(I) El conflicto de Colombia. La crisis andina: un conflicto internacional

Gonzalo Caretti Oria

Callaron los tambores de guerra en la cordillera andina, al menos de momento. La tempestad diplomática desatada por el ataque colombiano a la guerrilla de las FARC, violando la soberanía y el territorio ecuatoriano, se ha solucionado con un apretón de manos, más forzado que real y de forma casi surrealista, en la Cumbre de Río. Los tres contendientes, Álvaro Uribe, Hugo Chávez y Rafael Correa han llegado a un acuerdo de mínimos para solucionar la crisis.

Se confirma así lo que muchos analistas presagiaban: no habrá guerra entre Colombia, Ecuador y Venezuela, y América Latina puede dormir tranquila, como a Chávez le gusta decir, por ahora. Pero esta crisis ha sacado a la luz varias realidades ignoradas: La primera, el conflicto colombiano se ha convertido en un conflicto demasiado internacional, que traspasa las fronteras del país andino. Segundo, la guerrilla de las FARC está sufriendo los cambios obligados por el contexto, la tecnología y la globalización.

En su persecución a la guerrilla de las FARC, Colombia ha dado un paso temerario. Un ataque a un campamento situado en territorio ecuatoriano, cercano a la frontera y en plena selva. El resultado inicial, en sus primeras horas, sin duda era un éxito para el gobierno de Uribe: la muerte del número dos de la guerrilla, Raúl Reyes, fue un duro golpe psicológico para las FARC, por no hablar de la información recogida en el ordenador de Reyes. Pero a pocas horas, la crisis se desató tal y como en realidad es: un conflicto con muchas ramificaciones internacionales.

Colombia había violado el espacio aéreo de Ecuador, Rafael Correa ponía en marcha sus ejércitos en la frontera en un gesto que pretendía ser una respuesta al atrevimiento de Uribe. Chávez, siempre deseoso de trifulca con su antónimo político y, sin embargo, vecino colombiano, metía la nariz y ordenaba desplegar sus ejércitos en la frontera. La población colombiana, de por sí muy atemorizada por enfrentamientos entre el ejército colombiano con los grupos armados y las acciones que de ellos se generan – matanzas de la guerrilla, paramilitares y ejército- temían los devastadores efectos de una posible guerra. Colombia tenía cerradas dos de sus cinco fronteras, incluyendo la mayor de todas, la frontera con Venezuela.

Pero además, el ejército colombiano tendría tres frentes abiertos. Al poderoso frente interno, el de la insurgencia, tendría que sumar la vigilancia de las dos fronteras en tensión, la ecuatoriana, donde Ecuador desplegaba sus fuerzas en pie de guerra, y la venezolana – Chávez ordenó desplegar 10 batallones de tanques, alrededor de 7.000 hombres- que, por su extensión, 2.200 kilómetros, resulta más difícil controlar. Lo cierto es que el gesto de Chávez parecía más un farol que una amenaza real. Los batallones de tanques poco podrían hacer en una zona tan pantanosa y selvática como es la frontera, y sólo podrían actuar en la zona de la península La Guajira, reduciendo así su zona de actuación.

La crisis adquirió tal tensión política y diplomática que la Organización de Estados Americanos tuvo que intervenir en sesión extraordinaria para evitar males mayores con una resolución salomónica que dejó contentos a todos: de un lado, reconocía el exceso militar de Colombia y la violación de la soberanía de Ecuador, pero no lo condenaba. Otros países también estaban preocupados: Francia temía el efecto que todo esto pudiera tener sobre un posible acuerdo humanitario que permitiera la liberación de Ingrid Betancurt, que según informaciones, se encuentra en mal estado de salud. Estados Unidos, discretamente, mostraba su apoyo a Colombia, y nadie olvida que el ataque sólo fue posible gracias al apoyo logístico prestado por Washington a Bogotá. Brasil, Perú y Panamá, países fronterizos con Colombia, trataron de calmar las aguas para evitar una guerra que, sin duda, afectaría a unas economías en vías de rectificación. En Centroamérica, Daniel Ortega, se posicionaba del lado de sus socios ideológicos, Ecuador y Venezuela. Y Colombia continuaba con las acusaciones, asegurando que el ordenador de Raúl Reyes demostraba que Venezuela había financiado a las FARC y que Ecuador tenía contactos con la guerrilla.

Venezuela, Ecuador, Colombia, Francia, Estados Unidos, Nicaragua, Brasil, Perú, Argentina, Panamá… El ataque a la guerrilla ha desatado una tormenta diplomática y la intervención “in extremis” de numerosos miembros de la comunidad  internacional, desvelando los tentáculos del conflicto colombiano. No pocos analistas aseguran que la llegada de Chávez ha supuesto un viraje trascendental en esa internacionalización del conflicto. El presidente de Venezuela considera a las FARC un “grupo insurgente”, otorgándoles un status legitimador. En ocasiones, Chávez ha reconocido ver en las FARC algunos ingredientes de su llamada  “Revolución Bolivariana” y Colombia considera que el presidente venezolano ha financiado las FARC. En cualquier caso, la  intromisión de Chávez, para bien o para mal, en la negociación por un intercambio de prisioneros entre la guerrilla y el Estado ha influido y mucho en el conflicto.  Chávez mantiene una guerra ideológica con Estados Unidos, una especie de “guerra fría” regional que influye especialmente en el  conflicto colombiano y casi obliga a unos y otros a realizar movimientos estratégicos que influyen cada vez más en el conflicto colombiano. Por su parte, Estados Unidos siempre ha estado presente en el conflicto, y un ejemplo de ello es el Plan Colombia y el aumento de los fondos otorgados por la Administración Bush. Por debajo de la mesa, no se puede olvidar la aportación ideológica de la Escuela de las Américas, los manuales de “contra-insurgencia” – y la influencia que tuvo eso en los orígenes de los grupos paramilitares- y el apoyo ideológico al gobierno de Uribe.

Las FARC por su parte, han permanecido algo perplejas y nerviosas ante todo lo sucedido. La muerte de Raúl Reyes, su portavoz internacional y segundo al mando en la estructura de la guerrilla – por detrás del “todopoderoso” Manuel Marulanda- era el golpe más duro que recibía en sus 40 años de historia. Algunos rumores en Colombia aseguran que Reyes pertenecía a una  corriente de la guerrilla más radical y partidaria de la vía militar. Su muerte ha creado un nerviosismo evidente: Las pruebas de ello han llegado poco después: otro importante miembro de la guerrilla, Iván Ríos, fue asesinado por su propio jefe de seguridad para, según sus propias palabras, aliviar la presión militar. Ríos era uno los siete miembros del secretariado de la guerrilla. Formaba parte del de el  desde el año 2003 y era el máximo responsable del bloque nor-occidental. Su nombre empezó a relucir durante el fallido proceso de paz con el gobierno del presidente Andrés Pastrana. En una semana, la guerrilla perdió a dos importantes líderes. Pero además, el ataque permitió que las fuerzas armadas colombinas se hicieran con importante información estratégica, encontrada en el ordenador de Reyes, y que es un tesoro para los servicios de espionaje colombianos.

Las FARC se han puesto nerviosas porque han descubierto que la selva ya no es un lugar tan seguro para esconderse. Ahora, los servicios de espionaje son más sofisticados, y el ejército colombiano cuenta con la ayuda de los recursos tecnológicos – satélites espías norteamericanos como el que ha permitido localizar el campamento donde se encontraba Raúl Reyes- cada vez más precisos. La vieja táctica guerrillera – atacar y esconderse- se ha encontrado con una mejora en los recursos de la lucha contrainsurgente.  Militarmente, el ataque ha demostrado que las FARC son ahora vulnerables en su fortín, la selva. Una organización tan antigua y bien estructurada sin duda tendrá preparado a un suplente, pero la pérdida de la experiencia de Reyes en el terreno negociador es un duro golpe para la guerrilla. No es el único: en menos de un año, las FARC han perdido a importantes líderes de su estructura, especialmente, la militar. 

El Estado colombiano y la guerrilla se han dado cuenta que ya no puede ocultar más la internacionalización del conflicto. Esa es quizás la única consecuencia positiva sacada de todo esto, ya que una posible solución parece muy lejana: las FARC son tan poderosas militarmente que difícilmente se pueden destruir sólo por la vía militar. Por otro lado, las ingentes actividades en el mundo del narcotráfico, el secuestro, las matanzas indiscriminadas, parecen indicar que la guerrilla está más centrada en el puro negocio clandestino que en conseguir los supuestos objetivos políticos por los que un día se fundaron; y la solución que propone Chávez, la de su transformación en un grupo político, parece desnaturalizada. Habrá que esperar una mayor implicación de la comunidad internacional, ahora que ya nadie puede esconderlo.  

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