(V) El conflicto de Colombia. Los procesos de paz

Ivan Sevilla García-Hierro

Aunque no hay que olvidar la guerra civil de los Mil Días de principios del siglo XX, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, líder del liberalismo, en 1948 es considerado por muchos como el inicio del sueño violento del que no despierta Colombia: liberales y conservadores se enzarzaron en una disputa que se ha enmarañado con el paso de los años hasta degenerar en lo que hoy conocemos.

Hubo luchas y pactos de paz durante las primeras dos décadas. Pero es en los sesenta cuando las desestructuradas autodefensas campesinas y guerrillas locales se convierten en grupos guerrilleros más sofisticados, impregnados de un barniz revolucionario de origen cubano. Es entonces cuando se empiezan a escuchar siglas como FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), ELN (Ejército de Liberación Nacional), EPL (Ejército Popular de Liberación), M19 (Movimiento 19 de Abril)…  

Fue Belisario Betancourt quien durante su ejercicio (1982-86) decidió que había que hablar de paz y reconocer al enemigo. El Plan Nacional de Rehabilitación fue la respuesta a más de treinta años de enfrentamientos. Una Comisión de Paz, la promesa de una amnistía general y la reconstrucción de las zonas asoladas por el conflicto eran los puntos destacados. La clase alta (grandes gremios, políticos tradicionales y congresistas conservadores) no aceptó las concesiones a los insurgentes defendidas por Betancourt, y los grupos guerrilleros minoritarios (PRT, MIR-Patria Libre, MAQL) insistieron en la violencia. El Plan no cuajó, pero propició el nacimiento de la Unión Patriótica, brazo político de las FARC y tercera fuerza democrática del país.

La legislatura de Virgilio Barco (1986-90) fue la de la Iniciativa de Paz y la de César Gaviria (1990-94) la de la nueva Constitución (1991): la Iniciativa primero y la Asamblea Nacional Constituyente después fueron las excusas para que muchos guerrilleros optaran por la acción política. El país cambió de rumbo político y lo que hasta entonces habían sido promesas incumplidas o parcialmente ejecutadas ahora tomaban verdadera forma: palabras como desmovilización, reinserción, indulto o derechos humanos sellaron el nacimiento de nuevas asociaciones democráticas. El M19, el EPL y el PRT abandonaron las armas para conformar el AD M 19 (Alianza Democrática M 19) y el MQL se convirtió en la ASI (Alianza Social Indígena).

Pero no todo fueron luces. Las guerrillas más fuertes (ELN y FARC) permanecieron.
Quizá como respuesta a la fusión de los grupos paramilitares en la AUC (Autodefensas Unidas de Colombia): milicias privadas formadas durante los 80 y financiadas por ricos (terratenientes, ganaderos, narcotraficantes…) para protegerse de los combatientes de izquierdas. No son pocos los que culpan al Gobierno de permitir la persecución y muerte de los miembros de la Unión Patriótica, lo que motivó la desaparición de la formación democrática y derivó en un serio escollo en el proceso de paz que aún permanece. Respecto del ELN, en 1992 un grupo disidente conocido por las siglas CRS (Corriente de Renovación Socialista) inició diálogos de paz con el Ejecutivo y, aunque se firmó un acuerdo de paz, el asesinato de sus voceros Enrique Buendía y Ricardo Gonzáles, y de muchos de sus miembros, creó gran desconfianza hacia el Gobierno.

Los mandatos de Ernesto Samper (1994-1998) y de Andrés Pastrana (1998-2002) estuvieron marcados por el Decreto 1385 de 1994 estimulado por Gaviria, “por el cual se expiden normas sobre concesión de beneficios a quienes abandonen voluntariamente las organizaciones subversivas”. Más de 2000 milicianos de las FARC y ELN, aunque también de grupos menores, dejaron las armas. Sin embargo Pastrana fue el que dio el permiso para la injerencia “legal” de EE. UU. en la dirección de Colombia: el Plan Colombia (2000), inspirado por los americanos, ofrecía al mandatario dinero, tecnología, información y entrenamiento para acabar con la principal fuente de financiación tanto de guerrilla como de paramilitares: la coca. Resulta interesante el debate sobre si las formas estadounidenses han reportado más alegrías o disgustos a los colombianos.

Lo que de verdad ha signado el periplo del actual presidente Álvaro Uribe han sido las continuas acusaciones que ha recibido, como las de la senadora Piedad Córdoba, de camuflar sus vínculos con el paramilitarismo bajo una espesa capa de desmovilizaciones e indultos recogidos en el otrora esperanzador Programa de Reincorporación a la vida civil tanto de guerrilleros como de paramilitares: más de 30000 paramilitares han abandonado las armas y se han acogido a las beneficiosas propuestas de Uribe, sumándose muchos de ellos a la vida política.

La FARC están entre dos fuegos: el desprecio que sienten hacia Uribe y la crisis interna que están padeciendo. Lo primero se debe a lo ya mencionado: los supuestos lazos del presidente con los paramilitares; lo segundo, a la corrupción de muchos de sus miembros tras amasar grandes fortunas provenientes del narcotráfico y la extorsión, lo que intensifica la pérdida paulatina de valores y las luchas de poder, aceleradas por la muerte de su número uno Manuel Marulanda y el asesinato de su número dos Raúl Reyes. Esto último ha quedado patente tras la entrega de la histórica líder “Karina”, quien ha afirmado que la guerrilla está “resquebrajada”. Sendos problemas y las incursiones militares ordenadas por el Gobierno contra los rebeldes (una de las últimas es la que ha acabado con la vida de Reyes) dificultan los acuerdos de paz: varios canjes de prisioneros se han marchitado, como el que iba ha liberar de su cautiverio a Ingrid Betancourt; las propuestas de las FARC son desoídas, como la habilitación de una zona desmilitarizada en el país; conatos de conflictos internacionales han sido sofocados en el último momento, como los que podían haber enfrentado militarmente a Colombia con Venezuela y Ecuador; y aquellos que eran aliados y mediadores se han convertido en acusados, como los presidentes ecuatoriano Rafael Correa y venezolano Hugo Chávez. 

Con el ELN, los últimos envites los han lanzado los guerrilleros. Pese a que las conversaciones de paz con el Gobierno permanecen congeladas, el 1 de mayo de 2008, y con fecha del 28 de abril, el ELN publicó en su web un comunicado en el que expresa su deseo de buscar una salida a la crisis en base a tres puntos: necesidad de un fin pacífico, convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente e implicación de la comunidad internacional en el proceso de paz. Además, a principios de junio el ELN instaba, en una carta divulgada también por Internet, a Alfonso Cano, sucesor de Marulanda, a un intercambio de ideas para dar salida política al conflicto.

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