“La MONUC no es un dispositivo de seguridad para las gentes que viven en territorios ocupados y/o arrasados por grupos armados”

Entrevista de Iván Sevilla a Juanjo Aguado

Los cooperantes viven la realidad de países a los que los medios de comunicación sólo llegan cuando lo que pasa en ellos es “noticia”. Muchas veces se quedan atrapados en esa realidad cuando la situación llega a un punto crítico, por lo que son los únicos que pueden informar desde dentro. Lo hemos visto con el cooperante de la ONG Free Gaza Alberto Arce en la reciente guerra en tierras palestinas. Otras veces regresan a su país natal y nos dan la oportunidad de entrevistarles en persona. Lo que Juanjo Aguado, jesuita, ingeniero, profesor y colaborador de la ONG Entreculturas, nos contó tras pasar 6 meses en Kivu Norte, el epicentro del conflicto en Congo, puede acercarnos un poco más a una de esas realidades olvidadas los por medios.

Pregunta. La teoría oficial señala que la guerra que asola el Congo está motivada por el odio entre las etnias hutu y tutsi. Pero las extraoficiales apuntan a un interés de los países occidentales por el control de un mineral del que Congo posee el 80% de las reservas mundiales: el coltan. ¿Cuál es su opinión? ¿Por qué cree que la guerra del Congo, que dura ya más de una década y que se ha cobrado más de 5 millones y medio de muertos, no es tan noticiosa como otros conflictos, por ejemplo el de Gaza? ¿Cree que es el mencionado coltan, crucial para la fabricación de tecnología de última generación, el que está detrás de todo?

Respuesta. Es evidente que la razón fundamental de este conflicto es la explotación de los recursos minerales y en concreto, en Nord-Kivu, del coltan. En la medida en que la guerra siga con esta “baja intensidad”, ni se convierte en “espectáculo” para los medios de comunicación, ni se presenta como algo “serio” (que hay que parar) a la sociedad. Se presenta como uno de esos típicos conflictos entre etnias africanas que nunca tendrá solución, y de este modo se puede continuar la explotación ilegal de los minerales, en un mercado negro que da muchos beneficios a unos pocos: los traficantes y señores de la guerra, a algunos políticos corruptos y a las empresas que compran el mineral a bajo coste.

P. Un resumen rápido de la situación sería que el ejército congoleño, apoyado por Angola, Zimbawe y milicianos hutus huidos de Ruanda tras la masacre de la década pasada, se enfrenta a guerrillas locales, principalmente a la liderada por el general Nkunda del CNDP (Congreso Nacional por la Defensa del pueblo) quien, promocionado por Uganda y Ruanda, presume de ser el principal defensor de la minoría tutsi. Algunas voces aseguran que ambos bandos están cometiendo todo tipo de atrocidades contra la población.

R. Aquí hay varias cosas que me parece que merecen precisión. El ejército congoleño no tiene ahora un apoyo militar de Angola y Zimbawe. Desde mi experiencia de estancia allí, esto no es más que un rumor no documentado y no muy extendido. La colaboración del FDLR (Frente Democrático para la Liberación de Ruanda) con el ejército congoleño es más de mutuo consentimiento que de acciones conjuntas. En resumidas cuentas, el ejército congoleño intenta recuperar el control de un territorio en el que se encuentran las milicias del FDLR, el ejército rebelde del CNDP y las milicias “populares” de Maï-maïs (aliadas del gobierno), al mismo tiempo que alberga en su seno coroneles y brigadas con un funcionamiento indisciplinado e interesado. Todos buscan el control de la explotación de minerales, al mismo tiempo que justifican su existencia y sus acciones como defensa ante la presencia de los otros grupos. El hecho de las atrocidades contra la población es más que “unas voces”. Cualquier informe de HRW (Human Rights Watch) o de OCHA (Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios) puede ser utilizado para corroborarlo.

P. Está claro que es la población civil la que sufre las peores consecuencias. Un ejemplo es el cáncer que produce en los mineros, muchos niños, la extracción de coltan. Por no hablar de las violaciones a mujeres o los niños soldados.

R. ¿Esto es pregunta? ¿Respuesta? En cualquier caso es verdad.

P. Hay quien acusa a la misión de paz desplegada por la ONU (MONUC) de ineficaz por falta de medios. Esto parece ser lo que provocó la dimisión en agosto pasado del general español al frente la MONUC Diaz de Villegas. Pero otros van más lejos afirmando que la misión es inoperante a propósito. Algunos ciudadanos congoleños han asegurado ver cómo soldados de la MONUC han transferido armas y comida y cómo han prestado transportes a los rebeldes de Nkunda. De hecho el obispo congoleño Jean Anatole Kalala Kaseba declaró a la revista Mundo Negro que los observadores de la ONU estaban en Congo para “confirmar la partición del país. Tenemos razones para pensar que (los soldados de la ONU) han sido enviados por las multinacionales” que controlan los recursos. ¿Qué valoración haces de la misión de Naciones Unidas?

R. No tengo elementos para juzgar la intencionalidad final de la MONUC, pero sí experiencias numerosas y directas sobre el terreno de su falta de operatividad y eficacia a la hora de “mantener la paz” y de proteger a la población civil. Para realizar su misión sería preciso emplear otros recursos (más técnicos que humanos), otra estrategia (más claramente del lado de la autoridad legítima del país) y otros procedimientos (con la posibilidad de imponer la paz, desarmar a grupos armados fuera de las zonas acordadas, etc). Y parece evidente que no hay voluntad política de realizar este papel. Es posible que de algún modo, la MONUC no sea más que un “dispositivo de seguridad” para que el conflicto no estalle en las conciencias de los países que se presentan preocupados por este país. Pero desde luego no es un dispositivo de seguridad para las gentes que viven en territorios ocupados y/o arrasados por grupos armados. Creo que las razones últimas de su dimisión habría que preguntárselas al General Diaz Villegas pero no me extrañaría que se encontraran en esta línea de ver que la presentación “puertas afueras” de la MONUC no se corresponde con las necesidades y las actuaciones reales “sobre el terreno”. Una pregunta que me hago al ver allá soldados indios, pakistaniés, uruguayos, guatemaltecos, etc. es qué sentido tiene enviar tropas con un desconocimiento absoluto del francés. No hay comunicación alguna con la población a la que hay que proteger

P. ¿Resulta difícil hacer llegar la ayuda humanitaria a los ciudadanos? ¿Cómo llega lo que llega?

R. Llega ayuda, bastante pero insuficiente. Pero esta ayuda no llega a la población más alejada de las ciudades o pueblos importantes. Falta una estructura administrativa autóctona y libre de corrupción. Las ONG’s que pretenden hacer llegar la ayuda sólo a través de sus medios institucionales suelen fracasar a la hora de canalizarla a las pequeñas localidades y a la hora de distribuirla en función de las necesidades reales y no de programaciones hechas en los despachos. Y la ayuda que se entrega directamente a las administraciones públicas se queda en las manos de unos pocos que creen que administrar es un privilegio que les da derecho a guardar y beneficiar a “los suyos”. Desde mi experiencia, la Cáritas local, la parroquial, la del barrio es un tipo de canal de distribución cualificado si se le da un mínimo de seguimiento y control. Otras ONG’s locales podrían serlo si se supervisa bien su gestión.

P. ¿Hasta qué punto los corredores humanitarios están resultando efectivos? Son muchas las personas a las que no les llega la ayuda y muy alta la cifra de cooperantes fallecidos o heridos. Un ejemplo es la misionera burgalesa María Presentación López Vivar, perteneciente al Instituto de Religiosas San José, quien perdió las piernas el año pasado al estallar una bomba en su casa en Rutshuru, en Kivu Norte.

R. Los corredores humanitarios son en cierto modo ficticios pues se abren o cierran en función de los intereses coyunturales de los distintos grupos armados que controlan cada zona. Y no se han conseguido evitar las tasaciones, los asaltos, los ataques e incluso los asesinatos del personal humanitario. El lunes 15 de diciembre por ejemplo, acribillaron con metralleta a las 12h del mediodía un vehículo de la (ONG) AVSI a la entrada de Rutshuru. Un asistente de proyecto falleció en el acto y el chofer resultó gravemente herido. El lunes siguiente otro vehículo de la IRC (International Rescue Comité) fue asaltado y robado.

P. ¿Cuál es tu reflexión después de 6 meses en Congo? ¿Cuál es para ti la solución al problema del país?

R. En síntesis puedo decir que he descubierto por experiencia propia la hipocresía de los países que se dicen desarrollados y defensores de los derechos y valores humanos. Mientras que se presentan como mediadores y portadores de ayuda humanitaria, siguen vendiendo armas de modo incontrolado e innecesario, siguen explotando los recursos minerales del Congo y de otros muchos países africanos al margen de los gobiernos locales y siguen jugándose sus intereses geoestratégicos en la tierra de millones de víctimas inocentes.
Creo que si una intervención militar de la ONU se situara decididamente en la línea de colaboración con las FARDC (Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo) para recuperar el control de la zona, la paz sería posible, ya que las fuerzas presentes en la zona son de escasa envergadura. Esta intervención debería ir acompañada al mismo tiempo de unas serie de medidas de control de las  brigadas de las FARDC que garanticen que cumplen su función y no se convierten en “refugio” de nuevos “señores de la guerra” con uniforme oficial. Y finalmente, esta intervención exige el compromiso y la colaboración de los países vecinos (Ruanda, Uganda y Burundi) para no interferir en la gobernabilidad del Kivu con críticas al gobierno de Kinshassa  y apoyo a los grupos armados. La intervención internacional debería hacer tanta fuerza o más que en lo militar, en el seguimiento y vigilancia de los medios empleados y en la aplicación de la justicia real en todo lo que concierne a los atentados a los derechos humanos: ¿una policía judicial de la ONU?
He aprendido también que la humanidad, el reconocer y compartir la condición de ser “humano”, lo que desde la fe cristiana expresamos como ser “hermanos” es el medio más eficaz para “desarmar” el conflicto y para “desenmascarar” la hipocresía de tantos intereses creados. Si las víctimas son también seres humanos, si los consideramos y apreciamos como hermanos, todo el “montaje” que alimenta la guerra se caería como vemos estos días que cae la prisión “out-of-the-law” de Guantánamo.
Y por último, que el desarrollo humano no se mide solo ni principalmente con indicadores económicos, sino que se vive y se aprecia con encuentros personales, con el trabajo en equipo y con sueños y proyectos compartidos.

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Comments
2 Responses to ““La MONUC no es un dispositivo de seguridad para las gentes que viven en territorios ocupados y/o arrasados por grupos armados””
  1. Gonzalo Lobrígida dice:

    Vaya titular, amigo.

    VAYA TITULAR.

  2. Giovanny Landinez dice:

    Sin lugar a dudas la realidad que viviste alli te permite aportarnos un panorama de lo que para muchos pasa inadvertido.

    Existen muhos ejemplos que confirman la doble moral con que paises desarrollados se manejan internacionalmente para favorecer sus intereses.

    Felicitaciones, esa ultima reflexión, de seguirla, nos permitiria superar muchos problemas. Entre tantos el conflicto que se viene cocinando entre Colombia y Venezuela para nombrar uno actual.

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