Chirac Vs Sarkozy

Iván Sevilla García-Hierro 

Alguien dijo una vez que cada hombre encierra en sí tres hombres: el que los demás creen que es, el que él cree que es y el que es en realidad.

El primero está ligado a los prejuicios, aunque también a los juicios: en suma, a la simple opinión. Por otro lado, se podría afirmar que el hombre que uno es en verdad es el que sus acciones revelan; y también, que el que uno cree ser es el que sus propias palabras cuentan. Por tanto, si quisiéramos hacer un perfil de alguien – eso sí, sólo orientativo – deberíamos de repasar su triple faceta.

Empecemos por el mandatario francés saliente, por “El desconocido del Elíseo” (Fayard, 2007). Cuentan de Jacques René Chirac (París, 1932) que cuando era joven se oponía a la política de Charles de Gaulle de negociar con los independentistas argelinos. Los calificativos que se le asocian son numerosos y variados, dependiendo del cristal a través del que se le mire: franco, impulsivo, complejo, atento, generoso, implacable, despiadado, mordaz, versátil, sibarita, apuesto, presumido, culto, diplomático, sagaz, camaleónico, autoritario, oportunista, … Pero en lo que coinciden todos aquellos que opinan sobre él es que, en sus casi cuarenta años de trayectoria administrativa, la palabra “misterio” es la que mejor define su vida política y privada.

El joven Chirac firmó en 1950 el comunista Llamado de Estocolmo, aunque siempre practicó políticas gaullistas neoliberales. Zigzagueante, en su casa privatizó en su etapa de primer ministro y abrió las arcas del Estado como presidente; intentó flexibilizar el mercado laboral con un Contrato de Primer Empleo que limitaba los derechos de los jóvenes empleados para dar marcha atrás incentivando a los contratantes; practicó la austeridad económica para cumplir con Maastrich y entrar en el Euro para volver más tarde al difícil modelo social francés. En la comunidad de vecinos, realizó ensayos nucleares en el Pacífico para convertirse después en firme defensor de la ecología; defendió a capa y espada la soberanía nacional francesa aunque vaticinó una Unión Europea funcionando como una “federación de estados-nación”; ensalzó a Francia como una de las fundadoras de la Unión pero bajo su mandato se produjo el rechazo galo de la Constitución Europea.

Pero es cuando uno escucha las palabras pronunciadas por el ex – mandatario cuando le asaltan todas las dudas: “No creo en el liberalismo”; “El liberalismo económico conduce a excesos similares a los del comunismo”; “El uno como el otro son perversiones de la mentalidad humana”; “Un buen equilibrio, inspirado en el sentido común, yace en el medio de los dos sistemas”. Aunque puede que esta frase, relativa a su postura ante el funcionamiento de la Unión Europea, despeje algunas: “No soy un euromilitante, soy un europragmático. No hago teoría sobre Europa. Digo lo que tiene que ser y se hace todo para que sea lo mejor posible”.

Y ahí va una sentencia del propio Chirac hacia su sucesor: “Sarkozy es espontáneamente más liberal que yo”. De Nicolas Paul Stéphane Sarkozy (París, 1955) se dice que es inestable, brutal, celoso, entrometido, colérico, complejo, pasional, claro, vital, enérgico, malhumorado, peligroso, maniqueo, agresivo, dinámico, franco, directo, previsible, … cómo no, también tiene amigos y enemigos.

Gaullista convencido, el “Pequeño Napoleón” se ha caracterizado por su política de “mano dura” y contraria a algunas tradiciones galas. Impulsó la Ley de Seguridad Interior en 2003, que tipificaba nuevos delitos (acampadas no autorizadas de grupos de nómadas, prostitución en vía pública, amenazas a representantes del orden) y ampliaba los poderes policiales; aplicó un programa de repatriación forzosa y en bloque de inmigrantes ilegales y se mostró favorable a hacer más difícil obtener el derecho de asilo en Francia; propuso tratar como adultos a aquellos que delinquieran teniendo entre 16 y 18 años; y los jóvenes de los arrabales lo odian desde que los calificó de “escoria” durante las manifestaciones de noviembre de 2005. Sarcozy ha expresado varias veces su deseo (aunque sin éxito) de flexibilizar la estricta ley que separa religión y Estado: la religión es para él un factor de equilibrio social. Tampoco ha negado su convicción de que el mítico y trascendental Mayo del 68 está detrás de muchos de los males de Francia.

Planteamiento: “No quiero ser presidente; debo ser presidente”, le dijo Nicolás a su biógrafa Catherine Nay (“Un poder llamado Deseo”). Nudo: “Hay una Francia exasperada. ¿Y por qué lo está? Por el cuestionamiento de la identidad nacional, por una inmigración descontrolada, por el fraude o por los despilfarros de fondos”; “El control de la inmigración es una obligación… Hay que controlarla, combatirla en su origen”; “En Francia, por doquier, y en mayor medida en las barriadas que concentran todas las desesperanzas, es preferible que los jóvenes tengan esperanza espiritual”; “Mayo (de) 1968 nos impuso el relativismo intelectual y moral. Los herederos de mayo de 1968 nos impusieron la idea de que todo se valía, que a partir de ahora no había diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo. Son ellos los que nos hicieron creer que no podía existir ninguna jerarquía de valores. Además no había valores, ni jerarquía. No había nada”. Desenlace: “El electroencefalograma chiraquiano está plano. Esto no es el Hotel de la Villa (Ayuntamiento de París, del que Chirac fue alcalde durante 18 años), esto es la antecámara de la morgue. Chirac está muerto, no le quedan más de tres pataletas”. Esta última la pronunció en 1995 cuando apoyó a Balladur para la presidencia en lugar de a su valedor: Chirac.

Que cada uno saque sus propias conclusiones.

Un comentario a “Chirac Vs Sarkozy”

  1. Juanra Says:
    Mayo 23rd, 2007 at 9:00 am

Francia ha apostado por escorarse un poco más a la derecha y ha dado su apoyo a un candidato que ha demostrado a las claras su contundente talante autoritario. Debemos reflexionar en qué ha basado su voto el pueblo francés que ha decidido elevar al poder a un presidente dispuesto a todo para frenar la llegada de inmigrantes que él mismo calificó de “escoria”. Si la difícil situación de esos mismos inmigrantes suscitó la animadversión de los galos fue por que estos mismos inmigrantes alzaron su voz para exigir un papel digno en un país que los trataba como ciudadanos de tercera.
Quizá las formas no fueron las adecuadas, pero la desesperación no es la mejor consejera. Debemos esperar a ver cómo se desarrolla el gobierno de Sarkozy y si realmente supone un aire nuevo y revitalizante que impulse las diferentes políticas sociales y económicas que necesitan los franceses.

Un saludo

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