Las dos caras de la moneda

Por Iván Sevilla García-Hierro

Hablar de la Venezuela de los últimos 10 años es hablar de Hugo Chávez: este camaleónico militar ha cambiado gracias al petróleo el rumbo político del país caribeño. Algunos dicen que los venezolanos pobres lo aman y los ricos lo odian. Pero lo más prudente cuando se quiere juzgar a alguien es recurrir a fuentes “neutrales”. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), dependiente de la ONU, la pobreza en Venezuela bajó de casi un 50% al 30,2 y la pobreza extrema se redujo del 21,7 al 9,9 entre 1999 y 2006. La misma fuente señala la reducción del desempleo, el significativo aumento de los centros de asistencia médica y la disminución de la mortalidad infantil desde que gobierna Chávez. Además la UNESCO declaró al país “Territorio libre de analfabetismo” en 2005. Hasta aquí la “cara”.

Ahora la “cruz”. Human Rights Watch denunció la sistemática violación de los Derechos Humanos por parte del Gobierno justo antes de su expulsión del país el verano pasado y la ONG Transparencia Internacional califica a Venezuela como el segundo país más corrupto de América Latina después de Haití. Además analistas internacionales, como el experto en América Latina del Instituto Elcano Carlos Malamud, afirman que el error del caudillo latino a la hora de desarrollar su política social es la dependencia del petróleo: la falta de diversificación, demostrada con la baja productividad de los sectores agrícola e industrial, sirve para augurar un incierto futuro.

Muchas son las noticias económicas que nos han llegado de Venezuela últimamente. Y todas van en la misma línea: expropiación de tierras, como las requisadas a la papelera irlandesa Smurfit Kappa Group; embargo de la filial arrocera de la multinacional alimenticia americana Cargill; amenazas al Grupo Polar, primera alimenticia del país, de hacer lo propio… Los detractores de Chávez afirman que lo hace para  paliar los efectos de la crisis mundial y, sobre todo, por la caída de los precios del petróleo. Otras voces rumorean que el objetivo es aumentar la cobertura de sus famosas “misiones”: las más importantes son Robinson (erradicación del analfabetismo), Barrio Adentro (sanidad gratis) y Mercal (alimentos a precios asequibles). En cualquier caso, estamos ante un fortalecimiento del papel Estatal en detrimento del privado.

Es posible que generalizar polarizando a los defensores de Chávez entre ricos y pobres sea aventurado. Pero no lo es decir que en Venezuela existen sólo dos posturas: la chavista y las demás. Según un reciente análisis publicado por BBC Mundo, Gobierno y oposición distan mucho de encontrarse. El Ministerio de Comunicación e Información sostiene que los principales logros del caudillo venezolano han sido la reducción de la pobreza, el analfabetismo y el paro, el alcance de la atención médica gratuita, el crecimiento de la economía y de las reservas internacionales, el aseguramiento de la cesta básica alimenticia para todos los ciudadanos, el recorte de la deuda publica, la soberanía tecnológica y la igualdad entre géneros. Según Nuevo Tiempo, principal partido de la oposición, la inflación, la dependencia de las importaciones, la violación de los derechos humanos, la corrupción, la reaparición de enfermedades endémicas, la eliminación del Estado de Derecho y de la democracia y las malas relaciones internacionales han mermado al país. Son posturas tan radicalmente opuestas que, de llevar razón la oposición, Chávez debería caer por su propio peso y cualquiera de los partidos contrarios subir al poder en las elecciones de 2012. Pero la realidad es que el gran carisma de Chávez y su control del oro negro contrarrestan los efectos de una oposición crítica aunque desunida y carente de programa.

Con una participación del 67,05% del electorado, el 15 de febrero Chávez consiguió en referéndum, tras varios intentos infructuosos, como el del 2 de diciembre de 2007, y con un 54,36% de los votos, suprimir los límites a la reelección de funcionarios electos, entre ellos el propio Presidente. Algo que España, por ejemplo, es práctica normal. A lo mejor se debe a que el gasto público supone un 30% del PIB y la mayor parte se destina al gasto social, lo que para muchos es lo mismo que comprar votos con comida. Pero si en España se acepta que políticos como Manuel Fraga o Felipe González ocupen puestos de poder durante lustros, en el mundo no está bien visto que Chávez pueda ocupar el sillón presidencial hasta más allá de 2020. Quizá sea por su carácter, tendente a histrionismos como el “aquí huele a azufre” que soltó en la 61 Asamblea General de Naciones Unidas cuando le tocó hablar a él en el mismo atril en el que antes había pronunciado su discurso el entonces presidente de los EE. UU. George Bush.

Las relaciones con el resto del mundo son para el ciudadano de a pie inaceptables. Pero para el que lee entre líneas resultan ligeramente diferentes. Tomando como dato reseñable otra vez a los EE. UU., pese a las “diferencias” políticas, Venezuela envía a este país un millón de barriles diarios de crudo y el 60% de sus exportaciones totales y el 22% de sus importaciones son con EE.UU., convirtiéndose así los americanos en sus principales compradores de petróleo y en uno de sus mejores socios comerciales. El intercambio comercial, importaciones y exportaciones, con EE.UU. durante 2008 superó los 75.000 millones de dólares. Pero aquellos con los que mercadeas pueden ser también los que más te boicotean: EE.UU. obligó a España a no vender aviones militares a Venezuela que incluyeran tecnología americana. Las relaciones internacionales, como las personales, están llenas de contradicciones.

Venezuela está alcanzando un protagonismo internacional sin precedentes. Las relaciones comerciales con Irán o China, así como la cooperación con Rusia, patente en las recientes maniobras militares conjuntas, son algunos ejemplos. Grandes proyectos como los paralizados gaseoducto del Sur y Banco del Sur, los acertados Telesur (televisión de alcance continental), el satélite de comunicaciones Simón Bolívar (que cubre desde el sur de México hasta el centro de Argentina) o el económico Plan ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), o la posible línea ferroviaria que uniría Caracas con Buenos Aires demuestran el objetivo de Chávez, enmarcado dentro de su “Revolución Bolivariana” y su “Socialismo del S. XXI”, de convertir a Venezuela en el adalid de América Latina frente al tradicional dominio de EE. UU. Aunque ese objetivo se vea frenado por el natural y socialdemócrata liderato de Brasil. No se puede negar que América Latina posee ahora actores más protagonistas en la política internacional y más activos a la hora de promover el soberanismo del Sur: MERCOSUR, UNASUR, Grupo de Río o el propio Plan ALBA que desbancó al estadounidense y liberal ALCA. Pero tampoco que, ya sea por su carisma, su hiperactividad bolivariana, o los petrodólares que se está dejando en apoyar el giro a la izquierda de Latinoamérica (Argentina, Bolivia, Ecuador…), Chávez es uno de ellos. Y, de momento, ya se ha postulado para las elecciones presidenciales de 2012.

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