(III) Somalia: El papel de EE UU y la sombra de Al Qaeda. “Las buenas intenciones”. La Unión de Tribunales Islámicos (Parte I)

Sandra Suárez Berlanga 

Mogadiscio, la que algunos han bautizado como la ciudad de los muertos, era en 1992 un polvorín a punto de estallar. Tras la caída del dictador, Siyad Barre, los señores de la guerra que lideraban las diferentes milicias creadas para derrocar al sátrapa se enzarzaron en luchas fratricidas por hacerse con el control del país.

Una certera instantánea de la situación de la capital somalí la encontramos en Jordi Raich, coordinador de proyectos humanitarios que en aquella época trabajaba para Médicos Sin Fronteras (MSF), quien explica en su libro El espejismo humanitario cómo la capital somalí estaba dividida por una Línea Verde. “Así se llamaba la frontera imaginaria que dividía en dos la capital de Somalia. Mogadiscio Sur era el feudo del General Aidid, que aseguraba ser el presidente electo. Mogadiscio Norte era territorio de Ali Mahdi, supuesto presidente interino de un Gobierno y una nación que habían dejado de existir meses atrás. Cada sector tenía sus propias reglas y moneda. Una ciudad, dos países”.

En medio del caos originado por los enfrentamientos de las diferentes facciones de base clánica, la ayuda humanitaria era secuestrada sistemáticamente para satisfacer las necesidades de las milicias armadas. Mientras tanto, a una población asolada por la hambruna y acorralada por las balas no le quedaba más remedio que huir a los campos de refugiados para salvar la vida.

Mogadiscio se había convertido en la Beirut africana, un enclave tremendamente inestable donde los cooperantes humanitarios tuvieron que renunciar a uno de los fundamentos de su trabajo: trabajar sin armas. Este principio desapareció en Somalia para que las cuatro únicas ONG que operaban en el país- MSF, Save the Children, SOS y CICR- pudiesen repartir toneladas de alimentos que aseguraban la supervivencia de más de un millón de personas.

La ONU reaccionó a la catástrofe somalí iniciando en abril de 1992 la operación UNOSOM I (resolución 751), que pretendía asegurar la distribución de ayuda humanitaria a la vez que intentaba poner en marcha un proceso de reconciliación nacional. La misión fracasó ante la hostilidad presentada por los grupos leales a Aidid y en mayo de 1993 nació la UNOSOM II, autorizada por la resolución 813. Pero esta vez la ONU no caminaba sola. EE UU entró en escena con una fuerza militar, la United Task Force (UNITAF) en el marco de la mediática operación “Devolver la esperanza”.

“Las buenas intenciones”

Cuáles fueron las razones para que EE UU interviniese mediante una fuerza militar en Somalia es una pregunta para la que se han ofrecido múltiples respuestas. La Administración de Bush padre trató de ofrecer una imagen altruista de solidaridad para con un pueblo agonizante y muerto en vida. Sin embargo, muchos fueron los que pusieron en duda las intenciones desinteresadas de la primera potencia mundial que abandonó el estado africano en 1994 con las imágenes de los Black Hawk derribados  y de los marines linchados en la retina.

El que fuera corresponsal de La Vanguardia, Bru Rovira, explica en África. Cosas que pasan no tan lejos que “la operación ‘Devolver la esperanza’, Restore Hope, está más motivada por el impacto emocional que han producido las imágenes de niños muriéndose de hambre emitidas por la CNN, que por la voluntad política de corregir el caos en el que vive el país”. Y añade “el Secretario de Defensa, Dick Cheney, quería, ha escrito Gérard Prunier, una guerra “idealista” en el Tercer Mundo que ayudara aumentar el presupuesto del Pentágono y así reforzar el complejo militar industrial. Según, Prunier, las tres claves de la intervención serían los medios de comunicación, la caridad y el Pentágono. ¿Somalia? Un pretexto”.

Esa imagen de estado salvador, justiciero, solidario y magnánimo no caló en los sectores más críticos que no dudaron en señalar al otro protagonista de la intervención de EE UU: el petróleo.

La cuestión del oro negro la aborda el doctor en Filología Árabe y profesor en el departamento de Estudios Árabes de la UAM, Ignacio Gutiérrez de Terán en Somalia. Clanes, islam y terrorismo internacional. Explica Terán que “se sabía ya que en la época de Barre las compañías estadounidenses habían obtenido concesiones millonarias para explorar y perforar amplias extensiones de la costa somalí…Una de estas compañías, Conoco, la más implicada en Somalia, participó en la operación “humanitaria” de 1993 y cedió sus oficinas en Mogadiscio a la embajada de su país. La guerra perjudicó sobremanera los afanes de las grandes petroleras, en especial los de Conoco, la cual, se decía, había descubierto reservas notables en la frontera septentrional con Etiopía”.

Según esta teoría, a EE UU le convenía una situación de estabilidad política en Somalia para poder hacerse con sus supuestas reservas de petróleo y gas y, por ende, aumentar su presencia en una zonal vital del Cuerno de África que le ayudase a  controlar el estratégico golfo de Adén.

En la actualidad, China avanza imparable su presencia en África de la mano de sus compañías petroleras. Kenia, Etiopía y, sobre todo, Sudán son los países africanos en los que  el gigante asiático posee intereses económicos, de ahí el renovado interés de EE UU por las supuestas riquezas que atesora el suelo somalí.  La primera potencia mundial no quiere quedarse atrás en la carrera petrolífera y en el control de un continente exprimido por las potencias del Primer Mundo.

Dejando a un lado el interés por el crudo, otra de las teorías sobre las razones de la intervención de EE UU en Somalia en 1993 defiende que fue un creciente temor a que corrientes islamistas se instalaran en el país somalí lo que llevó a los norteamericanos a enviar una fuerza militar a Somalia. Así, Rovira relata en su libro cómo en una conversación con el que fuera entonces embajador estadounidense en Yibuti que “me viene  a la memoria sus comentarios sobre el interés de su gobierno por los movimientos islámicos que estaban introduciéndose en la región aprovechando el caos provocado por la guerra civil. Entonces, nadie hizo demasiado caso a las palabras del embajador, pero ahora que sabemos Irán, Sudán y Arabia Saudí estaban detrás del grupo fundamentalista al-Ittihad no deja de ser sugerente la hipótesis de I.P Gilkes, según la cual, una de las razones principales para la intervención de Washington no fue el hambre sino el crecimiento de al-Ittihad y el miedo a que la guerra santa se extendiera por el Cuerno de África sobre los escombros de la Guerra Fría”.

Tras los atentados del 11-S en 2001 Bush hijo acusó directamente a Somalia de ayudar económicamente a Bin Ladem y el Washington Post publicó el 4 de noviembre de ese año que la nación africana podría ser el próximo objetivo de EE UU. Citando fuentes del servicio secreto norteamericano, el rotativo aclaró que Washington evaluaba dos opciones: una intervención de sus fuerzas especiales o una acción conjunta con el Ejército de Etiopía. El gobierno estadounidense tenía de nuevo una excusa para intervenir en Somalia.

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Comments
2 Responses to “(III) Somalia: El papel de EE UU y la sombra de Al Qaeda. “Las buenas intenciones”. La Unión de Tribunales Islámicos (Parte I)”
  1. jose dice:

    Leido el articulo y en breve meditacion conforme tambien con un acabado
    sentimiento humanista creo que las guerras por el poder y la codicia per-
    manente de algunos paises por tener primicias como lideres internacionales no justifican la muerte de tantos seres humanos innece-
    sariamente, el dia que el mundo alcance la paz tan esperada sera cuando ya en la tierra no hayan riquezas para repartir entre los colosos mundiales y la poblacion entera sucumba por causa de estas codicias me-
    teriales de algunos hombres que no comprenden ese mensaje de la pala-
    bra paz.

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  1. […] político de Somalia (y: 2 , 3 y […]



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