Las relaciones entre España y Marruecos (II)

Por Iván Sevilla García-Hierro

Uno de los objetivos del país norteafricano ha sido siempre la construcción del Gran Marruecos, que incluye territorios como Ceuta y Melilla, las Canarias o, por supuesto, el Sahara Occidental (así como territorios de Malí, Mauritania y Argel).

El 30 de julio del 2000, con motivo del primer aniversario de su entronización, Mohamed VI afirmó: “(…) seguiremos apoyando a la ONU en su plan de arreglo, a través de un referéndum de autodeterminación del territorio que  confirme su carácter marroquí, arremetiendo contra los que pretenden oponerse a la unificación de nuestro territorio”. Pero aunque se puede hacer una lectura nacionalista del tema del Sahara, también se puede realizar otra económica: el Sahara Occidental posee el segundo mayor banco pesquero del mundo y una gran riqueza en fosfatos.

Respecto de Ceuta y Melilla, aunque han sido empleadas como interesada arma arrojadiza contra España desde la firma del Tratado de Fez en 1956 por el que España finalizaba su Protectorado, el país alauita “formalmente nunca ha presentado sus reivindicaciones dentro del Comité de los 24, encargado de las cuestiones de descolonización en el marco de las Naciones Unidas. Por tanto, Ceta y Melilla y sus dependencias no figuran en la lista de territorios no autónomos en espera de ser descolonizados”, afirma González en su libro. Y continúa afirmando que, comparando este conflicto con Gibraltar, “no es posible establecer ningún tipo de analogías ya que Gibraltar constituye un territorio no autónomo según el derecho de descolonización de la ONU. A su vez, el Reino Unido, a pesar de la ambigüedad en la exposición del tema, ha reconocido a Gibraltar como colonia”.

Estas cuestiones, sumadas a las beneficiosas relaciones que Marruecos mantiene tanto con EE. UU. como con la UE, hacen suponer que Marruecos juega y jugará a mantener la doble actitud de reclamar sutilmente Ceuta y Melilla y cooperar con España: una actitud marcadamente hostil pueden reportarle más riesgos que ventajas. “La postura de Washington respecto a Rabat es geopolítica y estratégica, guiada por la estabilidad regional, el control del islamismo y el Mantenimiento de la continuidad política en Marruecos, mediante reformas internas”, asegura González. No en vano, EE. UU. ha firmado un Tratado de Libre Comercio con Marruecos (segundo país árabe tras Jordania y primer africano en tener un Free Trade Area con EE. UU.), y le ha concedido el status de aliado preferencial fuera de la OTAN (ambos acuerdos en 2004). Marruecos obtiene así una forma de equilibrar su dependencia respecto de la UE.

En cuanto a la pesca, Marruecos ha sabido jugar bien sus cartas, convirtiéndola en un elemento clave en su política de negociación con la UE y, sobre todo, con España: el reino africano ha logrado reducir el número de capturas en sus aguas (bajo falso velo ecológico)  y, ala vez, fuertes contrapartidas económicas. España se ha visto obligada a deshacerse de parte de su flota y a reubicar (hacia aguas como las de Mauritania) a otra parte. Un ejemplo de estas contrapartidas son los 20.000 millones en deuda transformada concedidos en 2002: la deuda transformada consiste en vender a inversores españoles o marroquíes residentes en España deuda exterior marroquí para la realización de proyectos de inversión en Marruecos.

Los provenientes del Magreb y del África subsahariana son el grupo de inmigrantes con mayor índice de crecimiento en España en las últimas dos décadas. Sólo Marruecos aporta el 20% de los inmigrantes que hay en nuestro país (manejando cifras en torno a los tres millones de foráneos). España es el primer receptor de inmigración de la UE (23%), seguido de Italia, Alemania y Reino Unido. La cercanía entre España y Marruecos, la imagen de éxito que los inmigrantes que residen en España transmiten, la diferencia en los salarios (la renta per cápita española es doce veces superior a la marroquí), el desempleo y la inestabilidad en el norte de África y la demanda de mano de obra europea son factores clave para la emigración desde el Sur. Respecto de este último dato, hay que señalar que “la población de la UE disminuirá en 44 millones de personas en los próximos 50 años (2000-2050) y para hacer frente a este decrecimiento, si se quiere mantener el desarrollo económico y el sistema de pensiones, serán necesarios más de 40 millones de inmigrantes”, sentencia en su libro Gónzález.

La situación geográfica de España le permite funcionar como pieza clave del dispositivo de control de los flujos de inmigrantes provenientes de África. Aunque la inmigración ilegal procedente de Marruecos se ha reducido considerablemente desde la entrada de España en los acuerdos de Schengen en 1991, la tasa inmigración sigue siendo grande, y los alrededor de 400.000 marroquíes que viven en nuestro país en nuestro país envían remesas de dinero a sus zonas de origen por un importe que supone la renta principal de Marruecos, por encima del turismo y la inversión extranjera.

Los frenos del crecimiento económico de Marruecos siguen siendo los mismos: paro, pobreza, burocracia e infraestructuras deficientes. A pesar de ello, es uno de los países más desarrollados de África, siendo la UE el principal socio comercial de Marruecos, sobre todo desde la firma en 1995 del Acuerdo de Asociación entre ambas partes: España y Francia  son los proveedores y clientes más importantes del reino alauita. En lo que a España se refiere, el saldo resulta positivo: Marruecos facilita la inversión a través de ventajas arancelarias y fiscales a las empresas que se instalan en su territorio, sobre todo a las españolas. Según González, a esto hay que añadir “cercanía histórica y geográfica, mano de obra barata y suficientemente cualificada, favorable marco jurídico hispano-marroquí, (…) apoyo por parte española a sus empresas establecidas en el exterior y facilidades otorgadas por organismos multilaterales”.

La presencia española en Marruecos se puede resumir en los siguientes apartados: telecomunicaciones (Marruecos presenta deficiencias en el transporte de personas como mercancías), energía (fomento de centrales energéticas, firma de acuerdos entre la Red Eléctrica Española y la Oficina Nacional de Electricidad marroquí, concesión de prospecciones a Repsol), industria (cesión de tecnología, sobre todo en sectores como el textil, el químico y el del plástico), infraestructuras (renovación de carreteras, aeropuertos, líneas férreas y puertos), inmobiliaria (la población de Marruecos crece a mayor ritmo que su economía, por lo que la mayoría de la gente no puede acceder a una vivienda, haciéndose necesario el fomento de la vivienda barata), agroalimentario (el 40% de la población marroquí se dedica a este sector, por o que su potencial es enorme) y turismo (cercanía geográfica e histórica).

La inversión extranjera directa de los países desarrollados en las economías del Magreb es vital para el desarrollo de la zona. La UE busca que, para 2010, los países del Mediterráneo sur estén integrados económicamente de forma plena dentro del espacio europeo meditante la liberalización total del comercio. Sin ir más lejos, la Ley de Cooperación española, en su artículo 6, fija las principales áreas geográficas de cooperación, estableciendo la zona magrebí (Argelia, Mauritania, Marruecos, Población Saharaui y Túnez) como prioritaria. También hay que atender al dato de que el Magreb compra en España más que toda Sudamérica y Centroamérica sumadas.

La cooperación bilateral España-Marruecos viene marcada principalmente por dos factores: económico y cultural. El primero ya lo hemos vislumbrado, aunque no hay que olvidar tampoco que Marruecos es uno de los países que más Ayuda Oficial para el Desarrollo española recibe en todo el mundo. En cuanto a la cooperación cultural,  Marruecos “es el primer receptor de becas españolas para estudios e investigación, en número de Institutos Cervantes, en centros de enseñanza públicos españoles, en número de profesores y alumnos impartiendo y estudiando español respectivamente, en colaboración universitaria y asesorías lingüísticas”, según datos aportados por Paloma González, y en otros temas como colaboraciones entre bibliotecas, artísticas, arqueológicas, etc.

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