El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación

El 24 de junio de 1995, Sudáfrica vivió uno de los momentos más importantes de su historia.

 

Título: El factor humano. Nelson Mandela y el partido que salvó a una nación.

Autor: John Carlin.

Editorial: Seix Barral.

Publicado en: 2009.

Páginas: 334

El 24 de junio de 1995, Sudáfrica vivió uno de los momentos más importantes de su historia. La selección nacional de rugby, los llamados Springboks, se enfrentaron en la final de la Copa del Mundo a los favoritos, los All Black de Nueva Zelanda. Pero no se trataba sólo de un partido de rugby. En el estadio de Ellis Park, en  Johannesburgo, Sudáfrica se jugaba algo que iba más allá de la ambición deportiva de un país.

En 1994, cuatro años después de la liberación de Nelson Mandela tras 27 años de encarcelamiento, Sudáfrica celebró las primeras elecciones democráticas desde que a finales de los años 40 la minoría blanca instaurase el régimen del apartheid. Un año después, Mandela confió en que la Copa del Mundo de rugby contribuiría a acabar con el odio racial todavía muy latente en el seno de la sociedad sudafricana. Sin embargo, el objetivo del líder del CNA de acercar a blancos y negros bajo el lema “un equipo, un país” no  estuvo exento de complicaciones.

El equipo de los Springboks, formado en su totalidad por jugadores blancos, a excepción de uno mestizo, seguía siendo considerado por los negros un símbolo del apartheid. Un equipo de blancos bóers que jugaban al rugby no podía representar a toda una nación multicolor como era Sudáfrica. Fue necesaria toda una campaña política y humana orquestada por Mandela para generar un sentimiento de unidad patriótica inimaginable tan sólo unos meses antes.

Mandela intuyó desde el principio el papel decisivo que podría jugar el deporte como elemento de construcción nacional y no dudó en utilizarlo en su estrategia política. Defendió a los Springboks e instó a todos los ciudadanos negros a apoyar al “equipo del país”, a la vez que se ganaba el respeto de los blancos. El sentimiento de pertenecer a una Sudáfrica unida fue calando paulatinamente hasta convertirse, el día de la gran final, en una realidad.

El arzobispo Desnmond Tutu señaló sobre los acontecimientos que “aquel partido hizo por nosotros lo que no habían podido los discursos de los políticos ni los arzobispos. Nos electrizó, nos hizo comprender que era verdaderamente posible estar todos en el mismo bando. Nos dijo que era posible convertirnos en una sola nación”.

Lo que casi todos los ciudadanos de la joven democracia africana murmuraban “Sudáfrica ya es libre” se fraguó gracias al símbolo de aquella anhelada transformación: Nelson Mandela. El viejo líder del CNA se había convertido a golpe de carisma en el presidente de todos los sudafricanos.

John Carlin narra los primeros pasos de la democracia sudafricana desde una perspectiva original y relevante. El autor insiste a lo largo de todo el libro en cómo la capacidad de seducción de Mandela consiguió fulminar los recelos entre dos razas condenadas a odiarse. El homenaje de Carlin a Mandela se une a las numerosas voces que consideran al ex mandatario africano una de las figuras más importantes de la historia política internacional.

Reseña de Sandra Suárez

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