Vladimir, el Terrible

Sandra Suárez Berlanga

Se dice que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. Sin embargo, no todos en la Rusia del autoritario Vladimir Putin lo tienen tan claro.

Al menos así lo corroboran las protestas de las últimas semanas en Moscú y San Petesburgo llevadas a cabo por opositores al gobierno. Los protagonistas de las manifestaciones son miembros de Otra Rusia, un movimiento liderado por el ex primer ministro Mijail Kassianov, cuyo principal objetivo es denunciar la flagrante erosión que se está produciendo en las libertades democráticas en el gigante ruso.

Por todos es  sabido que nada se mueve en Rusia sin que Putin lo sepa y lo acepte. Por ello cualquier atisbo de crítica es duramente reprimido por los gendarmes antidisturbios. La dureza con que los policías rusos se emplearon para sofocar a los pequeños grupos de disidentes concentrados cerca del Kremlin ha sido contemplada desde la escena internacional como inconveniente e innecesaria. Sin embargo, las tibias críticas no han pasado de un leve tirón de orejas a las maneras de hacer del presidente.

A pesar de las manifiestas violaciones de derechos humanos llevadas a cabo por el Ejecutivo de Putin, entre las que destaca el contundente jaque a la libertad de expresión, las últimas encuestas muestran que la mayoría de los rusos apoyan a su líder. La boyante situación que atraviesa la economía rusa, basada en sus ricas reservas de gas y petróleo y en la dependencia de muchos otros países de tales recursos, parecen contentar a un pueblo que en el pasado ha tenido que lidiar con el caos que supuso la perestroika de Gorbachov.

Putin ha traído el orden, y aunque lo ha hecho bajo un régimen excesivamente autoritario, no por ello se ha granjeado la antipatía de la sociedad rusa. A pesar de lo que en Europa podrían considerarse medidas impopulares, el ex delegado de Asuntos Exteriores para la KGB goza de una aceptación que irremediablemente le da carta blanca para continuar con su política de imponer las mordazas y acallar críticas.

De hecho, esa procedencia de la mayoría de los políticos del Kremlin de los servicios secretos es uno de los factores que se han señalado para explicar la implacable persecución a las voces disidentes, a pesar de tratarse de grupos pequeños y aislados. Las formas antidemocráticas y profundamente condenables del gobierno ruso bebe directamente de los métodos tajantes del espionaje ruso.

Uno de los datos más escalofriantes que parece no terminar de escandalizar a la Unión Europea es el de los 256 periodistas asesinados desde la caída de la Unión Soviética. Al archifamoso caso de Anna Politkóvskaya, periodista conocida por su cruzada anti-Putin, que fue encontrada con varios balazos en su cuerpo el sábado 7 de octubre de 2006 en el ascensor del edificio donde vivía, se suman los de otros muchos. El último periodista muerto en circunstancias más que cuestionables ha sido el corresponsal en materia de defensa del diario ruso Kommersant, Ivan Safronov.

El periodista investigaba la venta de armamento y aviones militares rusos a Siria e Irán por medio de Bielorrusia en el momento de su muerte, que para muchos ha sido maquillada para que pareciese un suicidio. Y es que Safronov salió de casa para comprar naranjas y a su regreso cayó desde el quinto piso del edificio en el que vivía. Sus familiares niegan rotundamente que el periodista tuviese motivos para quitarse la vida. Safronov era ex militar y tenía excelentes contactos con sus antiguos compañeros y las informaciones que escribía desde hacía diez años provocaron la furia de los servicios de seguridad rusos, que trataron, sin éxito, de juzgarlo por revelar secretos de Estado.

Pero la paranoia rusa no se queda dentro de las fronteras del gigante energético. Hace algunas semanas, un ex miembro del comité de Inteligencia del Senado de EE UU, Paul Joyal, muy crítico con el gobierno ruso y amigo del envenenado Litvinenko, fue asesinado frente a su casa de Maryland (EE UU) por unos supuestos ladrones.

También en el extranjero, en Londres, se ha alzado la voz del empresario ruso exiliado Boris Berezovsky. Según el magnate, “es imposible cambiar este régimen a través de medios democráticos. No puede haber cambio sin fuerza, presión”. Por ello ha manifestado al rotativo británico The Guardian sus planes para derrocar a Putin mediante un golpe de estado que estaría financiando desde Reino Unido. Estas declaraciones han enervado a Moscú que ha exigido a Gran Bretaña la extradición de Berezovsky. El castigo que recibiría lo podemos imaginar.

Estos asesinatos no serán los últimos que amenacen el trabajo de los periodistas y disidentes rusos, al menos mientras que Putin siga ejerciendo su poder sin que nadie le pare los pies.  Europa contempla con ansiedad las legislativas de 2008 en las que Putin deberá ceder el testigo a algún sucesor de su gusto o, por el contrario, cambiar la constitución para poder ejercer un tercer mandato.

Las prácticas gubernamentales totalmente condenables dejan a las claras que, hoy por hoy, Rusia está muy lejos de considerarse un Estado de derecho. Las tinieblas del pasado, la gloria imperial de los zares y la sed de venganza de algunos emperadores  recordados por sus oscuros mandatos planean irremediablemente sobre la silueta de un intocable Putin. Vladimir, el Terrible, el despiadado, cuyo autoritarismo aún no ha exasperado lo suficiente a sus vecinos europeos, adalides de la democracia y las libertades, más pendientes de asegurarse el gas y el petróleo necesarios para calentar sus hipócritas conciencias.

4 Comentarios a “Vladimir, el Terrible”

  1. Paco Says:
    Abril 24th, 2007 at 12:08 am

CUriosamente hoy he estado viendo la entrevista que en TVE le han hecho al presidente iraní. Y, mientras la veía, me preguntaba: ¿Por qué se considera a este hombre peligroso y no a seres como Putin o Bush?

Buen artículo.

  1. Juanra Says:
    Abril 26th, 2007 at 8:11 am

Efectivamente a Rusia, ejemplo de una más que cuestionada democarcia, le queda mucho para alcanzar los niveles de transparecia propios de un país verdaderamente democrático. Las elecciones de 2008 no serán más que otra pantomima bien cuestodiada y amparada por Putin y sus secuaces. Y, como apuntas, nadie se atreve a toserles.

  1. Francisco Says:
    Abril 27th, 2007 at 11:38 am

Cada pais es fruto de su propia historia, de sus circunstancias, por eso las comparaciones no caben y sólo se obtendrá de ella una imagen distorsionada, cuando las observaciones se hacen con subjetividad. Observe el absurdo, pese a su realismo revolucionario, de Lenin: Quiso subvertir la historia y someterla al espacio de las ideologías. Su tragedia consistió en que murió antes de poder contemplar los resultados de los que sólo era el resultado de una hipóteis, trastocando toda la teoría marxista, invirtiendo la pitámide de sus protagonistas. Su experimento duró sólo setenta años. Esto es porque olvidó las asambleas de base, los siviet, e impuso sobre ellas los dictados de un partido tan centralizado, como eran los bolcheviques, hasta el punto de llegar a fundirse con el propio Estado.Para corregir sus defectos ha tenido que recorrer el camino inverso, lo cual significa, que quemar etapas con precipitación no arregla las cosas, sino las agravas. Es como si el zarimsmo no hubiera desaparecido y las matanzas de Stalin fuera el trágico destino que la historia les reserva a los que con frivolidad quieren jugar con ella. Observe los trucos con los que se está jugando en españa en el Pais Vasco y en Cataluña. También en la vieja URSS jugaban con las mitologías, tratando de hacer tabla rasa con la realidad, una frivolidad porque siempre al final ésta siempre logra imponerse burlando a sus burladores.

  1. Raúl Says:
    Abril 30th, 2007 at 9:29 am

Parece que el mandamás Putin ya no se presenta. A ver qué lacayo nombra para impedir que se soluciones el infierno de Chechenia

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