Somalia, más allá de la crisis humanitaria. Claves para entender su descenso al infierno

Somalia vuelve a ser una vez más la imagen del hambre y la muerte en África. El milagro que anhelan los somalíes, desde el infierno o en la diáspora, se hace esperar. Mientras tanto, el hambre sigue acechando en la sombra como heraldo implacable de la putrefacción de un sistema experto en sembrar el camino de cadáveres.

Artículo de Sandra Suárez Berlanga

Somalia vuelve a ser una vez más la imagen del hambre y la muerte en África. La sequía que sufre el país es señalada como la culpable de una situación de extrema gravedad que condena a miles de somalíes a arrastrase como despojos en busca de un plato de comida que llevarse a la boca. Sin embargo, las catástrofes naturales no son, ni mucho menos, las únicas culpables de la pobreza endémica en la que se encuentra sumido el Cuerno de África. El hambre, esculpida en los huesudos cuerpos de cientos de miles de seres humanos desplazados y refugiados, desnutridos de justicia, responde al indolente fenómeno de la globalización alimentaria al servicio de los intereses privados.

¿Por qué Somalia? ¿Qué pasa en el país africano? Ante la vorágine de informaciones que nos llegan sobre la #vergonzantehambruna y sobre la complicada situación política somalí, hemos elaborado estas claves que pretenden explicar por qué Somalia está a la cabeza de los parajes más pobres, inhóspitos y aterradores del mundo.

1. Somalia ha visto lastrada su economía desde que en los años 80 el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Muncial (BM) le impusieran medidas de ajuste para pagar su deuda externa. Las medidas de liberalización de la agricultura permitieron que empresas extranjeras se instalasen en el país adueñándose de los campos de cultivo, introduciendo sus propios productos e imponiendo una política de precios con la que los productos autóctonos no pudieron competir. A ello hay que añadir la salvaje especulación llevada a cabo en las Bolsas europeas y norteamericanas, quienes con sus prácticas lucrativas contribuyen a aumentar el precio de los alimentos hasta cotas inasumibles para los consumidores finales. En un mundo de sobreproducción y derroche, donde se produce más de lo que podemos consumir, el hambre es una realidad que se mira en el espejo del capitalismo salvaje, auspiciado por los países ricos. No es la ira de la naturaleza la que atenaza Somalia, sino las prácticas políticas que permiten una distribución desigual de la riqueza.

2. Somalia se ha configurado como el prototipo de Estado fallido dentro del conjunto de la comunidad internacional desde que en enero de 1991 el derrocamiento del dictador Siad Barre desencadenó una cruenta guerra civil en la que ningún actor logró hacerse con el control del país. La escalada de violencia protagonizada por los diferentes grupos de oposición, junto con el desmoronamiento de las instituciones y la ausencia de una autoridad central capaz de ejercer el monopolio legítimo del uso de la fuerza, sumió al país en el caos más absoluto. La formación de un Gobierno Federal Transitorio (GFT) en 2004, que desde un principio demostró su incapacidad para ejercer como tal, debido a su escasa legitimidad y sus divisiones internas, en parte debidas a la adscripción de sus miembros a clanes diferentes, no consiguió sino cerciorar una preocupante realidad: Somalia ha traspasado la línea de Estado fallido para convertirse en un Estado colapsado o descompuesto, un Estado de iure, pero no de facto, donde el caos es el componente más destacado.

3. Tras los atentados del 11-S, la percepción de los Estados fallidos como terrenos propicios para el desarrollo de prácticas terroristas y criminales situó a Somalia bajo sospecha, desviando la atención que antes había suscitado la crisis humanitaria que asuela el país hacia otros aspectos centrados en la seguridad. Los Estados fallidos han pasado de ser un problema humanitario para sus propias poblaciones a constituir una amenaza global para el resto del mundo. Esta concepción pergeñada por los países occidentales mantienen el injusto esquema Norte frente a Sur según el cual el mundo se divide en dos grandes sectores: el de los países ricos y desarrollados y el de la periferia pobre y peligrosa para la estabilidad de Occidente. Hay que recordar que las amenazas no provienen sólo de Sur, sino que el Norte con su venta de armas, su contribución al calentamiento global y su contribución a la permanencia de la pobreza y la desigualdad mediante el mantenimiento de un sistema comercial injusto, también contribuye a causar enormes daños al orden internacional.

4. El papel jugado por la comunidad internacional en Somalia, sobre todo a partir de las intervenciones de los años noventa, ha evidenciado el fracaso de los organismos dedicados al mantenimiento de la paz y a la resolución de conflictos. Tanto la visión de EEUU, basada en la idea de la expedición humanitaria circunscrita a una intervención limitada, corta y de defensa militar de la ayuda; como la lógica de Naciones Unidas que pretende reconstruir Estados colapsados y que implica un mayor compromiso político con el objetivo final de crear protectorados de facto, mostraron su incapacidad para desarrollar con éxito sus planes. La preponderancia del aspecto militar frente a las iniciativas locales pacíficas a favor de la reconstrucción estatal, en las que la sociedad pueda buscar sus propios caminos para solucionar problemas, generó la oposición de una población que ya no los veía como salvadores, sino como fuerzas de imposición que priorizaban la defensa de sus propios soldados antes que la consecución del objetivo humanitario que se suponía era su misión en el país. Somalia enseñó a Occidente que lo humanitario no es un negocio de fácil entrada y salida o de altos réditos políticos a bajo coste.

5. El auge de prácticas criminales en Somalia, auspiciadas por la ausencia de cuerpos que velen por el mantenimiento de la seguridad y el respeto a la ley, han copado el interés de los medios de comunicación de todo el planeta. La intensificación de la piratería en aguas del Índico está siendo objeto de numerosos estudios que analizan el origen, las características y las causas de dicho fenómeno. En la misma línea, la comunidad internacional, encabezada por la UE ha planificado diferentes misiones que buscan reducir, que no eliminar, los ataques a buques en las costas de Somalia y el Golfo de Adén. Sin embargo, tales medidas militares, en su mayor parte, adolecen de falta de un análisis en profundidad que oriente los esfuerzos hacia el verdadero epicentro del problema de la piratería: la caótica situación interna que tolera la proliferación de actividades delictivas sin que éstas encuentren oposición. La raíz de la piratería se encuentra, por tanto, tierra adentro, algo conocido por quienes tratan de combatirla, pero ignorado ante las dificultades que entrañaría planificar y llevar a cabo intervenciones en el país africano, como ya quedó de manifiesto en los años noventa del pasado siglo. Por ello, podemos decir que las medidas adoptadas hasta el momento no son más que parches momentáneos que no acabarán con el problema, sino que solamente tratan de reducirlo ante las posibles consecuencias políticas y económicas que se derivan de la proyección de una imagen de debilidad frente a un grupo de corsarios que gozan de impunidad y del pago de rescates en ocasiones avalados por los gobiernos de los países agraviados, respectivamente.

6. Por otra parte, el miedo a que el país se convierta en feudo del islamismo radical conformando un Somalistán, en referencia a la similitud con la situación afgana, ha propiciado la intervención en Somalia de actores extranjeros, en este caso de tropas etíopes, que financiadas por EE UU trataron de eliminar a los elementos islamistas. Sin embargo, a pesar de la expulsión de los Tribunales Islámicos de Mogadisco, el componente islamista demostró que su capacidad de resistencia escapa a las capacidades de actores externos para intentar extinguir su influencia. En la actualidad, Somalia se ha convertido en un escenario donde las diferentes facciones islamistas nacionales tratan de hacerse con el poder. La capacidad para generar estabilidad demostrada por la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) en 2006 ha posicionado a la población somalí a favor del establecimiento de una autoridad islámica moderada. Sin embargo, en los últimos tres años han proliferado una serie de movimientos radicales cuyas prácticas terroristas, similares a las que desarrolla Al Qaeda, han hecho saltar todas las alarmas de la comunidad internacional y, en especial, de los países vecinos del Cuerno de África. La influencia de la organización salafista Al Shabaab, que controla gran parte del área meridional de Somalia, ha puesto en jaque al GFT y a las fuerzas de la AMISOM que tratan de evitar su derrocamiento. En este sentido, las posibilidades de que se produzca una ruptura del actual equilibrio político son más que factibles, a pesar de la reciente retirada del grupo radical islamista de Mogadisco.

7.  Ante ese difícilmente contenible ascenso del islamismo más radical, el GFT ha optado por la estrategia de firmar acuerdos de cooperación con formaciones islamistas moderadas que combaten sobre el terreno los avances de Al Shabaab y de otras formaciones fundamentalistas que luchan en nombre de la yihad y tratan de internacionalizar el conflicto somalí. Sin embargo, este método para gestionar alianzas políticas podría volverse en contra de los intereses de Somalia de erigirse como un Estado fuerte, desarrollado y respetuoso con los derechos humanos si, finalmente, estos elementos moderados apoyados por su capacidad de generar estabilidad revierten su tendencia equilibrada por otra fundamentalista. La votación en el Parlamento a favor del establecimiento de la sharia encaminada a contentar a los grupos más hostiles y extremistas traerá consecuencias negativas, sobre todo sobre las mujeres cuya precaria situación y sus libertades han empeorado en las ciudades controladas por los radicales. Por otro lado, el recuerdo de experiencias como la de Afganistán, donde la tranquilizadora instalación en el poder de los talibán en 1996, vistos como un elemento de estabilidad tras años de cruenta guerra civil entre las distintas facciones de los muyahidín que vencieron a los soviéticos, no resulta nada halagüeño.

8. Otra de las grandes preocupaciones de la comunidad internacional pasa por la cooperación entre los piratas y los grupos terroristas, de uno u otro signo. Si en un principio los islamistas más radicales se oponen a cualquier tipo de actividad delictiva como premisa fundamental derivada del Corán, otros grupos no tan apegados a las prescripciones coránicas ya han contado con el apoyo de los corsarios somalíes, quienes aprovechan sus incursiones en el mar no sólo para secuestrar buques, sino también para practicar otras actividades delictivas tales como el tráfico de armas. Los piratas han conseguido así burlar el embargo impuesto a Somalia por Naciones Unidas en 1992 y han entregado material bélico a grupos violentos para llevar a cabo sus combates internos. El valor de la situación geoestratégica de Somalia, cuyas costas norteñas del Golfo de Adén permiten a los piratas operar en una zona por la que transitan 30.000 buques cada año y por donde es transportado un alto porcentaje del petróleo del Golfo, suscita un profundo temor ante la posibilidad de que terroristas, en connivencia con piratas, logren secuestrar alguna embarcación cargada con material bioquímico con el que puedan causar enormes daños materiales y personales.

9. El conflicto de Somalia ha pasado de ser un problema regional a una amenaza global. Los esfuerzos de Naciones Unidas por contener los límites desbordados de la crisis humanitaria protagonizada por medio millón de víctimas mortales, un millón y medio de desplazados internos y más de 600.000 refugiados que sobreviven en condiciones ínfimas en campamentos nacionales y extranjeros, y cuyos efectos aumentan cada día ante las complicaciones con que se encuentra el PMA para repartir la ayuda y el retraso con que se entregan las cantidades prometidas en las conferencias de donantes, complican más si cabe la ya de por sí agónica situación. Por otro lado, las necesarias fuerzas de la Unión Africana (UA) desplegadas en el país y que protegen puntos estratégicos como puertos y aeropuertos por donde entra la ayuda humanitaria siguen siendo escasas. A todo esto, se suma el enrevesado panorama político y social cuya seña de identidad es todavía hoy el enfrentamiento armado y los odios atávicos.

¿Existe una solución para Somalia? A los que piensan que el conflicto somalí debe ser resuelto desde dentro y por los protagonistas del mismo, se oponen otros que opinan que nada de esto acabará sin la intervención directa de Naciones Unidas, EE UU y otros agentes externos. Sin embargo, hoy por hoy, ante la acusada inestabilidad que vive el país unida a la falta de elementos motivadores- réditos políticos, petróleo…- nadie se atreverá a poner un pie en el polvorín somalí. La responsabilidad de proteger y la concepción de la seguridad humana le han dado la espalda a Somalia. El milagro que anhelan los somalíes, desde el infierno o en la diáspora, se hace esperar. Mientras tanto, el hambre sigue acechando en la sombra como heraldo implacable de la putrefacción de un sistema experto en sembrar el camino de cadáveres.

Seguir en Twitter: @SomaliaReport, @UNHCRSomalia, @amisomsomalia, @fsnausomalia, @MohamedMascud.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: