(IV) Somalia: El papel de EE UU y la sombra de Al Qaeda. “Las buenas intenciones”. La Unión de Tribunales Islámicos (Parte II)

Sandra Suárez Berlanga

Si la Administración de Bush padre no tuvo una conciencia demasiado clara del avance del movimiento islamista en Somalia, el gobierno de George W. Bush posó su mirada en el país africano tras los atentados del World Trade Center. La amenaza de que facciones del islamismo radical, tanto nacional, como alguna rama de Al Qaeda, se instalasen definitivamente en territorio somalí, y lo que era aún peor, que ganasen enteros en una carrera hacia el poder que extendería la sharia por gran parte del Cuerno de África, se había convertido en una posibilidad real.

Gutiérrez de Terán incide en que la extendida creencia de que el factor religioso había desempeñado un papel secundario en la historia política y social de Somalia no es del todo cierta. Si bien estos movimientos no desempeñaron un papel de primer orden en la vida política durante la dictadura de Barre, su presencia y auge en épocas anteriores y su férrea oposición al establecimiento de las potencias coloniales ha sido reseñado en varias ocasiones.

El precedente más importante de la Unión de Tribunales Islámicos fue la Unión Islámica (UI, al-Ittihad al-Islami) formado en los años setenta como una ramificación de los Hermanos Musulmanes egipcios. Tras la caída de Barre, la UI centró sus esfuerzos en el control de puntos estratégicos y así, por ejemplo, logró asentarse en la localidad de Luq, donde estableció su modelo de gestión islámica durante cinco años. El pequeño enclave somalí logró alcanzar cierta estabilidad y crecimiento hasta que en 1996 Etiopía desmanteló el entramado islamista de la UI a la que consideraba una organización terrorista que prestaba apoyo a los movimientos secesionistas de la antigua Abisinia.

Como explica Terán, la UI “se decantó por la prédica y la creación de centros de enseñanza con los que ir penetrando paulatinamente en el tejido social y económico somalí, todo ello con la ayuda de donaciones aportadas por organismos islámicos internacionales. Según los servicios de inteligencia estadounidenses, los islamistas se habían infiltrado en al-Barakat, la mayor red de telecomunicaciones y envío de remesas de Somalia, acusada de desviar fondos a Al Qaeda. A pesar de que, en su momento, el coordinador de Naciones Unidas para Somalia, Randolph Kent, descartó la implicación de al-Barakat con Al Qaeda sus activos quedaron congelados. Asimismo, fue ganando un mayor número de adeptos entre las clases liberales y entre los comerciantes y hombres de negocios asentados dentro y fuera del país. Esta base constituyó el meollo de los Tribunales Islámicos, los cuales fueron adquiriendo el potencial militar y el sustento del que carecía la Unión Islámica”.

La Unión de Tribunales Islámicos

Sin embargo, al-Ittihad no prosperaría en su proyecto y fue relevado por quienes sí habían encontrado la llave para acceder al poder en Mogadiscio. La Unión de Tribunales Islámicos derrotó en 2006 a los señores de la guerra imponiendo la sharia en la capital somalí. Su primera victoria reseñable, rápida y efectiva, puso muy nerviosa a la Casa Blanca que, junto con Etiopía, se apresuró a trazar una estrategia para expulsar a los islamistas del poder.

La UTI, que había comenzado a establecerse en la capital somalí a  mediados de los noventa, está integrada por diferentes grupos. Además de los restos de la UI, destacan miembros de la Yamaat al-Tabligh o de  Harakat Islah. La mayoría de sus responsables pertenecen a las clases liberales que reciben ayuda económica de importantes empresarios afiliados a sus intereses políticos.

Si en un primer momento el propio Gobierno Federal Transitorio consideró que la victoria de los islamistas podría acarrear consecuencias positivas, puesto que por primera vez en mucho tiempo se había conseguido restaurar la seguridad y estabilidad, y además contaban con el apoyo de gran parte de la población, pronto cambiaron de parecer. Una de las razones fue la designación de Hasan Dahir Aweis como jefe de los islamistas. Dahir, considerado por EE UU como un colaborador de Bin Laden, representaba al ala más radical dentro de la UTI y una amenaza fehaciente de la imposición de una nueva república islámica

Si hasta entonces el factor islamista no se había manifestado de forma clara, ahora, Somalia estaba de nuevo en el punto de referencia internacional. La Administración Bush veía legitimada su cruzada contra el terror que actualizaría con diversos bombardeos en 2007 y 2008 sobre regiones dominadas por la UTI, y con el apoyo de Addis Abeba que se adentraría en territorio somalí para expulsar a los Tribunales Islámicos de Mogadisco.

Pero, ¿qué hay de verdad en las acusaciones de EE UU que relacionan a la UTI directamente con Al Qaeda? ¿Son fidedignas las informaciones norteamericanas que sitúan campos de entrenamiento terrorista en suelo somalí o es una excusa más para justificar su presencia en el estratégico Cuerno de África? ¿Engañan los señores de la guerra a la Administración Bush engordando listas de supuestos terroristas somalíes o es la primera potencia mundial la que se “deja engañar” para poder esgrimir argumentos de peso que justifiquen sus acciones armadas en estados fracasados como el africano?

Una de las pocas verdades observables es que hasta el momento el papel de Washington se ha circunscrito a mantener sus intereses antes que a mejorar la situación del pueblo somalí. La cortina de humo que supuso “Devolver la esperanza” y las actuaciones vigentes en países como Iraq o Afganistán dejan muy poco margen al optimismo y a la confianza en que una intervención de EE UU pueda suponer mayores cotas de paz y libertad para ningún territorio. Sus alianzas con diversos países africanos que persiguen intereses muy diferentes en Somalia demuestran su escaso interés en la resolución de un conflicto agónico que dura más de 15 años. La invisibilidad de los más débiles seguirá siendo el estribillo más cínicamente interpretado por quienes ondean incesantes la bandera del tan borroso concepto de “Derechos Humanos”.

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