quien nos dejó, sin quererlo, a Bush en la Casa Blanca, se pasea ahora en coche híbrido y dice que él es un hombre con una misión.

Al Gore, que ya tiene tics de estrella mediática, ha vuelto a decir, a su paso por este lado del Atlántico, que hay que hacer algo para frenar el cambio climático. También se ha preguntado si seremos recordados como una generación egoísta y autodestructiva que fracasó a la hora de combatir el calentamiento acelerado del planeta…

Pero no es el único -ni mucho menos- que ha dado la voz de alarma. El IPCC, el Grupo de Expertos de la ONU, ha concluido, en su reciente reunión de París, que el aumento de las temperaturas de aquí a finales de siglo nos va a traer -por ejemplo- una desertificación extrema, sobre todo, en las zonas subtropicales. Y eso que sus cálculos sólo hablan de 5 grados centígrados más de media. Los científicos, no esos “expertos”, son menos conservadores y su pesimismo es doble. Estiman que los niveles de CO2 en la atmósfera elevarán las temperaturas no hasta 5, sino hasta 11 grados centígrados!!!

Lo cierto es que, últimamente -ya era hora-, se habla mucho de la falta de concienciación y de la necesidad de afrontar el cambio climático. Y las iniciativas de lucha a nivel mundial, cargadas de buenas intenciones, se están multiplicando. España acaba de presentar un nuevo plan de futuro que apuesta definitivamente -veremos- por las energías renovables. En Kenia, en el olvidado hemisferio sur, también se ha hablado, hace poco, de los desafíos medioambientales a los que se enfrenta este mundo que compartimos todos.

Naciones Unidas -que no suele darnos buenas noticias y que ha alertado de las tormentas, las olas de calor y el aumento del nivel del mar que están por venir -de forma descontrolada- eligió Nairobi para montar allí su cumbre anual sobre cambio climático. Fue donde Achim Steiner, Jefe del Programa de Medio Ambiente de la ONU,habló abiertamente de cómo la globalización, tal y como está planteada hoy en día,tal y como se plantea desde el rico Norte, está agotando los recursos del pobre Sur,una realidad que no pocos países insisten todavía en negar. Es uno de esos círculos viciosos de los que tanto hablamos los periodistas. Es la pescadilla que se muerde la cola, los eslabones de una misma cadena… El hombre, con sus humos y su falta de conciencia medioambiental, está en el origen de todo. Hay pueblos que, en medio de ese desvarío climático, se ven obligados a huir, a desplazarse, a refugiarse… LLega la pobreza, el hambre, las enfermedades… Y surgen los abusos, las violaciones… Desaparecen los Derechos Fundamentales…

Pues bien, a pesar del círculo, de la pescadilla, de la cadena, más bien poco se habló de cambio climático durante el Foro Social Mundial que también tuvo lugar en Kenia, poco antes de la cumbre del clima, a finales de enero. Allí, Happy James, del Observatorio de la Sostenibilidad, apuntó una razón: “Los líderes de los países en desarrollo están más preocupados de mantenerse en el poder, de trabajar en aquello que da más dinero, que del Medio Ambiente y su sostenibilidad, que es la prevención del mañana”. Los de Intermón-OXFAM, durante todas las jornadas del Foro, insistieron, precisamente, en que, por ejemplo, “la agricultura africana tiene muchos retos, como la modernización, pero también el cambio climático”.

Uno de los grandes personajes del Foro, que hizo que todo el mundo abriera mucho más los ojos sobre la realidad africana, fue la que muchos llaman “la mujer árbol”. Wangari Maathai, la Premio Nobel de la Paz que habla con la misma profundidad que reflejan sus ojos claros, habló de que África es muy vulnerable frente al cambio climático y que si África no despierta de una vez y no comienza a explotar sus recursos de forma sostenible, lo va a ser todavía más: “Es muy importante que los africanos entendamos que vivimos en un planeta con recursos limitados y, precisamente, porque son limitados y somos muchos es fundamental explotarlos con responsabilidad”. “Para eso, el sistema que nos gobierne tiene que ser más democrático, que respete la ley, que sea justo, que incluya a todo el mundo. Eso facilitaría, además, la distribución igualitaria de los recursos”. Wangari Maathai hizo alusión a la “Gran Ironía”: “África es un continente rico, pero el pueblo africano es pobre. Y es así porque, a menudo, falta formación e información y ni hay medios ni tecnología para transformar los recursos en mercancías vendibles en el mercado mundial. Así ocurre, tantas veces, que la gente viene a llevarse materias primas esenciales a precios muy bajos”. “Es muy importante para África que despierte, que se preocupe del Medio Ambiente y haga algo”, dijo.  Le dieron el Nobel tras reivindicar que los árboles representan los derechos y que si destruyes un árbol, destruyes tus derechos. Por tanto, para ella, una forma de afrontar el cambio climático es plantando árboles. De paso, según ella, se siembran derechos, se impulsa la democracia.

Los 6.000 grupos -principalmente de mujeres- que Wangari Maathai ha creado en Kenia y que forman parte de su “Movimiento del Cinturón Verde” ya han plantado 30 millones de árboles. Su objetivo es acabar el año con la cifra récord de mil millones. Ella, que nació en esa parte del planeta donde no están los que más contaminan, sí que es una mujer con una misión

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