Por qué Kosovo no merecía la pena

Por Ruth Wedgwood. Traducción: Yago Madrona

Tras la reciente guerra en Georgia y con una crisis diplomática internacional aún abierta, resulta gratificante leer artículos como el de R. Wedgwood, colaboradora de la revista Newsweek. Pero no por lo acertado de sus palabras, que por supuesto lo son, sino porque son recogidas en un medio de comunicación estadounidense: rara vez un soporte norteamericano critica (aunque sea veladamente) la política exterior de su Gobierno, salvo cuando afecta directamente a la política interior. Y menos en temas tan complejos como el de Kosovo y sus implicaciones europeas (Rusia, UE, Balcanes…). Nos hemos permitido ofreceros una traducción íntegra del artículo cuyo original fue publicado el 29 de agosto de 2008.  

“En febrero, y con el apoyo de Estados Unidos, kosovo declaró su independencia, 9 años más tarde de la intervención militar de la OTAN para detener los crímenes de Serbia en la provincia. Poco después de que Kosovo izase su nueva bandera nacional, Rusia, el gran aliado de Serbia, advirtió a través de su ministro de exteriores de que los argumentos utilizados para Kosovo “creaban un precedente” aplicable en otras partes del mundo. Ahora, tras la invasión de Georgia por parte de Rusia (con la excusa de proteger a los separatistas de Abjazia y Osetia del Sur), es un buen momento para tomarse un tiempo y preguntarse, ¿mereció la pena Kósovo?

Una reciente visita a este diminuto país revela lo complicada que puede llegar a ser la vida para un microestado. Kósovo tiene una población joven y pro-occidental que habla inglés, tiene buenos conocimientos técnicos y está emocionada por la formación de un nuevo gobierno. Y hasta ahí llegan las buenas noticias.

Las malas: La tasa de desempleo entre la gente joven es del 60%. Este país montañoso, sin salida al mar y con una larga primavera podría ser el jardín de Europa. Pero, por un lado carece de carreteras de más de dos carriles (uno de ida y otro de vuelta) y, por otro, apenas dispone de una herrumbrosa línea férrea y una conexión aéra con el resto del mundo muy cara. El primer ministro actual, Hashim Thaci, antiguo líder del Ejército de Liberación de Kósovo, ha prometido construir en cinco años una autopista que lleve hasta la vecina Albania. Ésa será su mejor salida al mundo exterior. Mientras tanto, los frecuentes cortes del suministro eléctrico a veces duran horas incluso en la capital, Pristina, y la construcción de la planta eléctrica financiada por el Banco Mundial se ha frenado por disputas sobre el suministro de carbón.

Pristina bulle con restaurantes que se mantienen gracias al personal de las organizaciones internacionales, que se pueden permitir unos precios inalcanzables para los kosovares. Las carreteras que llevan hasta las fronteras de Kosovo están salpicadas de casas de ladrillo a medio construir. Pero que se pagan con los envíos de dinero de los jóvenes que se fueron a trabajar a Alemania, Suiza o Italia. Dentro del país, el pulso económico es tan débil que muchos temen que la juventud decida finalmente adoptar la vieja costumbre de dedicarse a otras formas de comercio transfronterizo e ilícito, como el tráfico de drogas, de armas, o la trata de blancas.

Con respecto al gobierno de este estado recién nacido, aún no está claro quién está al mando. Bloqueado por Rusia, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas no ha sido capaz de finiquitar el marco político diseñado para Kósovo tras la intervención de la OTAN. Lamberto Zannier, jefe de la UNMIK, la misión de Naciones Unidas en Kósovo, se mantiene en su puesto a pesar de que su cometido está cada vez menos claro. Pero debe seguir allí porque Belgrado se niega a dialogar directamente con el gobierno de Kósovo. La UNMIK es además la única autoridad local aceptada por los serbios que aún viven en el norte de Kósovo, incluida la ciudad de Mitrovica.

La Unión Europea y los Estados Unidos están colaborando en el diseño de sus leyes y están intentando dar soluciones a ciertos problemas administrativos. Pero los andamios del edificio legal de Kósovo son tan intrincados que harían caer a cualquier albañil. Bruselas se disponía a desplegar 1.700 funcionarios entre policías, jueces, fiscales, agentes de aduanas… pero la misión se ha pospuesto porque aún no está claro ante quién hay que responder. Más 15.000 militares de la OTAN siguen en este pequeño país con el objetivo de controlar cualquier enfrentamiento étnico. Un encargo en el que fracasaron en 2004 con consecuencias desastrosas: 8 personas muertas, 900 heridos, cientos de hogares serbios destruidos e iglesias ortodoxas quemadas. Desde entonces, la OTAN ha dado más libertad de acción a sus efectivos, que siguen siendo soldados, no policía. Pero no está claro si podrían sofocar un disturbio sin provocar ninguna muerte.

El reciente regreso del antiguo líder de ELK, Ramush Haradinaj, a la vida política añade un poco más de confusión. Acusado de crímenes contra la humanidad, Haradinaj fue absuelto y puesto en libertad en abril por el Tribunal de La Haya. Algunos testigos murieron. Otros alegaron haber sido amenazados. El fallo ha incomodado a la comunidad serbia de Kósovo y también puede poner en jaque el liderazgo del primer ministro Thaci.

Desde una perspectiva internacional, la situación no es mejor. Sólo 45 países han reconocido la independencia de Kósovo. Naciones Unidas nunca lo admitirá en su seno porque Rusia cuenta con derecho a veto. Aunque sí podría ser aceptado por el Banco Mundial, en el que no existe esa norma. Entre sus vecinos europeos más próximos, no han reconocido su independencia Bosnia, Grecia Macedonia, Montenegro, Rumanía ni Eslovaquia. Tampoco Georgia. Y los aeropuertos internacionales pueden poner en serias dificultades a los viajeros kosovares, cuyos pasaportes pueden ser rechazados.

Al menos un Secretario de Estado, Lawrence Eagleburger, fugaz jefe de la diplomacia en tiempos de George Bush padre, se manifestó contra la independencia de Kósovo con el argumento de que la creación de nuevos microestados provocaría innecesariamente a Rusia y a otros países multiétnicos. La ironía es que Kósovo podría haber conseguido más o menos lo mismo que ya tiene con una autonomía garantizada internacionalmente pero dentro de Serbia. Aún así, Washington no permitió que esa posibilidad se contemplase. Ahora, dado el mal uso que Rusia ha hecho del precedente de Kósovo, cabe plantearse que ésta puede ser una buena opción para casos futuros”.

Revista Newskeek. 29 de agosto, 2008

Ruth Wedgwood es catedrática de Derecho Internacional y Diplomacia  en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Maryland, USA)

Un comentario a “Por qué Kosovo no merecía la pena”

  1. pensionista Says:
    Octubre 19th, 2008 at 4:40 pm

Ahora resulta que Rusia es el malo de la pelicula porque apoya a Osetia y Abjasia. Y todo porque, al parecer, tiene intereses economicos y politicos. Y, además, Georgia es un pais democratico. ¿Pero qué pasa con Kosovo? ¿Quién tiene intereses en que sea independiente? ¿No es Serbia un pais democratico?

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