Haïti chérie

Desde hace pocas semanas me encuentro en Haití. Un país con el que he tenido sólo relación laboral los últimos años pero que todavía no había tenido la oportunidad de visitar. Paradojas de la vida. La primera impresión que uno recibe cuando aterriza es que todo está por hacer. Que es muy difícil elegir por dónde empezar. Tal vez por eso es uno de los 23 países que la Agencia Española de Cooperación (AECID) ha mantenido como prioritarios en su Plan Director 2013-2016.

Aterricé en Puerto Príncipe, donde aún se pueden ver muchos de los 385 campos de desplazados que perduran desperdigados por el país y donde malviven más de 320000 personas. Aunque me ubico en Jacmel. Caminado por sus calles se percibe la decadencia de lo que en su día fue una hermosa ciudad colonial, candidata a Patrimonio Mundial de la Unesco, pero duramente maltratada por el terremoto que asoló gran parte del país en enero de 2010. Pese a la basura, amontonada por todas partes, las muchas calles sin asfaltar y el mal estado de las pavimentadas, o los edificios severamente deteriorados Jacmel resulta atractiva. Centenares de motos, la mayoría haciendo las veces de taxis, tap-taps y coches oficiales de decenas de ONG y organismos internacionales transforman lo que desde la lejanía parece un pueblo en una ciudad de pleno derecho: ruido, contaminación y tráfico. Pero la dignidad de sus gentes choca con los datos. Esos datos que hacen que Haití aún permanezca en el Plan Director debido a su grado de desarrollo. Porque si en el Índice de Desarrollo Humano elaborado por el PNUD en 2011 Haití figuraba en el puesto 158 (es decir, en el furgón de cola de los países menos desarrollados), en el informe de 2013 ha descendido tres posiciones. Uno de los indicadores revela que más de la mitad de la población (que supera los 10 millones de personas) se encuentra en una situación de pobreza multidimensional o, lo que es lo mismo, con fuertes privaciones en sanidad, educación y nivel de vida. A lo que hay que añadir similares cifras para aquellos que viven con menos de un euro al día. El PIB haitiano es de 10500 millones de dólares: 23 veces menos de lo que han costado las ayudas a la banca española. Pero lo que a uno lo deja más helado es que un 45% del PIB haitiano es asistencia oficial para el desarrollo y un 23% remesas.

Mirando los datos, que se pueden encontrar en infinidad de informes, noticias y blogs, me cuestiono sobre las causas: preguntando, observando y leyendo por aquí y por allá, la lista que anoto es larga, sin cobrar especial protagonismo ninguna de ellas, pero siendo todas igual de reseñables. La convulsa historia haitiana, resumida certeramente por Eduardo Galeano en diversos artículos, que ha derivado en la debilidad actual de un Estado incapaz de satisfacer las necesidades de su pueblo y en la dificultad para ejecutar cualquier plan de apoyo desde el exterior. Su particularidad medioambiental, que no sólo tiene que ver con la complejidad geológica del territorio, sino que comprende, entre otros, la temporada anual ciclónica, que acaba de comenzar, o la deforestación (la superficie forestal no llega al 4%). Los elevados costes internacionales de los alimentos, ya que el mercado haitiano depende fuertemente de su importación. Las infraestructuras deficientes o inexistentes: comunicaciones, agua potable, energía, hospitales o escuelas. Sin olvidarnos de la corrupción, el desempleo o la violencia de género. Tal vez por eso alrededor de un 10% de haitianos emigra, por ejemplo a Republica Dominicana: para buscar un futuro mejor.

Un 23% de la población no tiene garantizada su seguridad alimentaria: Jacmel es la capital del Departamento del Sudeste, uno de los más azotados por la situación general del país, sobre todo en esta materia. La Coordinadora Nacional haitiana para la Seguridad Alimentaria sitúa a muchas de las comunas del Sudeste entre las más afectadas.  Como voluntario de Alianza por la Solidaridad, el convenio que vengo a estudiar se desarrolla en varias comunas de la región Sudeste de Haití pertenecientes a los distritos de Belle Anse y Bainet: la situación de pobreza se agrava en las zonas rurales. Dicho convenio pretende ofrecer soluciones a diferentes problemáticas identificadas: medio ambiente, sectores productivos (pesca, agricultura, ganadería, transformación de productos agropecuarios) y fortalecimiento de la sociedad civil y autoridades locales. Por fin tengo la oportunidad de comprobar de primera mano lo que hasta ahora sólo había leído en infinidad de informes.

Artículo de Iván Sevilla García-Hierro

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  1. […] escribir sobre la inmigración en España, pero me encuentro en otro país. Las duras condiciones de vida en Haití llevan a que en torno al 10% de la población emigre. […]



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