Objetivo Darfur

Sandra Suárez Berlanga

Naciones Unidas reacciona. La parálisis manifiesta mostrada durante los más de cuatro años de guerra que asuela Sudán parece tocar a su fin tras la decisión del Consejo de Seguridad de la ONU de enviar una fuerza de paz integrada por 26.000 soldados y policías, cuya labor primordial será velar por que se restauren los inexistentes Derechos Humanos y se proteja a la población civil. Sin embargo, no debemos perder de vista que el gesto de la Organización que dirige Ban Ki Moon es tan sólo el primer paso para alcanzar algo parecido a una paz imprescindible para unos, y muy poco rentable para otros.

Como en cualquier guerra son muchos los intereses en juego. No valdría solo con reducir la situación de Sudán a la irracionalidad religiosa, al enfrentamiento entre los árabes islamistas del norte y los cristianos animistas del sur. Ni siquiera deberíamos circunscribirnos a señalar directamente a la pobreza de la población sureña como único desencadenante de un conflicto enquistado desde que el gigante africano obtuvo la independencia del Reino Unido en 1956. Porque si afinamos un poco más el tiro veremos claramente que en la miseria sudanesa destacan otros protagonistas ajenos a la realidad humana de Sudán, pero muy apegados al beneficio que de ella puedan arañar.

Efectivamente, existe en Sudán una lucha religioso-racial heredada desde que la descolonización británica dejó en evidencia la paupérrima situación en la que vivían los negros del sur frente a los árabes del norte. Si bien en el sur cuentan con ricos yacimientos de níquel y uranio, y codiciadas reservas de petróleo, sólo los sucesivos gobiernos de Jartum, que desde la independencia imponen duramente la ley islámica, pueden contar con los medios para explotar los recursos o autorizar a potencias extranjeras a aprovecharse de la riqueza del país.

La situación no mejoró con la llegada al poder de Omar Hasán al Bashir en 1989, actual presidente y primer ministro, quien tras un golpe de estado, preconizó la expansión de la “sharia” a todos los rincones del país africano gobernando con mano despótica el futuro de un país infestado de odio. La represión, la violencia y los abusos para con la población cristiana se generalizaron alimentando un sentimiento de venganza y rebeldía que encendería la llama del Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés sucediéndose así los combates y, con ellos, las reiteradas violaciones de los derechos de la aterrorizada población civil. 

La dictadura islámica de Hasán al Bashir financia la guerra en Darfur a través de armas y asistencia a los llamados Yanyauid, milicianos árabes que se enfrentan en la vasta región del oeste de Sudán a los pueblos fur, zaghawa y masalit. Contrariamente a lo que se podría creer, el conflicto ya no es tanto un enfrentamiento religioso como una lucha por hacerse con los escasos recursos de la zona. De este modo, en febrero de 2003 estalla el latente enfrentamiento en la sociedad sudanesa que se intenta “zanjar” el 5 de mayo de 2006 con la firma de una paz irrisoria que no ha puesto freno, ante la indiferencia de Jartum, a las matanzas y a la tragedia humana que hoy es Darfur.

La población huye de los enfrentamientos y se hacina en los campos de refugiados de escapando de muertes de una crueldad inimaginable. Otra parte del pueblo cristiano se marcha a países vecinos como Chad buscando sobrevivir, intentando, muchas veces sin éxito, que los más pequeños no conozcan tan pronto la inhumanidad que caracteriza a la raza humana. Las ONG encuentran muchas dificultades para atender a los civiles heridos, malnutridos y huérfanos de cualquier explicación coherente que justifique tanta barbarie. Y en medio de todo ello, aún no se apaga la esperanza de despertar algún día de una pesadilla tan macabra.

El escenario es dantesco, pero lo podemos aderezar aún más si atendemos a los otros protagonistas, los de fuera, los que deciden, en realidad, el destino de los indefensos, los que se erigen, por que así está montado el mundo, en verdugos, santos y jueces.

Decía al principio que no todos estarán satisfechos si la paz se impone finalmente en Sudán y Darfur consigue alcanzar un escenario de tranquilidad y libertad, a expensas del gobierno autoritario de Jartum. Por un lado, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad, este órgano hipócrita creado paradójicamente para mantener la paz y seguridad internacionales, se juegan mucho en el asunto y han mostrado actitudes ambiguas al respecto.

Por un lado, a EE UU le conviene que Sudán sea un reflejo de su “cruzada contra el terror”, esto es, mostrar el conflicto al mundo como una más de las atrocidades árabes contra todo lo que tenga que ver con Occidente. Sin embargo, el petróleo que atesora Sudán, y al que ahora no puede acceder, anima a la Administración Bush a encontrar una solución a la guerra en Darfur para conseguir, con un cambio político, poder acceder al oro negro. En lugar de enviar ayuda humanitaria y fomentar el crecimiento del país, prefiere apoyar el envío de tropas, más acorde a sus objetivos.

Por su parte, Rusia y China, también miembros permanentes del Consejo de Seguridad, mueven sus fichas para no perder el rédito obtenido hasta el momento. Ambas potencias hacen caja vendiendo armas a Sudán, a la par que el gigante asiático mantiene el poder de explotación de las bases petrolíferas sudanesas. Ahora apoyan el envío de tropas, quizás por una excesiva presión internacional que los señala directamente como violadores reiterados de los Derechos Humanos en sus propios países.

A la luz de los hechos estremece pensar en manos de quienes están la paz y la seguridad internacionales, da miedo analizar y reflexionar, y, sobre todo, da pavor pensar y percatarse de la hipocresía del sistema al que estamos relegados. Darfur es el objetivo. Unos quieren seguir justificando su doctrina del mal; otros no están dispuestos a renunciar al dinero que genera la muerte de los inocentes. Y a lo lejos, en la lontananza de los que no desesperan, se vislumbra el anhelo de la paz, ese que sólo sienten los desheredados y los abandonados por Dios y Alá.

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