“Sudán no ha sido más que un instrumento para poner minas a la Corte Penal Internacional”

Félix Vacas es Doctor en Derecho, especialidad en Derechos Fundamentales, y profesor de Derecho Internacional Publico de la universidad Carlos III de Madrid. Es especialista en organizaciones internacionales, Naciones Unidas, seguridad colectiva u operaciones de mantenimiento de la paz. Con varios premios en su haber, es coautor del libro Los conflictos de Sudán, uno de los pocos escritos recientes sobre el país africano elaborado por españoles. La entrevista se realizó antes del referéndum de enero.

Entrevista realizada por Iván Sevilla

Pregunta. Ahora que está de moda hablar de los Estados fallidos, ¿podemos decir con rotundidad que Sudán es un Estado?

Respuesta. Claro que Sudán es un Estado. Desde la perspectiva del derecho internacional existe Estado en el momento en que existe población, territorio y Gobierno, que controlan esa población y ese territorio. Por lo tanto un Gobierno efectivo y que además es independiente desde el punto de vista interno y externo. Lo de efectivo resulta importante, sobre todo cuando hablamos de Estados fallidos, colapsados o con vacío de poder. Estos últimos son conceptos politológicos pero que desde una perspectiva jurídica a mí me resultan peligrosos: no deja de ser una terminología inventada desde una perspectiva anglosajona, que ha sido utilizada políticamente para justificar ciertas acciones con difícil adecuación en el derecho y por tanto hay que tener cuidado. El único Estado con verdadero vacío de poder que ha existido recientemente y desgraciadamente sigue existiendo es Somalia. Ahí no hay un Gobierno efectivo (desde los 90), lo que lleva a problemas: piratería, desgobierno… Y este tipo de situación no encaja dentro de los parámetros internacionales en los que cada Estado es capaz de controlar su territorio, su población… con sus derechos y sus deberes para que no dañen a terceros.

Cuando no hay Gobierno se producen problemas jurídicos a nivel internacional. Pero en Sudán hay un Gobierno y un ejército, ¡qué les pregunten a los de Darfur si hay un ejército! Otra cosa es que nos guste o no, pero ejercita su poder. Otra cosa es que lo ejerzan más allá del derecho internacional. Un ejemplo lo tenemos a nivel diplomático. Sudán está planteando un problema serio a la Corte Penal Internacional (CPI). Y ese problema va mas allá de la falta de cooperación: antes de ser emitida la orden de captura contra Bashir se ordenó la entrega del Ministro de Defensa (junto al jefe de los janjaweed); el Gobierno de Sudán lo convirtió en Ministro de Asuntos Humanitarios: uno, para dejar claro que no iba a cooperar con el CPI y, dos, para dejar claro quién manda (“si quieren hablar de cooperación en Sudán, hablen con mi Ministro, que es al que ustedes quieren procesar”).

P. ¿De qué hablamos cuando decimos que el Gobierno de Sudán ha pretendido y pretende arabizar el país? No es lo mismo arabizar que islamizar.

R. Sudán es el país más grande de África. Y, por consiguiente, se le puede ver con varias perspectivas: es el inicio del África subsahariana, es el inicio (o el final) del Sahel y, por tanto, una de las zonas más recónditas y duras (Darfur) del Sahel… o una de las más propicias para desarrollarse al-Qaeda. Hay nilóticos, árabes, musulmanes, animistas, cristianos… Pero siempre ha estado gobernado por árabes. Por el mismo pequeño grupo árabe, centrado geográficamente en Jartum. La rebelión en Darfur se produce (entre otras razones) por el sentimiento de discriminación en lo político, en la capacidad de decisión, que los darfuríes sienten respecto de Jartum, pero no es algo religioso ya que Darfur es musulmán. Tampoco es una cuestión étnica. Lo étnico no deja de ser una manera de gestionar el poder. Lo que provoca los conflictos es el Black Book, donde se establece con claridad, objetividad, cifras, el coste que para los darfuríes supuso la guerra norte-sur frente a la inexistencia política de Darfur en el Gobierno central. La cuestión del sur es independentista: en Darfur es de mayor cuota en el poder central. Islamización y arabización se trata para mí de grupos minoritarios que luchan por mantenerse en el poder frente a regiones que quieren compartir el poder, participar en la toma de decisiones.

P. Sudán es el país más grande de África y uno de los principales exportadores de petróleo del continente negro, sin embargo los varios conflictos que acontecen entre sus fronteras no son noticia. ¿Por qué?

R. Hasta un cierto nivel de notoriedad no es noticia. Un muerto occidental no es lo mismo que un muerto africano. La fase final del proceso de paz norte-sur, donde EE. UU. y la UE se la jugaban porque habían hecho grandes esfuerzo diplomáticos, coincide exactamente con el inicio de las peores matanzas en Darfur: los occidentales no podían poner el foco en Darfur por miedo a que estallara el proceso de paz. Y Darfur pasa desapercibido en los peores momentos. Luego llega un nivel en que ya no se puede obviar el conflicto y se vuelve a convertir en noticia.

P. ¿Han sido legales las elecciones de abril de 2010?

R. No he seguido a fondo las elecciones. Pero a problemas de subdesarrollo hay que añadir problemas relacionados con el gobierno no democrático de Bashir. Pero: ¿han sido democráticas las últimas elecciones en Afganistán e Irak?

P. El enviado especial de Estados Unidos para Sudán, Scott Gration, viajó el año pasado al país y remitió al Gobierno sudanés a cumplir lo pactado en los acuerdos de paz de 2005. ¿Se están cumpliendo dichos acuerdos?

R. Hubo un gran problema con los Acuerdos de Paz cuando Garang murió. A partir de ese momento el movimiento que lideraba ha tenido dificultades para encontrar una figura tan respetada. Pero no dejan de ser unos acuerdos entre un grupo en armas, que ha arañado poder político, y el Gobierno. Lo que ha marcado el camino a otros grupos similares para recibir su parte del pastel. El éxito del proceso de paz del 2005 es lo que ha movido a otros grupos para conseguir su cuota de poder. Desde el punto de vista militar, los acuerdos (más o menos) se están cumpliendo. Incluso el reparto del poder se cumplió: asientos en la Asamblea Nacional, cuota de poder… También el reparto del petróleo. Aunque los problemas con la frontera siguen ahí. Y no tengo claro que va pasar…

P. Bashir “es un criminal de guerra y Estados Unidos está muy comprometido con verlo comparecer ante la justicia”, aseguró la secretaria de Estado, Hillary Clinton. ¿Cree usted que EEUU realmente va a hacer algo? ¿Se sentará Bashir ante la Corte Penal Internacional?

R. El CPI tiene abiertos cuatro frentes: Republica Democrática de Congo, Uganda, República Centroafricana y Sudán. No hay ninguno más. Hay tres vías por las que se puede abrir proceso en la CPI: el Fiscal de oficio, que un Estado lo solicite o que el Consejo de Seguridad, a través de una resolución del capitulo VII, lo pida. El caso de los tres primeros países fue por solicitud de un Estado. Sudán mediante el capítulo VII. La resolución por la que fue encausado Bashir no tiene desperdicio. EE. UU. no votó a favor de esa resolución. Se abstuvo, porque eso supondría reconocer al CPI y EE. UU antes y ahora (con Obama) está en contra del CPI y de lo que significa. Y no solo se abstuvo, sino que pidió un precio por ello… Sudán no ha sido más que un instrumento para poner minas a la CPI.

P. A principios de marzo de 2010 fueron secuestrados en Darfur varios cooperantes de Médicos Sin Fronteras. Los secuestradores pedían la retirada de la orden de arresto por la CPI de Bashir. Hay quien lo consideró una estrategia del Gobierno…

R. No lo sé. Pero la reciente revisión del Estatuto de Roma en Kampala muestra el enfado de los países africanos. Hay abiertos cuatro procesos y los cuatro contra países africanos. “¿Es una CPI o un tribunal para castigar a los africanos?”: es lo que dicen ellos. Pero algo importante. Hemos hablado de China, de la Unión Europea, de Estados Unidos… pero falta un país clave: Libia. Es fundamental para entender Sudán, Chad… En los festejos de los 40 años de Gadafi en el poder estaba Bashir sentado al lado de representantes de los Gobiernos occidentales. Ninguno se levantó, empezando por Moratinos. ¿Por qué? Porque no sólo se saca petróleo de Sudán: también de Libia. Y es verdad que China nunca pregunta y practica a rajatabla el principio de no intervención, lo que le gusta a los africanos: los occidentales preguntamos, pero poco. Mira el caso de Teodoro Obiang. Por lo que todo hay que relativizarlo. Lo que hagan los chinos con África no lo sabemos, pero sí lo que hemos hecho los occidentales con África, sobre todo en los últimos doscientos años.

P. ¿A la luz de las recientes elecciones, diría usted que Bashir va a permitir que el sur se independice del norte en 2011?

R. No lo sé. No sé si va a haber referéndum siquiera. Quiero verlo. O que ese referéndum siquiera respete los cánones democráticos mínimos. Pero es más: Jartum no se puede permitir vivir si el sur. China no lo puede permitir. China ha empleado por primera vez en la historia post guerra fría el derecho de veto, en apoyo de Sudán, frente a la CPI. Y Rusia también ha vetado. La primera vez tras la guerra fría que dos países diferentes a EE. UU. vetan al CPI. Y otro dato importante: por primera vez China ha mandado barcos fuera del Pacífico: ha mandado barcos de guerra por el tema de la piratería a Somalia (cerca de Sudán)…

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Comments
2 Responses to ““Sudán no ha sido más que un instrumento para poner minas a la Corte Penal Internacional””
  1. Han quedado atrás las esperanzas de que el mundo disponga de organismos judiciales que apliquen real Justicia Universal: En serie se ha ido desmontando el ejercicio de el principio de Jurisdicción Universal que cortes nacionales, mayoritariamente europeas, aplicaban en caso de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, independiente del país en que estos hubieran sido cometidos. Y subsiguientemente las potencias determinaron quitarle la independencia y politizar la Corte Penal Internacional al definir que la persecución al crimen de Agresión Internacional, el principal crimen a que han recurrido las potencias afectando la paz mundial, sea asumido en primera instancia no por esta sino por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Se reafirma que bajo el Nuevo Orden Mundial en construcción se ha retornado a situaciones de vulneración sistemática de los derechos humanos, prevalece la negación del Derecho Internacional, y se vive bajo un Estado de excepción Global orientado a persiguir y castigar implacablemente la rebeld de los pueblos víctimas de la desigualdad, la pobreza, el abuso y la opresión impuestas por los países ricos.

  2. analisisinternacional dice:

    Tenemos que intentar creer en los estamentos supranacionales. Si no, ¿qué nos queda? Aunque está bien criticar constructivamente lo que no nos gusta.

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