Polonia: el vecino díscolo de la Unión Europea

Sandra Suárez Berlanga 

Un futuro borrascoso se puede columbrar en el horizonte del viejo continente. Polonia, nuevo miembro de la Unión Europea desde que se hizo efectiva la ampliación a 25 países el 1 de enero de 2004, está agotando la paciencia de Bruselas. El motivo es la contumaz actitud del gobierno de Varsovia que se ha desmarcado de la deriva de la Unión con toda una serie de medidas que atentan contra los principios fundacionales de “respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad y respeto de los derechos humanos” considerados imprescindibles para formar parte del selecto grupo de los 27.

La violación de tales valores primigenios ha hecho saltar las alarmas en el seno de la UE. Y es que desde que en septiembre de 2005, el ultraderechista Lech Kaczynski se alzase con la victoria en las legislativas polacas al frente del PIS, siglas de su partido Ley y Justicia, la anterior apertura ideológica que hizo posible su ingreso en la Unión se ha ido diluyendo entre un mar de oscuras pretensiones.

Tras la controvertida dimisión del primer ministro, el europeísta Casimires Marcinkiewicz, incómodo para los planes del presidente, Kaczynski lo sustituyó por su gemelo, Jaroslaw, de tal modo que el timón del gobierno polaco quedó en manos de los dos hermanos quienes se aliaron en el poder con otros dos partidos minoritarios conservadores, La Liga de las Familias Polacas y Autodefensa.

Pues bien, tanto retrógrado junto no pudo más que planear tretas de similar condición y así a mediados de marzo Polonia aprobó la llamada Ley de Lustración, que obliga a 700.000 polacos a confesar si colaboraron con el régimen comunista que gobernó el país hasta 1989. A los ciudadanos que sean considerados culpables se les podrá prohibir  ejercer su profesión durante un máximo de diez años.

Pero la cosa no se queda ahí, puesto que los aviesos gemelos Kaczynski han auspiciado otro proyecto de ley para arrebatar las pensiones a los veteranos de la II Guerra Mundial, entre ellos, a los que fueran miembros de las Brigadas Internacionales (hoy octogenarios) que combatieron en la Guerra Civil Española a favor de la causa republicana. Según ellos, se trata de “traidores y criminales”.

Asimismo, inmersos en su cruzada para moralizar Polonia, Ley y Justicia ha dado el visto bueno a los preceptos ultrarepresivos de la Liga de las Familias para desarrollar, con el ministro de Educación,  Roman Giertych, a la cabeza, otro proyecto de ley que pretende castigar a todo aquel que promueva la homosexualidad en los centros educativos. Además, aquellos profesores que osen hacer pública su condición de gays podrán ser despedidos o sancionados. Esto no sorprendería tanto si conocemos que el padre del ministro, el eurodiputado Maciej Giertych, difundió un folleto antisemita con el logotipo de Parlamento Europeo en la Cámara comunitaria. La repulsa de los eurodiputados no se hizo esperar y Giertych fue amonestado.

Es decir que mientras que Europa avanza paulatinamente hacia un reconocimiento de los plenos derechos de las minorías, Polonia retrocede hacia tiempos tenebrosos haciendo resurgir reminiscencias de intolerancias beligerantes que provocaron cruentas guerras basadas en la sinrazón de la ignorancia.

Polonia se aleja de Europa y se coloca muy cerca del ala más dura de los neocon de George Bush. De otro modo no se entiende su afán por impedir que se enseñe en las escuelas la teoría de la evolución de Darwin y, lo que da un miedo atroz, que pretenda endurecer más si cabe, su severa ley del aborto. Este texto castiga el aborto con dos años de prisión excepto en los casos de violación, incesto y peligro para la madre o malformación del feto. Pues bien, el tándem de los diabólicos gemelos Kaczynski  pretende extender la prohibición de interrumpir el embarazo a todos los supuestos anteriores. ¿Dónde queda la voz de la mujer? Parece claro que silenciada entre fogones.

Otro de los escándalos del Ejecutivo ultraderechista polaco lo constituyen las declaraciones del presidente pronunciadas el 28 de julio de 2006 en las que abogó por la reinstauración de la pena de muerte en su país y en toda Europa. Kaczynski argumentó en la primera emisora de la radio pública polaca que “los países que abolen esta pena conceden una extraordinaria ventaja al delincuente en detrimento de la víctima: la ventaja de la vida frente a la muerte”.

El fervor nacionalista que sufre Polonia y su fiebre homofóbica está colmando la paciencia de la Unión que ya está harta de los constantes vetos de Varsovia. Desde el pasado mes noviembre de 2006, el Gobierno polaco impide el inicio de las negociaciones para renovar el acuerdo comercial con Rusia, el socio exterior más importante y del que la UE depende completamente para el suministro de gas y petróleo. Bruselas intenta pasar de puntillas ante este elocuente fracaso de la pretensión de la UE de “hablar con una voz única” en las relaciones exteriores, pero la exhibición de debilidad ante Putin preocupa cada vez más en las cancillerías europeas. Varsovia se escuda en la falta de solidaridad de la Unión ante el bloqueo de Moscú a las importaciones de carne de Polonia por falta de garantías sanitarias.

Con todo, la desmarcación de Polonia de los planes de la UE se hizo patente cuando el Ejecutivo Kaczynski junto al de la República Checa, se mostró en febrero abierto a la posible instalación en su territorio de equipos del escudo antimisiles de EE UU frente a un hipotético ataque de Corea del Norte e Irán. Rusia lo ve como una amenaza y Alemania insiste en que tal sistema debe ser discutido en el seno de la OTAN.

Todos son desavenencias. Puntos de vista excesivamente distantes y principios ideológicos no respetados. La UE se encuentra ante un vecino díscolo, un verdadero grano en el culo que se hace cada vez más incómodo y que, de no cambiar su actitud, terminará explotando. Los tiempos no ayudan a ser optimistas, pero debemos dar una oportunidad para que el propio pueblo polaco dé marcha atrás y retire su apoyo a semejantes individuos. De no ser así, la UE no puede dudar, debe ser firme y apoyarse en sus preceptos que nos dicen que “las sociedades de los Estados miembros se caracterizan por el pluralismo, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la no discriminación. Esos valores juegan un papel importante, sobre todo en dos casos concretos. En primer lugar, el respeto de esos valores es una condición previa para toda adhesión de un nuevo Estado miembro a la Unión. En segundo lugar, la violación de esos valores puede dar lugar a la suspensión de los derechos de pertenencia de un Estado miembro a la Unión”. Esperemos que el grano no se infecte demasiado.

3 Comentarios a “Polonia: el vecino díscolo de la Unión Europea”

  1. Schiz Says:
    Abril 6th, 2007 at 5:19 am

Esa derecha pendeja me parece casi el equivalente opuesto a la izquierda carnívora (y retrógrada) que quiere emerger en América Latina; los unos más afines a las restricciones civiles, los otros a las económicas.

  1. Catuxa Says:
    Abril 6th, 2007 at 3:43 pm

Un apunte curioso: el término “neoconservadurismo” puede considerarse un oxímoron, ya que implica una renovación en la corriente del Conservadurismo, cuando la prédica del mismo es exactamente el “no cambio”.

  1. Pepiño White Says:
    Mayo 11th, 2007 at 4:20 pm

La verdad escuece, por eso hay a quien le fastidia que los polacos digan la verdad; los rojos son todos unos asesinos, eso los polacos lo han sufrido a base de bien. Aquí en España también los conocemos de sobra, ya les hicimos morder el polvo en 1939 después de que robaran y asesinaran a mansalva…

Y ahora vuelven a las andadas, zETApé masacró a 200 para alcanzar el poder el 11-M e impide que se investigue… y los psoetarras siguen robando a manos llenas.

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