(II) Somalia: claves de una sociedad enfrentada. Putlandia y Somalilandia. ¿Hacia una reconciliación nacional?

Sandra Suárez Berlanga 

Somalia, la herida agonizante del Cuerno de África, ha demostrado su incapacidad para conformarse como un “Estado” fuerte, con un gobierno centralizado y unas instituciones con poder real sobre la población civil, capaces de restablecer la paz ausente desde el final de la dictadura de Siyad Barre en 1991. El país africano vive sumido en el caos protagonizado por los señores de la guerra, la Unión de Tribunales Islámicos (UTI), un maltrecho Gobierno Federal Transitorio (GFT) y por las injerencias extranjeras, entre las que destacan la actual ocupación de Etiopía y los eventuales bombardeos de Estados Unidos, que ha encontrado en el paupérrimo territorio somalí una excusa más para justificar su guerra contra el terror.

La actual situación de este enclave africano, olvidado en cuanto a su tragedia humanitaria, pero  muy presente para ciertos intereses geoestratégicos de potencias extranjeras, debe analizarse pormenorizadamente atendiendo a factores de muy diversa índole. En esta entrega, sin embargo, me centraré en analizar la naturaleza de la sociedad somalí y en explicar cómo la manipulación de sus rasgos más intrínsecos ha contribuido de manera definitiva a dibujar el nefasto paisaje político que se respira en Somalia.

La compleja idiosincrasia de la sociedad somalí nos permite identificar algunas de las claves del caos global en que vive sumido el país desde la caída del dictador Siyad Barre. Si bien, la mayoría de los analistas se han centrado en señalar al factor clánico como el rasgo más importante del pueblo somalí, no debemos restar importancia, como bien señala el arabista Ignacio Gutiérrez de Terán en su libro Somalia. Clanes, Islam y terrorismo internacional, a los factores étnico y religioso.

La división del pueblo somalí en clanes o tribus, según Terán, “hace referencia a una realidad que se basa más en circunstancias sociohistóricas y modos de vida que en supuestos ancestrales. Es la adscripción a un patriarca o núcleo familiar lo que aporta las “señas de identidad” específicas a un clan frente a otro,”. La idea de clan nunca ha desaparecido del seno de este pueblo africano. Los intentos por acabar con el rasgo clánico han chocado frontalmente con la esencia colectiva de la sociedad somalí, más dispuesta a someterse a los preceptos emanados de la tribu que al poder de un supuesto estado-nación común a todos los somalíes.

En la misma línea, Josep María Royo, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona, aclara aún más la idea de clan en su artículo La sucesivas crisis de Somalia. Explica Royo que “la sociedad somalí se divide en clanes y subclanes, de forma similar a la mitad oriental del continente africano. El clan se configura a partir de un conjunto de personas vinculadas por un lazo de parentesco con un antepasado común. Cada clan se divide en subclanes y éstos, a su vez, en ramas subsidiarias o familias, entre los que se ha creado una amplia red de relaciones interparentales y alianzas clientelares estratégicas que los definen”.

Se han ofrecido varias clasificaciones de las tribus que conviven en Somalia. Una de ellas explica que hay seis grandes grupos: hawiye, darod, ishaq, dir, dedicados al pastoreo, y los digil y rahanwein, dedicados a la agricultura. Los diferentes clanes han sido considerados de forma desigual a lo largo de la historia, de ahí que los dirigentes y responsables tribales de algunos clanes alentaran durante la década de los noventa la formación de milicias armadas para defender sus intereses.

Estos grupos armados creados en esencia para desbancar al dictador Siyad Barre del poder, se enfrascaron, tras su derrocamiento, en luchas fratricidas para hacerse con el control de Somalia.  Comandadas  y manipuladas por los señores de la guerra en su propio beneficio, estas milicias han hecho mucho daño a los intentos por alcanzar lo que el Secretario de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, repite insistentemente en su último informe sobre el país publicado el 14 de marzo. Hablamos del llamado proceso de “reconciliación nacional” que desarrollaremos más adelante.

Algunos analistas han trazado un paralelismo entre Somalia y otros países  donde los enfrentamientos tribales y de diferentes facciones religiosas, comandados por señores de la guerra, forman parte del atrezo político y social del día a día, como es el caso de Afganistán. Sin embargo,  debemos tener muy en cuenta que el caso  somalí  se caracteriza por la homogeneidad social. Así, podemos decir que la amplia mayoría de la sociedad somalí pertenece al grupo cusita (factor étnico), profesa la religión musulmana (islam suní) y habla la lengua somalí. Esta patente uniformidad no ha bastado para alcanzar la paz y terminar con la guerra que ha convertido a más de medio millón de civiles en refugiados y que ha acabado con la vida de más de 300.000 personas.

No obstante, para terminar este apartado, debemos insistir en la inconveniencia de señalar al clan como responsable único de la violencia que azota Somalia. Así, suscribo las palabras del investigador Alejandro Pozo Marín en su artículo Los obstáculos en la construcción de un estado en Somalia frente a los logros relativos en Somalilandia, donde señala que “sin pretender menospreciar la enorme importancia que tiene en Somalia la afiliación de clan, es necesario destacar el carácter dinámico de las lealtades en función de los intereses del momento. Así, podría darse el caso de un darod que combatiera junto a un hawiye contra otro darod en el supuesto de que este hecho le reportara algún beneficio”. 

En el mismo texto, Pozo Marín se hace eco de las explicaciones del prestigioso profesor de Ciencias Políticas, Daniel Compagnon, quien remata que “cualquier líder, político o militar, intentará reclutar sus bases de apoyo en el seno del clan cuyos intereses asegura representar. Sin embargo, cabe destacar que estos lo hacen por iniciativa personal y no como jefes tribales o de clan. Por tanto, el factor de clan en la violencia tiene que entenderse a partir de su manipulación interesada”.

Putlandia y Somalilandia

En medio de la ola de violencia que asuela Somalia existen dos “entidades autónomas” que han logrado alcanzar cierta estabilidad. Son los casos de Somalilandia (conformada por los territorios del noroeste de la llamada Somalia Histórica, que estuvieron bajo mando británico antes de la independencia en 1960), y de Putlandia, constituida por territorios del centro y el norte del país.

Somalilandia se declara independiente en abril de 1991 en medio del revuelo causado por la huida del dictador Siyad Barre, sitiado por varios grupos armados organizados para derrocarle. Esta región cuenta desde entonces con presidente propio, himno, moneda, bandera e incluso una Constitución aprobada en 2001.

En 1982 se creó el ala militar del Movimiento Nacional Somalí (MNS) que perseguía defender los intereses de Somalilandia, hasta el momento ninguneada en las esferas políticas. El MNS y el Congreso Somalí Unido (CSU), que representaba a los intereses de los territorios del centro y el sur, se unieron contra la dictadura y acordaron formar un gobierno equitativo en cuanto al reparto de poderes. Sin embargo, tras la caída de Barre, el CSU incumplió su promesa nombrando presidente sin contar con el resto de grupos opositores. Ante estos hechos, Somalilandia decide declarar unilateralmente su independencia convirtiéndose así en una región autónoma que no ha sido reconocida internacionalmente como tal.

La mayoría de los analistas coinciden en destacar la estabilidad de la situación política de Somalilandia frente al caos reinante en Somalia. Las claves de la tranquilidad alcanzada en la región norteña suelen identificarse, grosso modo, con el férreo control establecido por MNS durante los primeros años de la independencia y una acertada política ecuánime en cuanto a la cuestión de los clanes.

A este respecto, señala Pozo Martín que “en Somalilandia, el triunfo incontestado del MNS que asumía las líneas políticas principales, y la dominación ejercida por este grupo y por las autoridades comunitarias evitaron las prácticas de venganza y persecución que fueron frecuentes en Mogadiscio y sus zonas circundantes. De hecho, los líderes tradicionales de los distintos clanes ejercieron, en términos globales, un control muy superior sobre el proceso político, comparado con el llevado a cabo en Somalia, limitando la envergadura de las iniciativas individuales que pudieran amenazar el buen resultado de los acontecimientos”. Y añade: “Los momentos de tensión fueron frecuentes, pero los mecanismos tradicionales de mediación de conflictos funcionaron, al ceder los militares espacios de protagonismo. Además, desde el principio, se fomentó la construcción multiclan del estado, como atestiguó la pronta reunión de Berbera, celebrada en fechas tan tempranas como febrero de 1991”.

Por su parte, Putlandia difiere de Somalilandia en que no nace con la intención secesionista de formar un Estado independiente, sino que su creación, fruto de un proyecto de Libia y Egipto, pretendía potenciar la configuración de Somalia como un Estado federal descentralizado. 

En 1998, los darod auspiciados por el Frente Democrático de Salvación Somalí (FDSS) fueron los artífices de la gestación de Putlandia como entidad autónoma. Con gobierno en Garowe, esta interesante región no ha alcanzado los niveles de desarrollo de su vecina Somalilandia, puesto que, como hemos apuntado, la tierra de los punt no pretende crear un Estado. Además, ambas regiones mantienen conflictos políticos e incluso se han enfrentado en varias ocasiones por cuestiones territoriales.

Los ejemplos de Putlandia y Somalilandia deberían insuflar cierto hálito esperanzador a Somalia para creer que un futuro exento de luchas intestinas basadas en la manipulación de la esencia clánica es posible. Sin embargo, las injerencias extranjeras tienen un papel fundamental en la resolución de un conflicto que, sin ninguna duda, han contribuido a consolidar.

¿Hacia una reconciliación nacional?

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon ha presentado ante el Consejo de Seguridad su último informe sobre Somalia a mediados de marzo. A lo largo de sus 42 páginas, el surcoreano incide en una idea fundamental: trazar un plan para el mantenimiento de la paz e impulsar así el proceso de reconciliación nacional. Sin embargo, los resultados de la operación de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM), que hasta ahora sólo ha aportado 2613 soldados de los 8000 prometidos, no parece avanzar en este sentido.

La evaluación estratégica llevada a cabo por el Departamento de Asuntos Políticos de la ONU habla de “momento estratégico” para fortalecer las iniciativas nacionales a favor de la paz y la seguridad al calor de las últimas muestras de acercamiento del GFT y de los elementos opositores, dispuestos a entablar diálogo para devolver a Somalia un gobierno efectivo. Sin embargo, los 14 procesos de paz fallidos que han tenido lugar hasta el momento no parecen anunciar una rápida solución del conflicto somalí.

Para apoyar el proceso político, la ONU considera esencial facilitar el diálogo entre las partes para trazar un programa de acuerdos, entre los que destaca la retirada de las tropas etíopes, presentes en Somalia desde que en diciembre de 2006 entraron en el país para expulsar a la Unión de Tribunales Islámicos del poder. A partir de aquí, y tras un acuerdo formal técnico militar, se solicitaría el despliegue de una presencia de seguridad internacional dirigida a salvaguardar los avances en el mencionado proceso político.

Este envío de tropas de la ONU -Ban Ki-moon habla de hasta 27.000 soldados- quedaría supeditado a un acuerdo de cesación oficial del fuego y un compromiso de seguridad que incluya el respeto a los derechos humanos, la facilitación de la asistencia humanitaria y el desarrollo de las instituciones de gobierno.

No obstante, este escenario exigido por Naciones Unidas para intervenir militarmente en Somalia aún está lejos de convertirse en una realidad. La falta de seguridad, traducida en secuestros de cooperantes humanitarios, asesinatos, piratería y otras prácticas criminales favorecidas por la atmósfera de impunidad que se respira a lo largo de todo el territorio somalí, augura un largo proceso de transición hasta lograr construir un Estado Federal con poder real.

Mientras tanto, más de medio millón de refugiados agonizan en condiciones de vida más que precarias y los que se han quedado en sus casas sufren los abusos lacerantes de una tierra sin ley. Esta parte del pueblo, la mayoría, los desheredados y olvidados por todos, hace tiempo que ha perdido la esperanza en esa entelequia que algunos llaman “reconciliación nacional”.

Anuncios
Comments
One Response to “(II) Somalia: claves de una sociedad enfrentada. Putlandia y Somalilandia. ¿Hacia una reconciliación nacional?”
Trackbacks
Check out what others are saying...
  1. […] político de Somalia (y: 2 , 3 y […]



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: