“Washington fracasó al no ver el problema que estaba creando”

Presentar a Pilar Requena es complicado, porque uno no sabe cómo resumir su carrera. Corresponsal, reportera, escritora, profesora, investigadora… Nos quedamos con que, actualmente, forma parte del equipo de En portada de Televisión Española y es una de las mayores expertas en Afganistán que tenemos en España.

¿Hay más de periodista o de investigadora en el libro? ¿Crees que los periodistas se quedan en la superficie de los temas que tocan? ¿Por qué?

Creo que hay más de investigadora, porque se me encargó un libro académico, de los que llamamos de referencia, pero creo también que hay momentos en el libro en los que aparece la periodista.

Sí, pienso que en muchos casos, cada vez más y con más frecuencia, los periodistas se quedan en la superficie de los acontecimientos. Las razones son múltiples: desde la inmediatez hasta la falta de preparación, el deseo de imágenes e informaciones-espectáculo, el desarrollo de la comunicación que permite estar localizado en todo momento. Esto impide trabajar con tiempo suficiente para la reflexión y tampoco se da espacio suficiente para el análisis. Eso, sin duda, contribuye a que no se profundice en los acontecimientos.

¿Qué nos puedes contar de tu experiencia con el pueblo afgano? ¿Con qué te quedas?

Me quedo con sus ganas de luchar por un futuro mejor, pero, sobre todo, con su hospitalidad y con el valor de las mujeres afganas para salir adelante y pelear por sus derechos, a pesar de tenerlo todo en contra.

¿Cuáles son los problemas reales de Afganistán? Haces especial hincapié en la educación. También mencionas el tráfico de drogas.

Hago hincapié en la educación porque estoy convencida de que es la mejor y la única manera de conseguir, en cualquier lugar, una sociedad que pueda desarrollarse y mejorar y también es una forma de acabar con los extremismos. Y en Afganistán el nivel de analfabetismo es enorme, especialmente entre las mujeres y en el mundo rural. Pero, como dices, no es el único problema. La lista es tan larga que no habría espacio para desgranar aquí todos los problemas de Afganistán. Desde la educación, la corrupción, el narcotráfico, el mal gobierno, la inseguridad, los errores de la comunidad internacional, la sanidad, la situación de la mujer, las infraestructuras, hasta la pobreza, el lento desarrollo, el desempleo masivo, la desigual asignación de recursos. Y si la situación económica de los afganos no mejora, no habrá paz duradera.

La corrupción es generalizada y la economía de la droga ha adquirido una dimensión enorme. Según Naciones Unidas, en 2010 la mitad de la población había pagado un soborno a un funcionario en el curso del año anterior y la mayoría (59%) consideraba que la corrupción era un problema más grave que el peligro físico. Además, la entrega de dinero a los caudillos rurales es práctica habitual entre los soldados estadounidenses y de la OTAN. Se paga para conseguir información y apoyo.

Durante la presentación del libro dijiste que fuimos a Afganistán con una idea preconcebida, ¿cuál?

Si bien es cierto que cuando los talibanes cayeron, los afganos vieron el cielo abierto con la llegada de las tropas y la comunidad internacionales, no se han cubierto las expectativas, ni se han cumplido las promesas hechas que quizás eran irreales e inalcanzables. Fuimos, lo mismo que a otros lugares, con nuestro modelo, sin tener en cuenta que las costumbres y tradiciones eran y son las que son y son con las que hay que trabajar y no se puede pretender que “nuestro modelo” funcione donde no se dan las condiciones mínimas para ello. El problema es que en la primera conferencia de Bonn de 2001 las bases que se sentaron fueron en gran parte erróneas y las principales causantes, junto con el gran error de la guerra de Irak, de la situación en la que nos encontramos ahora.  Los señores de la guerra, que tanto daño habían causado al país, regresaron al poder. Hoy siguen ahí, en el gobierno y en las instituciones. Ese, sin duda, fue un error de base. Dar el poder a quienes habían destrozado el país y habían cometido graves violaciones de derechos humanos no parece ser la mejor solución.  En el fondo, Estados Unidos pensaba que lo importante era mostrar su poder militar y cuando fuera necesario comprar el apoyo de la población con un colegio o una clínica. La incapacidad  para ganarse el apoyo de la población afgana, sus corazones y sus mentes, es quizás el mayor fracaso de la intervención internacional.

¿Qué se puede hacer para estabilizar el país? La afirmación de la comunidad internacional es que la tarea de pacificación está dando resultado. Pero Afganistán es un país que ha vivido numerosas guerras a lo largo de su extensa historia…

Habría que empezar de nuevo y eso, hoy por hoy, es imposible. Ahora lo que queda es “parchear” para impedir que el barco se hunda y conseguir llevarlo a puerto. Resulta imprescindible mejorar la competencia y la legitimidad de las instituciones nacionales y locales afganas. Hay que hacer frente a la corrupción masiva. La endémica corrupción ha provocado la alienación de la población y ha ayudado a la insurgencia, al tráfico de drogas, a los sobornos a los altos oficiales, a la extorsión a la policía y a los jueces. Hay que comprobar si el número de los miembros del ejército y la policía previstos son suficientes para sustituir a las tropas internacionales. El aumento de los señores de la guerra y sus milicias privadas han alienado a los afganos. Muchos han aterrorizado a la población y están implicados en actividades criminales.Hay que evitar fortalecer a estos señores de la guerra y trabajar para que abandonen el poder y las instituciones. Y es fundamental solucionar el problema del ‘santuario’ en Pakistán.

Son muchos los elementos interdependientes que pueden conducir a un fracaso mayor. No se han cumplido los compromisos y no se puede hablar en estos momentos de un Afganistán pacificado. Muchos países quieren abandonar el barco cuando la tormenta arrecia y retirar sus tropas demasiado pronto, sin tener garantizadas la seguridad y la estabilidad.

Las tropas españolas llevan 10 años en Afganistán, ¿están consiguiendo algo?

La Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo ha destinado más de 130 millones de euros a la cooperación con Afganistán entre los años 2005 y 2010. La agricultura, la salud, el agua, las infraestructuras, el fortalecimiento institucional y los programas de igualdad de género, entre otros, han sido el centro de la ayuda de España.  El grueso de estas aportaciones se ha concentrado en la provincia de Badghis, donde se daba una situación terrible. El analfabetismo era muy elevado, sólo había un hospital público y un centro de pediatría. Un recién nacido moría cada seis partos y uno de cada cuatro niños que sobrevivían al parto moría antes de los cinco años. La esperanza media de vida no superaba los 45 años. No había casi acceso a agua potable. No existía un solo kilómetro de carretera asfaltada, ni sistema de agua ni saneamiento o red eléctrica. España ha trabajado para mejorar esa situación. Ha construido un puente para unir los dos lados de la capital, Qala-i-Nao, y una carretera para unir ésta con Herat. Se ha hecho cargo del hospital y lo ha rehabilitado y acondicionado. También ha llevado a cabo programas de ayuda a la mujer. Se ha dotado de agua potable a 40.000 habitantes. Se han construido escuelas e institutos.Sin duda, su intervención ha mejorado las condiciones de vida de los habitantes de la provincia. En el campo militar, España está en el marco de la ISAF para dar seguridad al país y participa también en la formación y entrenamiento de las Fuerzas Armadas y de la Policía afganas.

Cuando las tropas internacionales abandonen Afganistán, ¿habrá recrudecimiento de la violencia,  guerra civil?

Es más que probable que haya un recrudecimiento de la violencia, si no se ha conseguido la estabilidad y la seguridad necesarias. También dependerá de las fuerzas de seguridad afganas, policías y militares, y del nivel de formación alcanzado hasta entonces. Y habrá que saber si el número previsto es suficiente. Todo esto es muy complicado y creo que imposible de lograr en el tiempo que queda. Además, están las negociaciones con los talibanes. Todos parecen haberse “confabulado” en que éstas son la posibilidad para una “salida digna” de Afganistán. Yo no estoy muy convencida de que sean la solución.

De todas formas, parece que se retirarán las tropas de combate pero quedarán fuerzas de apoyo y para la formación y entrenamiento de las afganas. Pero, si las negociaciones con los talibanes fracasan, es seguro que habrá más violencia, puede que una guerra civil y al final el ascenso al  poder de los talibanes.

Cuando se vayan las tropas de combate en 2014, quedarán tropas de seguridad, ¿cuándo se deberían ir? ¿Estarán a la altura las tropas locales que se están entrenando?

No sé cuándo se deberían ir esas tropas de seguridad. Todo dependerá de las circunstancias. Deberían irse cuando el país realmente esté preparado para ello. Pero también es cierto que cuanto antes tomen los afganos el destino en sus manos, mejor, porque es su país y son ellos los que tienen que manejarlo. Pero si nos vamos demasiado pronto, a lo mejor hay que volver más tarde.

De momento, creo que no. Las tropas afganas no están preparadas para tomar el relevo. Todavía necesitan tiempo y más efectivos.

 ¿Volverían los talibanes? ¿En qué circunstancias? ¿Quiénes son realmente los talibanes?

Sí, es bastante probable que vuelvan. Si hay negociaciones, a través de las mismas, se les abrirá la puerta a la participación política y a formar parte del poder y, a lo mejor, terminan controlándolo de nuevo. Si no hay negociaciones, cuando se vayan las tropas internacionales, es muy probable que consigan hacerse con el poder por la fuerza.

Los talibanes llegaron con el ‘kalashnikov’ en una mano y el Corán en la otra. Su  transformación en un movimiento político y militar se vio favorecida por el callejón sin salida política en el que se encontraba el país, el cansancio de la población y el apoyo de de Pakistán. Se consideraban estudiantes religiosos. La ley que les guía era y es la sharía. Su líder es el mulá Omar. Bajo su régimen, la ley islámica fue interpretada de una forma estricta y fundamentalista. Son wahabistas.

Hoy día, en el movimiento talibán hay miembros de ambos lados de la frontera afgano-pakistaní y combatientes leales a señores de la guerra regionales. Están metidos en el terrorismo local, en el contrabando, en los secuestros y en los combates. Dominan la resistencia. Las víctimas de los abusos de las tropas afganas y extranjeras y de los efectos colaterales empezaron a ser una base importante de reclutamiento. Es muy probable que el principal impulso para los talibanes viniese de la limitada capacidad de los extranjeros para controlar el país y de la impopularidad del gobierno.

Dentro de lo que englobamos bajo insurgencia están también la llamada red Haqqani, que tiene estrechos lazos con Al Qaeda y con el ISI pakistaní y el grupo HizbiIslamiGulbuddin (HIG), al frente delcual está el veterano islamista pastún GulbuddinHekmatyar. Y no hay que olvidar a los señores de la droga, las milicias de algunos señores de la guerra y otros grupúsculos que forman parte de esa vasta insurgencia que trae en jaque a los afganos y a las tropas internacionales.

¿Cuáles han sido los errores de la comunidad internacional? Dejas caer la falta de coordinación entre las tropas de los diferentes países. También hablas de intereses…

En general, la falta de coordinación entre las diferentes organizaciones y organismos internacionales e incluso entre los propios miembros de los mismos o entre los propios europeos. Y hubo también una falta de cohesión entre ISAF y la operación norteamericana ‘Libertad Duradera’. Tampoco se ha conseguido consenso a nivel regional, cuando la solución regional es la única viable a largo plazo. Y, sin duda, hay intereses de todos los países de la zona.

Washington fracasó al no ver el problema que estaba creando. Podía reconstruir Afganistán muy rápidamente y muy barato, pero las buenas promesas no se cumplieron. Fueron dejadas de lado en el proceso de hacerse con el control del país.Los norteamericanos dieron el poder a los islamistas y a los señores de la guerra. Después, organizaron elecciones para ellos y calificaron el resultado de democracia. Y obligaron a la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, formada fundamentalmente por tropas europeas, a quedarse en la capital y no desplegarse por todo el país. Mientras, ellos y los señores de la guerra de su elección campaban a sus anchas en las zonas rurales. Cuando las tropas salieron de Kabul, ya era demasiado tarde.

Los planes de reconstrucción, además, se pusieron en manos de ideólogos del libre mercado. Esto suponía pérdidas, fraude y corrupción y favorecía la privatización de los recursos afganos. Se dio el  poder a líderes tribales corruptos. Rara vez la comunidad internacional había tenido antes un programa de reconstrucción tan ambicioso. Y, sin embargo, años después, Afganistán sigue en el inicio de la reconstrucción.

Cuando Estados Unidos desvió su atención y los recursos a la invasión y guerra de Irak, el futuro de Afganistán quedó sellado.

Es sonada la corrupción que hay en el país, pero se necesitan dos para que uno sea corrupto…

Sin duda. Como para bailar el tango, se necesitan dos para que haya corrupción y achacar a los afganos todo el problema de la corrupción me parece injusto y faltar a la verdad. La comunidad internacional es la que ha aportado el dinero al gobierno afgano en los últimos años y podría haber ejercido un mayor control sobre el mismo. Y  pretender que todos  los contratos y contratas de la comunidad internacional han sido limpios y transparentes me parece una falacia. Creo que todos han contribuido a un aumento de esa corrupción que, en cualquier caso, es endémica en Afganistán y que se debería haber luchado con más decisión contra ella, desde todos los lados y por parte de todos.

¿Cuál es la situación actual de la mujer en el país? Has realizado varios reportajes sobre Afganistán, entre ellos Más allá del burka

Quizás una de las imágenes más visibles del cambio es la de las niñas camino a o de vuelta de la escuela. Más de dos millones y medio van al colegio, aunque todavía son demasiadas las que no lo hacen por la inseguridad, por la oposición de sus padres o porque no hay una escuela cerca. El 60% de las niñas en edad escolar sigue fuera del sistema educativo. La constitución reconoce la igualdad de derechos. La mujer puede estudiar y trabajar, aunque en determinados lugares no pueda hacerlo por los talibanes o por las costumbres. Incluso, les impiden acudir al hospital. El índice de mortalidad materna e infantil en el parto es el segundo peor del mundo.

La violencia de género es endémica. Más allá de las leyes están arraigados hábitos como los matrimonios forzosos, la mayoría cuando las niñas son todavía menores de 16 años, lo que está prohibido por ley. Existe también la práctica de vender niñas como esposas, en general a hombres mayores, o la de entregarlas como pago de deudas, como una herencia o para saldar una venganza. El 87% de las mujeres en Afganistán ha sufrido al menos una vez en su vida algún tipo de violencia física o psicológica. El delito de violación no fue tipificado como tal hasta 2009 pero las autoridades no lo persiguen. Más de la mitad de las mujeres y niñas detenidas están recluidas por ‘crímenes morales’, como cometer adulterio o escaparse de casa. La respuesta de la policía o de los tribunales suele ser hostil.

En realidad, el limitado espacio abierto a las mujeres tras el régimen talibán está bajo una constante amenaza, no sólo de los talibanes, sino también de costumbres arraigadas.

Pero, aún así, han ido ocupando poco a poco el espacio público y alzan su voz. Hay parlamentarias e incluso ha habido candidatas presidenciales y hay profesoras, médicos, maestras, mujeres policías o militares. Esto es una mejora, aunque la situación de las mujeres sea una de las peores del mundo. Y hay una diferencia clara entre las ciudades y el mundo rural, donde los  avances llegan bastante atemperados.

La Constitución afgana reconoce la igualdad entre hombres y mujeres…

Sí, la reconoce. Ahí es donde todos colocan una de las líneas rojas de las posibles negociaciones con los talibanes. Las afganas  no ocultan su temor a que éstas conduzcan a una marcha atrás en lo logrado.

Cuál es el papel de los actores regionales (Paquistán, Irán, etc.).

El papel de los actores regionales es fundamental. La única solución para Afganistán es una solución regional, porque todos los actores de la zona, además de Estados Unidos y Occidente, tienen sus propios intereses en el país asiático, aunque, hoy por hoy, el más importante, por su apoyo a los talibanes, es Pakistán y el santuario que allí encuentran los insurgentes y la central de Al Qaeda. Sin Pakistán, no hay solución. Esa es la realidad, nos guste o no. La política de Islamabad siempre ha girado en torno a negar a India cualquier posible ventaja en Afganistán. Está claro que si Obama fuerza una salida, el ejército pakistaní jugará la carta de los talibanes porque la amenaza india es más importante para Islamabad que sus compromisos con Estados Unidos.Para los estados de Asia Central en los que se mantuvieron en el poder los antiguos cuadros comunistas, la estabilidad política es la premisa más importante y ésta puede peligrar si desde Afganistán se infiltran militantes islamistas. Pero intereses en Afganistán tienen también Irán, India, Rusia, China o los países del Golfo Pérsico.

Entrevista de Iván Sevilla García-Hierro

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