La larga sombra de Jomeini (II): La influencia actual de Irán

Gonzalo Caretti Oria

Jomeini ha sido una de las personalidades más influyentes de la historia reciente de Oriente Medio. Su pensamiento es uno de los que más ha cambiado la mentalidad de la región. Desde sus inicios, su intención ha ido siempre más allá de una mera revolución islámica nacional en la antigua Persia. Hoy día, el régimen iraní, cuya cabeza pensante es su sucesor, el Ayatollah Jamenei, empieza a conseguir la ansiada pretensión de convertir a Irán en una subpotencia regional. Tres factores fundamentales lo han hecho posible: La guerra de Iraq, el enconamiento del conflicto Israelo-palestino y la riqueza energética de Irán.

De todas estas causas, la más importante, sin duda, ha sido la guerra de Iraq. Con ella se eliminó al principal enemigo regional del régimen iraní, Saddam Hussein. Pero además, la subida al poder en Iraq de la comunidad Chií hace que Irán tenga ahora una poderosa influencia. Allí han surgido toda clase de líderes que, sin ellos, resulta imposible controlar el país. Algunos, como Múqtada As Sadr, o Alí As Sistaní tienen una marcada influencia iraní. Surgen también toda clase de milicias, armadas y adiestradas, muchas veces, por la Guardia Revolucionaria de Irán, y que responden a las órdenes de estos nuevos líderes. Y resulta evidente que, para estabilizar Iraq, hay que contar con ellos. Estados Unidos se encuentra embarrado en éste complejo laberinto del que le cuesta salir, y que además le limita considerablemente para posibles “intervenciones” futuras en la región. La guerra civil desatada en Iraq entre chiíes y sunníes complica mucho las cosas a una Administración norteamericana que se ha visto ante un escenario insólito: el mismísimo Henry Kissinger y una comisión legislativa han aconsejado a George Bush negociar con Irán sobre el tema iraquí. Sin duda, esto confiere a Irán una posición privilegiada frente a su gran enemigo estadounidense, y, junto a la certeza de que Estados Unidos se encuentra demasiado embarrado en la ciénaga de Iraq – con consecuencias cada vez más determinantes para su política interna- como para tomar represalias, ha permitido a los ultraconservadores iraníes apostar por el desafío nuclear antes de que la Comunidad Internacional se pueda permitir frenarlo a través de la vía militar. Una bomba nuclear se convertiría en un importante elemento disuasorio frente a posibles ataques de sus enemigos regionales, desde Israel a Arabia Saudí, y le permitiría seguir ejerciendo su presión e intentar exportar su modelo sin correr tantos riesgos.

La otra gran causa que ha permitido ésta creciente influencia iraní en la región se encuentra en el cuasi eterno conflicto entre Israel y Palestina, y más aún desde el auge de movimientos islamistas como Hamas. Desde el 11-S, la principal fuente de financiación externa de Hamas, las aportaciones económicas de Arabia Saudí, se han visto reducidas drásticamente. El movimiento islamista palestino busca alternativas para mantenerse en pie, y más aún ahora que ha alcanzado una cuota de poder. Es ahí donde entra en juego Irán. El régimen de los Ayatollah’s se ha convertido en la fuente de apoyo logístico, táctico, militar y financiero del movimiento palestino en una zona de tradición sunní.  Irán también apoya a otros grupos palestinos, como Yihad Islámica o el Frente Popular para la Liberación de Palestina. Y el peso de esta influencia comienza a apreciarse en la sociedad. En muchos hogares palestinos ahora se ve la cadena televisiva Al Manar -de Hezzbolah y financiada por Irán- donde antes se veía Al Jazeera.

Los retratos de Ahmed Yasim, líder fundador de Hamas, o de Arafat, han sido sustituidos en algunas casas por los de Hassan Nassrallah, el Secretario General de Hezzbollah, que se ha convertido en el nuevo héroe de Oriente Medio, el único que se ha enfrentado a Israel  y ha salido relativamente victorioso. La guerra del Líbano del pasado verano ha contribuido a magnificar esta visión. Pero, además,  en los últimos años, la relación de Hamas con Hezzbollah ha crecido y la influencia que el Partido de Dios ejerce sobre el movimiento palestino es difícil de medir. El partido libanés tiene una estructura al margen de su organización militar llamadas Brigadas de Resistencia Libanesa cuya misión es colaborar con otros grupos islamistas, especialmente palestinos, a los que da entrenamiento en sus campos. Entre esos grupos asesorados se encuentran las Brigadas de Izzadin Al Qassam, el brazo armado de Hamas. Operaciones como la que supuso el rapto del soldado israelí Halit el verano pasado obedecen a una línea operativa propia de una guerrilla, algo en lo que Hamas ha avanzado sorprendentemente usando tácticas muy parecidas a las de Hezzbollah en el sur del Líbano. El pasado 31 de marzo, Yubal Diskin, el director del Shin Bett, los servicios secretos para el interior de Israel, avisaba de que Hamas estaba desarrollando la táctica de los túneles utilizada por Hezzbollah en el sur de Líbano y que está perfeccionando su entrenamiento en armas más sofisticadas. De la misma manera, el Shin Bett parece convencido de que Hamas ha enviado a decenas de hombres a entrenarse a los campos de los Guardianes de la Revolución en la República Islámica y a los de Hezzbollah en el libanés Valle de la Beeka. 

Por otra parte, Hamas ha recibido también decenas de millones de dólares y promesas de Teheran  de que recibirá otras centenas de millones. Ideológicamente, por absurdo que parezca, cada vez es más influyente la opinión de Teherán en la línea política del Movimiento de Resistencia Islámica palestino. La opinión de los Ayatollahs es cada vez más valorada dentro del Consejo de la Shura de Hamas.

Todos estos movimientos estratégicos, y otros que no apuntamos por obvios, como el desafío lanzado por Hezzbollah en Líbano, se financian gracias a la riqueza natural en recursos energéticos de la República Islámica. A finales de 2002, abastecía con el 4,6% de la producción real de petróleo del mundo. Sus reservas se calculaban en casi 90 millones de barriles de crudo, produciendo 3,37 millones de barriles al día.  El departamento de Estados Unidos estima que para el 2025 Irán tendrá capacidad para producir el 4,9 % de la producción total. Todo esto le aporta no sólo un ingente ingreso de dinero, sino también poder y peso estratégico, más aún con un cuando Iraq tiene muy paralizada su producción ante la imposibilidad de desarrollarse debido a la guerra.

Por todo ello, los países árabes están tan nerviosos con Irán como occidente.  Algunas fuentes sostienen que Egipto, Jordania, Arabia Saudí y Emiratos Árabes han creado un eje secreto estratégico y defensivo para frenar lo que ellos llaman  “la influencia de Irán y de la Revolución Chií”. Arabia Saudí se ha convertido, o pretende convertirse, en el contrapeso de Irán. Para ello cuenta con la mirada condescendiente de  Estados Unidos y Occidente. Lo publicó la Vanguardia, hace unos meses, citando fuentes occidentales diplomáticas que prefería no revelar. La última reunión del que llaman El Cuarteto Árabe habría tenido lugar el pasado día 20 de febrero en Amman. En ella estuvo presente el Asesor Especial de Seguridad Nacional Saudí, el príncipe Bandar Ben Sultan. Cierto o no, lo único seguro es que preocupa y mucho la influencia de los Ayatollahs en la región. Las políticas desafiantes de Teherán se repiten cada vez con más osadía, como han demostrado la crisis de los marines o la constante lucha con Occidente por el tema nuclear. Irán ya es consciente de su papel en la cambiante configuración de la regíon. La sombra de Jomeini parece alargarse cada vez más.

Un comentario a “La larga sombra de Jomeini (II): La influencia actual de Irán”

  1. Francisco Says:
    Abril 27th, 2007 at 12:39 pm

Cada vez me resulta más increible las torpezas de los diplomáticos y los estrategas estadounidenses. La última de ellas ha sido la cometiada en Iraq. Destruyen un estado sin antes haber previsto las consecuencia de su posible derrota. Ahora amenazan con abonarlo dejándolo sumido en el caos.
Es cierto que al convertirse Oriente Próximo tras el final de la II Gran Guerra, en zona de especial sensibilidad para EE.UU, se rodea de una serie de paises con gobiernos afines. El caráter del nuevo imperialismo norteamericano era fundamentalmente económico, en donde sus compañias internacionales, estaban destinadas a jugar un papel destacado. Este nuevo sentido de la politica internacional, chocaría inevitablemente con la que hasta ahora había estado jugando la Gran Bretaña en esa zona. Un imperialismo colonial de viejo cuño. Pero todo eso se zanjó sin mayores contratiempos, cuando comprendó el reino Unido la nueva situación.Este sentido estático de la política no tuvo en cuentas el nuevo papel que hiría a tener el petróleo, que ha sido, en definitiva, el que lo ha trastocado todo. De él deriva un poder financiero que favorece mucho la situación de los paises árabes. Por eso no se entiende cómo EE.UU dejó caer del poder al Sha creando un vacío que fue llenado por el Islam. Carter trató de arreglar algo la situación salvando el prestigio de EE.UU, lo mismo que Reagan y sus estrafalarias peripecias
pero ya era tarde. En síntesis los árabes y el Islam han llegado a comprender las debilidades de Occidente, entregado por completo al dios Pluto, dejando resumida toda su cultura a una mera terjeta de crédito o a una cuenta bancaria, en donde los árabes sí tiene medios para sobornar.
Los paises árabes productores de petróleo saben que Occidente hace negocios con reservas monetarias colocadas en sus bancos, y que eso tiene un precio, y no es otro que su peso en el concierto de las naciones. Pero en paralelo se van elevando a ese nuevo escenario nuevas formas de poder
como son los Estados incontrolados, Iran, grupos terrorista y la red de Al Qaeda. Todo un reto. El programa nuclear iraní no es nada nuevo y se circunscribe a la cadena de errores del pasado. Pero…, esos errores gran parte de ellos la pagaremos nosostros los españoles, recuerden Al Andalus, como una imprevisión más.

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